Los nuevos centros de la esfera, de William Ospina, una obra ganadora aunque no hubiera sido premiada como lo fue. Excelentes ensayos desde una perspectiva realista, con un pie en la ficción, un toque de magia y un brindis por la belleza. Su lectura es un verdadero placer. Los ensayos, con frases profundas y hermosas, conforman un todo sin desperdicio.
Se tratan algunos de los puntos más conflictivos de nuestra época: globalización, política, desigualdad. Por eso, habla de nosotros, los americanos: indios, blancos, negros, mestizos. Si “En el fondo de nuestro ser mezclado y múltiple nos resulta ciertamente más fácil descubrir esa esencia que es común a todas las razas y a todas las culturas”. Pero sobre todo, porque ha llegado el momento en que “el mestizaje, que era nuestra gran dificultad, es también nuestra gran oportunidad en el escenario de la cultura contemporánea”. Qué bien dicho, señor Ospina, en la transparencia precisa de sus palabras están nuestras razones, pecados, esperanzas, miedos y derechos. En uno de los ensayos más lúcidos que he leído sobre el tema: La nueva cara del planeta latino nos dice por qué a pesar de enormes diferencias somos percibidos como un solo pueblo, y por qué debemos sentirnos honrados por “el nombre de una de las más ilustres tradiciones culturales del planeta, ser llamados, genéricamente, latinos”. Nos conmueve con cada uno de los motivos.
Recibimos como una buena nueva que el latín no ha muerto, que se fragmentó, se mimetizó y pervive en nuestros labios. También, por qué fue mejor que no vinieran grandes sabios y grandes escritores al nacimiento de América. Y qué símbolo vital fue Darío para España. Y acerca de la gran inmigración latinoamericana a los mundos actuales de mayor desarrollo económico, se argumenta con dignidad sobre nuestro derecho a que nos reciban hoy, no sólo por lo que fue América para esos mundos mientras crecían, ni siquiera porque ahora es ella la que los necesita, sino, simplemente, por todo lo que tiene que ofrecerles.
Aunque todos son muy buenos, destacan dos ensayos: Reflexiones sobre periodismo y estética, que sugiero como lectura imprescindible para todo periodista. Y el que prefiero: La revolución de la alegría. Sólo por éste, sentido, sugerente e innovador, valió la pena la lectura del libro. Conmino a todos los maestros a que lo lean. Las razones son a favor de la cultura, las mismas que motivaron a quien eligió enseñar como razón de vida. Y el porqué, permanece vigente en el derecho de todo ser humano a aprender como corresponde a su naturaleza lúdica y espontánea.
William OspinaEl autor de Los nuevos centros de la esfera, dijo, en ocasión de ganar por esta obra el premio de ensayo de Casa de las Américas 2003, que en su país “lo más saludable es la literatura”. Nacido en Padua, Tolima, en Colombia. Estudió Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad de Santiago de Cali y allí ejerció también como publicista y periodista. Vivió en Europa desde 1979 a 1982. Actualmente dicta seminarios y clases en las universidades del Valle, Los Andes y la Nacional de Colombia. Varios libros recogen algunos de sus brillantes ensayos, además de los que ilustran esta página, recordamos: Aurelio Arturo, 1991; Es tarde para el hombre, 1994; Esos extraños prófugos de Occidente, 1994; Los dones y los méritos, 1995; América Mestiza, el país del futuro en el 2000, entre otros. Y de sus poemarios: Hilo de arena, 1986; El país del viento, 1992; La luna del dragón, 1993; ¿Con quién habla Virginia Woolf caminando hacia el agua?, 1995.
Temas candentes bellamente expresados
Desorden, quizás, pero...La herida en la piel de la diosaEs un hallazgo y me gustaría tender banderas de flores al viento y contar con su heráldica sinfonía de color y aroma, no sólo para anunciarlo a todos los oídos, sino para depositarlo con mucho cuidado en todos los corazones. Este libro, desordenado en asuntos, posee un orden vital que lo valora: la verdad bellamente contada en temas como: Lo que tomamos de Francia (sobre la lengua); De cómo fue secuestrado el inca Atahualpa (la burla atroz); La poesía en Cien años de soledad (para los que amamos a Gabo), y otros...
En la mezcla está el valor
Un álgebra embrujada¡Qué libro! Hay que venir de vuelta de la literatura para decir lo que se halla de valioso en la obra de autores tan disímiles y quedar bien. Los motivos para admirar a Quevedo, obvios en el oro de su obra. Y a Neruda, con su poesía hecha nada más de vida. Y a Borges, Ospina lo ama, cómo no amarlo, es Borges el dueño de todas las bibliotecas. A quien le sea vital la sabia de la literatura, a quien le lata el corazón de poesía, de sueños y de palabras, debe leer este libro. Aunque advierto, no bastará; hay que seguirlo, entenderlo, aprenderlo y aprehenderlo.
Desnudez y verdad
¿Dónde está la franja amarilla?La verdad sobre sí mismos. Una interpretación de males, carencias y debilidades que agobian a Colombia. Según el autor, colombiano de amor y dolor, la simulación es la actitud más corrosiva de la identidad de sus compatriotas. Y en la desigual distribución de la riqueza los orígenes del mal que acaba con su tierra y que se esparce como un virus letal por toda nuestra América. Vale la pena leer este libro; quizá no es una novedad, pero sí un aldabonazo más a nuestra conciencia.
lenguaje, risa y placer
La decadencia de los dragones¿No es acaso vital la risa? ¿No lo es el lenguaje en todas sus manifestaciones? En uno de los ensayos de este libro se nos dice que: “El arte de Borges no está solamente en la invención de una fábula mágica, está en la sabiduría con que logra comprometer al lector en la magia misma del relato”. Aunque eso no sea novedad, la frase es verdadera y sus cascabeles nos honran por el privilegio de conocer a Borges. ¿No es suficiente motivo para leerlo la posibilidad de más frases acuciantes? Este ensayo es uno de los mejores que he leído sobre el placer de la lectura.