Laureano Márquez P., es uno de esos ejemplos deliciosos donde se conjugan en el aspecto del humor el lado irónico, agudo y amable que lo convierte en un autor insustituible. Fue el autor de un libro muy difundido hace unos años entre los venezolanos intitulado Se sufre pero se goza y recientemente acaba de dar a luz su última criatura bautizada con el título de El Código Bochinche. El libro, aparte de la historia real y verdadera que enfoca, nos aclara una serie de enigmas sobre los cuales el misterio no había descorrido el velo hasta ahora. Una de las claves que ha sido mal escrita a propósito dice “Defendum compadribus nopo” que en español es “No me defiendas compadre”.
Pues bien, dice el amigo Márquez que en medio de los avatares de sus vivencias como periodista, llegó a conocer a un sacerdote albino cuyo apellido era Pan y recuerda que cuando eran muchachos apenas lo veían venir lo recibían con la siguiente exclamación “Al pan pan y albino vino”.
Hace un par de décadas tropecé con el nombre del extraordinario humorista Otrova Gomas que según me explicaron es una contracción de la frase: Otro vago más”. Este excelente humorista llegó a ser infaltable en mis lecturas de los periódicos mañaneros que leía con el desayuno durante una visita que hice a Caracas. Ahora, la reciente lectura de El Código Bochinche me ha devuelto el sabroso humor de aquellas horas deliciosas.
El sacerdote albino al que hice alusión líneas atrás es el mismo que bajo el disfraz de un monje franciscano de la orden benedictina fundada por el padre Ecrivá, emprende una investigación cuyo objetivo es descifrar los secretos de la coyuntura política del país de origen del autor de El Código Bochinche.
Como no tengo la autorización de los titulares del copyright ni del copyleft trataré de ofrecer mi versión de los hechos narrados. De acuerdo con despacho noticioso recogido en el libro, el mandatario venezolano Hugo Chávez Frías había sido invitado a la boda real entre el príncipe Felipe y doña Letizia Ortiz, pero luego de excusarse por su inasistencia, a última hora cambia de parecer y llega radiante de simpatía a la boda real con una especie de casaca roja y una boina del mismo color, cuyo efecto desabrido fue soportado por los reyes con una gran dosis de discreción. Sin embargo, según el narrador, la situación se tornó un poco tensa cuando don Hugo, que llevaba, además, como regalo de bodas, una iguana disecada que lucía un lazo rojo atado a su cogotito, rompió el protocolo y se la entregó en sus manos a Letizia. Instantes después la Guardia Real, para evitar que el presidente Chávez se acercara a besar a la futura princesa y cuando ya le había indicado que podía sentarse junto a los otros presidentes latinoamericanos, le dijo en voz alta: “¡Leticia, esta noche te dan lo tuyo!”.
En las primeras páginas de este libro, Laureano Márquez, que en realidad es un humorista político, informa de que había remitido su artículo por fax a un compañero de la redacción y explicaba que no le comentaba nada de lo sucedido, porque él sabía que su compañero era agnóstico y panteísta (adoraba el Panteón Nacional).
En cierta ocasión en que el sacerdote albino se encuentra con Márquez y su amigo el profesor Bermúdez, los acusa de cátaros del Protocolo de Sión y los toma prisioneros apuntándoles con una ametralladora. No obstante, Márquez decide escapar aprovechando que el profesor se había enfrascado en una acalorada discusión con el sacerdote sobre la importancia del gerundio en la construcción de la oración y su relación en las preposiciones.
Una de las partes más cautivadoras de este discurso humorístico es esa pieza maestra intitulada Chávez perdóname. Ahí escribe que en lo que se refiere a una propuesta de un señor Nicolás Maduro de resarcir a Chávez con tres años más de gobierno, Márquez manifiesta que él va más allá y solicita una enmienda que debe convertir a Chávez en presidente vitalicio, y una vez que Dios disponga que comparezca ante su presencia (suponiendo, comenta Márquez, que no sea el último de los highlanders), se esperen tres días para elegir al sustituto, por si resucita.
En cuanto al título de la obra, se basa en un incidente histórico de Sebastián Francisco de Miranda, cuando por un malentendido los patriotas, y entre ellos Bolívar, lo toman prisionero para entregárselo a los españoles, y Miranda al ver a sus paisanos tratando de apresarlo, exclamó: ¡ bochinche!.
Son puros bochinches, esta gente no sabe sino inventar bochinches.