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Panamá, lunes 5 de septiembre de 2005
 

HURACÁN.

¿Dónde está la ayuda por ‘Katrina’?

Christiane Oelrich

El primer sentimiento fue de un espanto puro y duro, luego una muda desesperación, y ahora se ha desatado una ira desenfrenada: ¿cómo es posible que el país más rico del planeta, que a juicio de muchos ejerce como policía del mundo, deje tanto tiempo abandonados a decenas de miles de compatriotas? Esta es la pregunta que se hacen cada vez más estadounidenses en vista del caos y la anarquía reinantes en la gigantesca zona catastrófica en el sureste del país. "Una vergüenza nacional", afirmó indignado el coordinador de desastres de Nueva Orleans, Terry Ebbert. El alcalde de esta ciudad, Ray Nagin, incluso perdió los nervios en la radio. "Han muerto miles de personas y cada día mueren otras miles, ¿y no somos capaces de organizar la ayuda? ¡Alguien debe sentarse de una maldita vez en un avión, venir hasta aquí y resolver estas cuestiones en el acto!", exigió. En la picota están el Ejército, las organizaciones de ayuda estatales, los políticos y, sobre todo, la Agencia Federal de Gestión de Emergencias (FEMA) . Su director, Michael Brown, se pone cada vez más a la defensiva. "Cuando veo las imágenes se me rompe el corazón", aseguró. Pero nadie contaba con la magnitud del desastre. "Teniendo en cuenta las circunstancias, todo va incluso bastante bien", aseguró.

La gente que en Mississippi se ve ante las ruinas de su destruida existencia, revienta de ira ante este tipo de declaraciones: "Las autoridades se felicitan unas a otras por su buen trabajo y la gente aquí sufre sola", se indigna un hombre ante las cámaras de televisión. El Ejército de Salvación, que reparte comida en Biloxi, está acostumbrado a ser el primero en llegar a zonas de desastre, asegura el director de la operación August Pillsbury. Generalmente les suelen seguir los equipos estatales, pero en esta ocasión aún no ha pasado nada.

Desde el hotel Ritz Carlton de Nueva Orleans, la turista Phyllis Petrif pide ayuda en una llamada a la redacción de la CNN. "No sé si tienen siquiera claro que estamos aquí", dice. "Solo nos quedan pequeñas raciones de comida". Y desde una cabina telefónica del Centro de Convenciones de Nueva Orleans, la diputada española Lourdes Muñoz Santamaría trató de organizar ayuda de España. Cada uno depende de sí mismo, explicó. "La policía pasa de largo, nadie asume la organización". En el hospital Charity los médicos están al borde de un ataque de nervios. "No hay electricidad, ni agua ni alimentos y apenas quedan posibilidades de mantener con vida a los pacientes. Pero la ayuda sigue sin llegar". "¡Hagan algo! Se nos está muriendo la gente!", apelaron a los medios. Tampoco el jefe de la fuerza militar encargada de coordinar ayuda, Russell Honore, logra calmar los ánimos. Los reporteros que desde hace días informan de la desoladora situación de los afectados son cada vez más hostiles. Si los cámaras y los fotógrafos llegan hasta la gente totalmente agotada, ¿por qué no lo logran los equipos de rescate? La magnitud del desastre crece cada día, algo con lo que nadie podía contar, afirma Honore. El sistema de comunicación está totalmente destruido, las calles y aeropuertos bloqueados con montañas de desechos.

Pero las autoridades no han logrado comprensión con estos argumentos. Los críticos afirman que hace años que están en los cajones de las autoridades planes para escenarios de horror como una ruptura de diques en Nueva Orleans. Nadie se preparó para esta eventualidad. Y siempre se repite la pregunta: "¿Quizás es que hay demasiados guardias nacionales, que suelen ser los primeros en llegar, en Irak?". "Tenemos todos los recursos militares que necesitamos", asegura Brown, casi en tono rudo

DPA

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