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Los precios y el sacrificio
Roberto Ruíz Díaz
Desde los inicios de la propuesta que se había sugerido de eliminar el impuesto a la gasolina, así como el de recortar en parte dicho impuesto, como efectivamente se hizo, se vio como una acción suicida del Gobierno, pues se ha demostrado que el consumidor panameño no sabe comprar y mucho menos sabe amarrarse los pantalones a la hora de las austeridades.
La alternativa, más paternalista que otra cosa, lo que produjo fue que el Estado dejara de percibir sumas importantes de dinero que son necesarias para otras áreas del país que se encuentran golpeadas por el hambre y la miseria y, precisamente es en esas áreas donde no hay ni vehículos que consuman combustible, de allí que si bien se buscó dar un paliativo a un sector de la población, al final tanto el Gobierno como los particulares nos dimos cuenta de que dicha reducción no cumplió ningún objetivo, pues el consumo fue mucho mayor que antes cuando no había sacrificio.
El panameño no ha entendido que las medidas que se adoptan buscan hacerle llegar un beneficio a través de un sacrificio, eso parece ser algo que el panameño está acostumbrado a recibir y por eso lo exige, quiere sacrificios de los gobiernos, pero no saben restringir el consumo y siguen con sus mismas acciones diarias, no utilizan sus vehículos para lo esencial, sin más ni más vemos que igualmente siguen consumiendo y hasta en mayor medida combustible como si nunca hubiese subido su precio.
El Gobierno si bien debe en la medida de lo posible tratar de menguar estos golpes, no puede seguir sacrificando sus pocos ingresos para satisfacer las necesidades de consumidores que no saben tener un control en su consumo y mientras ellos no aprendan, el Estado no puede estar tomando medidas en detrimento del resto de la población que se beneficia de ese impuesto que no pagan los que tienen vehículos y que bien se pueden convertir en obras de interés social. Mientras no haya conciencia el Estado debe abstenerse de sacrificio y debe mantener su posición de concienciar a la población, por las buenas y si no entran en razón, que sea por las malas manteniendo los impuestos de manera que el consumidor sienta el peso del precio y se de cuenta de que no puede seguir abusando del mismo.
Si los consumidores no medimos nuestro consumo, ya está bueno que el Estado se siga sacrificando, aun cuando esto representa un aumento en diversos rubros, pues la tendencia al alza no se va a poder controlar y al final todos perderemos, aprendiendo a ahorrar nos haremos más responsables y así juntos podremos afrontar el problema de los precios del crudo a nivel mundial, pues es claro que no sólo Panamá es la afectada, de allí que debemos buscar negociar con países productores un mejor precio o buscar la alternativas que nos da el gas o el famoso etanol.
El autor es abogado
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