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Panamá, martes 6 de septiembre de 2005
 

TESTIMONIOS.Los sobrerradiados del Instituto Oncológico.

SECUELAS DE UN ACCIDENTE
La vida después de una tragedia

Solo quedan cinco sobrevivientes; cuatro de ellos cuentan su historia de lucha por la vida.

Las autoridades se rehúsan a hablar del episodio, el más trágico de la historia médica panameña.

LA PRENSA/Jihan Rodríguez
ESPERANZA. El sufrimiento no le ha quitado a Nicolás Girón la ilusión de vivir, su lucha es contra la muerte.559437
Eliana Morales Gil
emorales@prensa.com

No es tristeza, tampoco esdesesperanza, no es melancolía y mucho menos resignación, los ojos de Nicolás Girón dicen otra cosa, hablan por sí mismos y piden más vida.

A sus 74 años ve pasar sus días en su calurosa y pequeña casa en Puerto Caimito, lleva ya varios años luchando contra la invasión silenciosa de un cáncer de próstata y también por las consecuencias que le trajo la sobredosis de radiación que por error le fue aplicada en el Instituto Oncológico Nacional (ION).

Desde ese momento, su vida tomó un giro radical, vive para su enfermedad y por su enfermedad, ya nada queda de los días en que bailaba típico con Julia Osorio, su mujer; todo eso fue sustituido por medicinas, tratamientos, visitas al médico y mucho, mucho dolor.

El 29 de julio pasado le hicieron la última intervención quirúrgica, le practicaron una colostomía, pues según Julia, el exceso de rayos de cobalto le produjo una lesión traumática en el colon.

"Desde que le aplicaron las radiaciones, Nicolás no deja de sangrar" y "a veces ni puede caminar porque las piernas y la cintura se le hinchan", dice Julia, una mujer vivaz, que ha sido el bastón de Nicolás durante los últimos años.

Pese a todas las adversidades que el hombre ha tenido que afrontar por su postración, no hay rencor ni resentimientos ni deseos de venganza.

Julia dice que el ION les ha prestado especial atención, le pasan un sueldo mensual de 200 dólares, le pagan los viáticos cuando debe acudir a las citas médicas, le proporcionan las medicinas correspondientes y le dan una caja de pañales desechables cada mes.

"Él es como un rey en el hospital, las enfermeras lo consienten y los médicos le dan prioridad", afirma.

Sin duda alguna, Nicolás ya se acostumbró a su condición, solo admite que le gustaría prolongar su vida, para ello lucha.

LA CRUZ DE CECILIA

Cecilia Cruz no es tan optimista como Nicolás, ella también fue víctima de sobrerradiación en el Instituto Oncológico, en el año 2000.

Recibió 25 radiaciones para combatir un cáncer de cuello uterino. Posteriormente, por los síntomas que presentó, los médicos le comunicaron que había sido una de las 28 personas sobrerradiadas.

Desde ese momento padece profundos dolores en el estómago y molestias en los intestinos.

"El intestino le quedó como un papel periódico quemado, negrito, le quedó", dice su esposo César Vergara.

Para esta familia las cosas tomaron otro tinte, debido a que Cecilia no manifiesta mejoría, y desde hace más de cuatro años todo gira en torno a ella.

César tuvo que vender dos terrenos que tenía en el interior y dejar su trabajo para dedicarse a su mujer.

Afirma que el dinero, producto del contrato [la indemnización de 200 dólares que se le prometió a todos los accidentados], les llega atrasado y la atención que reciben por parte de su médico de cabecera en la misma institución no es la mejor.

Aparte de esto, Cecilia está padeciendo de un desgaste en la columna, sus hijas afirman que visitaron a un especialista en una clínica privada, y éste no descartó el hecho de que todo fuera producto de la sobrerradiación.

Ahora están buscando la posibilidad de que se les apruebe una resonancia magnética nuclear que les daría un diagnóstico más contundente de los síntomas.

Frágil y pálida, Cecilia aún no se acostumbra al hecho de depender de otros, se le nota en su voz apagada, en sus gestos autómatas y en la poca esperanza con que asume su enfermedad.

UN TEMA ESPINOSO

Después de cinco años, el tema sobrerradiación sigue siendo difícil de afrontar dentro y fuera del ION. Por un lado, las autoridades médicas de la institución son reacias a hablar sobre el asunto porque, según ellos, el solo recuerdo suscita temores a los más de 50 mil pacientes que usan los servicios médicos que brinda la entidad.

Mientras que los familiares de los cinco sobrevivientes (Nicolás Girón, Cecilia Cruz, José Ángel Terrientes, Juana Salvaterra y Sara Grant), lidian con la tragedia que dejó uno de los capítulos más lamentables de la medicina panameña.

El accidente ocurrido en el hospital es el único en el mundo según la Agencia Internacional de Energía Atómica porque hubo niveles de radiación que oscilan entre el 50% y 100% sobre la dosis prescrita y todas las exposiciones se llevaron a cabo en el área de la pelvis.

El defensor del Pueblo, Juan Antonio Tejada, le solicitó en días pasados al ministro de Salud, Camilo Alleyne, que vuelva a evaluar la situación de las víctimas a raíz de la petición que hizo una hija de Cecilia Cruz, en la cual le expresa al funcionario las dificultades que afrontan por la enfermedad de su madre y la poca colaboración que han recibido por parte de los organismos responsables del caso.

Casi a la par, el ministro de Salud anunció que una comisión de alto nivel, que encabezará el director del Instituto, Roberto Iván López, investigará el caso de los 28 pacientes. Pero López, no quiso hablar del hecho. "Para qué revivir un episodio que pasó hace varios años", dijo.

