Quedé muy impresionada cuando escuché, en una función en que Microsoft donaba equipo y software para discapacitados —proyecto que la Primera Dama de la República lleva en el corazón— decir a uno de los expositores que “la discapacitación está a la vuelta de la esquina”. Como Chris Reeve, Q.E.P.D., quedó cuadrapléjico por un mal salto equino. Como todos nos jugamos la vida cada vez que cruzamos la Vía España a pie, como todos los niñitos que pisan minas, los ancianos que pisan mal, los prepotentes reducidos a la impotencia por un capricho del sino. También tomé nota de que doña Vivian hablaba de “no videntes”, al referirse a lo que antiguamente conocíamos como “invidentes”, o simplemente, “ciegos”.
Consulté a Ana V. Sánchez Urrutia, doctora en derecho y miembro del Observatorio de Bioética y Derecho de la Universidad de Barcelona, y me explicó la diferencia entre “una incapacitación (que tiene que ver con la existencia de un incapaz) y una discapacidad que supone una desventaja física o psíquica de una persona”.
Explica Sánchez que “Incapacitación: Es una figura tradicional del derecho civil […] Se inicia un proceso civil de incapacitación cuando la persona tiene un trastorno que le impide tomar correctamente sus decisiones (normalmente una discapacidad psíquica). Lo que se hace en estos casos es que un juez evalúa los informes médicos presentados y determina la incapacidad de la persona y le nombra un tutor para que tome las decisiones en su lugar. Caso clásico el joven con síndrome de Down cuando llega a la mayoría de edad.
Una persona puede ser temporalmente incapaz, lo que no supone que tiene que llegar a la incapacidad civil y nombramiento de tutor. En el ámbito laboral también, sobre todo en Panamá, se habla de incapacidad cuando la persona no puede realizar su trabajo por motivos médicos. Por ejemplo, tienes una gripe y el médico te da cinco días de incapacidad para no ir al trabajo. Hay incapacidades laborales permanentes (que generalmente generan derecho a pensión) cuando se determina que por motivos físicos la persona ya no es apta para trabajar en lo que ha hecho siempre. Por ejemplo, un estibador de un puerto que tiene una hernia discal no tratable.
Luego está la discapacitación. Dice Sánchez: “Desde un punto de vista social, la discapacidad es una condición social que supone que la persona no tiene las mismas habilidades que la mayoría de la población para desenvolverse en sociedad. Las discapacidades pueden ser físicas (las personas en sillas de rueda) sensoriales (ciegos) psíquicas (enfermedades psiquiátricas, retrasos mentales etc.). Los últimos años ha habido una lucha por encontrar la palabra políticamente correcta para definir a este grupo de personas. Antes se llamaban inválidos, luego se usaba la palabra minusválido, ahora se utiliza más la palabra discapacidad. Por ejemplo, ahora no es políticamente correcto decir que alguien es discapacitado, se tiene que decir “persona con discapacidad”. He oído que ahora se aboga por hablar de “personas con capacidades diferentes”. En muchos casos las personas con discapacidad son trabajadores útiles, pero los prejuicios tradicionales los alejan del mercado de trabajo. Por ello, lo que se intenta es fomentar medidas de acción positiva para incorporar a las personas con discapacidad en el mercado laboral y la eliminación de barreras de acceso”. Como la construcción de rampas o la instalación de ascensores que me permitieron trepar mi equipaje a la plataforma del tren bala en Nagoya. O los robots-exoesqueléticos que tenían los japoneses en Expo Aichi para los viejitos o trabajadores que tienen que cargar objetos pesados.
Me trajo a la mente que nuestra sociedad está atrasadísima en materia de discapacidad, pero está a la orden del día en materia de incapacidad. Es más, he llegado a pensar que, para ejercer algunos cargos públicos, es obligatorio ser incapaz, o, por lo menos, inepto. Y estuve a punto de sugerir que en las negociaciones del TLC con EU, se incluya un rubro de incapaces con un sub-rubro de ineptos, ya que aquí parecen crecer silvestres y es una acepción en que se cumple al dedillo el eslogan del MIDA: “Con orgullo consume lo tuyo”. Pero después del S-11, Irak, y ahora “Katrina”, me percato de que EU no solamente tiene sobreproducción de incapaces e ineptos sino que, al igual que sucede con muchos rubros agrícolas, los subsidia activamente. Y lo peor del caso es que, en jerga legal, a lo que nosotros llamamos “caso fortuito”, en inglés se le llama Act of God, terminología con que se designa a los tsunamis, huracanes, terremotos y diluvios, y el mismo dólar tiene un lemita, justo encima del ojo “de Dios”, que dice In God we Trust. Qué maravilla, achacarle a Dios la culpa de algo que el hombre pudo evitar o por lo menos, mitigar, simplemente reforzando los diques, de cuyas dolencias se sabía ya. Porque queda claro que todos los ultraconservadores aquellos no adoran a Dios, sino al dólar. Esa es la verdadera deidad cuyo ungido reposa en un despacho oval.
En http://www.un.org/esa/socdev/enable/dissres0.htm se encuentran las Normas Uniformes sobre la igualdad de oportunidades para las personas con discapacidad, (Naciones Unidas, programa Enable).