Promesas incumplidas

Los familiares de las víctimas se han quedado esperando el cumplimiento de varias de las promesas que les hizo el anterior gobierno.

Massiel Vergara, hija de Cruz, dice que aún espera que se cumpla la promesa de adecuación de una clínica especial para los pacientes que fueron sobrerradiados. Hasta el momento, no han visto nada, tampoco han logrado reunirse con el ministro Alleyne, al cual desean exponerle personalmente las inquietudes que tienen con respecto al caso. "Ellos tiene una deuda moral con nosotros que no ha sido saldada", anotó.

En ese entonces, los sobrerradiados le pidieron al ministro Fernando Gracia que les dejara una constancia por escrito de las garantías que supuestamente les darían. "Nos dijo que no, que contáramos con su palabra", agrega Massiel.

"No te puedo negar que ellos nos han brindado ciertos servicios, pero no como nosotros esperábamos desde el principio", dijo.

Ella ha sido una de las que ha peleado por sangre o para que su madre pueda tener una habitación propia . "A veces, nos metían en unos cuartitos del Oncológico arrinconados", puntualizó.

CUESTIÓN DE DINERO

FINANZAS: El ION opera con un presupuesto anual de 22 millones de dólares.

.EMPLEADOS: Unas 600 personas laboran en el hospital, entre ellos técnicos, médicos y personal administrativo.

.CONSULTAS: Más de 57 mil pacientes fueron atendidos en el 2004.

.SERVICIO: La mayoría, (el 70%) de los enfermos proceden de la Caja de Seguro Social. También recibe pacientes que no tienen ningún tipo de seguro médico.

En el Ministerio de Salud poco se habla del tema, más allá del comunicado que recientemente salió a la luz pública y que hablaba de la realización de una investigación, se les intentó contactar en varias oportunidades y no fue posible.

Ayer, una vocera del ministerio dijo que Alleyne no estaba preparado para hablar del asunto, y que lo haría cuando tuviera más elementos.

FALTAN PROFESIONALES

Otra de las complejidades que ha rodeado este tema es la falta de personal calificado para manipular las máquinas. Fernando Cebamanos, director de Servicios Médicos Oncológicos del ION, dijo a este diario a comienzos de agosto, que una vez sucedido el hecho, el Estado tenía que becar a una serie de jóvenes para que se formaran en la materia, y otras ramas de la oncología, porque "no nos damos abasto y no hay relevos".

Actualmente, los profesionales implicados en el accidente aún laboran en el centro médico, el caso está en apelación y se esperan los resultados.

El Instituto Oncológico Nacional es el único centro médico público que le brinda asistencia a los pacientes con cáncer en Panamá y es uno de los más importantes en Centroamérica.

EL DRAMA DE DOS FAMILIAS

JOSÉ A. TERRIENTES
Sobrerradiado

Ahora vive viajando entre Panamá y Las Tablas.

Las secuelas de un cáncer en la próstata lo obligan a desplazarse cuatro veces al mes a la capital para continuar con el tratamiento contra la enfermedad.

Él fue uno de los sobrerradiados mientras recibía un tratamiento, en el 2001, para combatir el cáncer.

Como la mayoría de las víctimas, el colon fue la parte de su organismo que más se afectó.

"Yo no me he muerto porque solo recibí la mitad del tratamiento que me fue asignado", dijo.

Las molestias causadas por la radiación hicieron que José Ángel se negara a continuar.

Todavía los sangrados, el dolor y las constantes visitas al baño, roban la atención de él y de sus familiares, en especial de su hija Petra, la persona que le ha cuidado en las etapas más críticas de de su tragedia.

José Ángel, que ahora tiene 85 años, está resignado a esperar su ocaso.

"Ya este es mi fin, ya no oigo, ni veo bien, no puedo andar solo y hasta para ir al baño me tienen que acompañar", dice resignado.

Petra expresa que está haciendo todo lo posible porque su papá también reciba la contribución económica que los otros pacientes han obtenido, igualmente quiere que se le reconozca un dinero para el transporte desde Las Tablas hasta Panamá.


JUANA SALVATERRA
Sobrerradiada

Tiene 68 años y vive en Río Congo, distrito de La Chorrera. Ella también es una de las cinco pacientes que aún sobreviven a la sobredosis de radiación de aquel fatídico accidente.

Su vida no es distinta a la de Nicolás Girón, Cecilia Cruz, José Ángel Terrientes y Sara Grant. Postrada en una cama depende de su familia hasta para sus necesidades más elementales.

Llegó al Instituto Oncológico a recibir radiaciones para acabar con un cáncer de útero (endometrial), le fueron formuladas 25 sesiones y las tomó todas.

A partir de ese momento los sangrados y la obstrucción en las vías urinarias han marcado su vejez. En el 2002 se sometió a una colostomía que alivió en parte su mal, pero los avances no han sido significativos.

Los oficios caseros que la mantenían activa, ahora fueron remplazados por la estricta rutina que le exige su enfermedad, ya que periódicamente tiene que asistir a los controles con especialistas en su caso.

De la respuesta por parte de los organismos médicos no tiene queja, pero argumenta que le gustaría que los pagos fuesen más puntuales.

"Hasta el momento nos han tratado bien, nos hacen un aporte mensual de 200 dólares, nos dan las medicinas, una caja de pañales y nos pagan los pasajes", anota una de las hijas de Juana.

"La plata nos llega tarde, pero nos llega", agrega, con un dejo de resignación.


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