| REALIDAD.
Economía y progresismo
Danilo Arbilla
Lo que tiene de insoportable la economía para los gobernantes es que dos más dos son cuatro. Se sea de derecha o de izquierda, es así. No basta con autoproclamarse "progresista" para modificar esa igualdad.
La realidad siempre llama a la puerta y golpea en donde más duele.
Chilenos, brasileños y argentinos lo han entendido bien. Con algunos matices, pero sin apartarse de la ortodoxia.
Los sucesivos gobiernos de Chile, a partir de Pinochet, han sido muy cuidadosos en cuanto a encarar revisiones y mucho menos revoluciones, en el manejo de la economía . Esa prudencia y realismo explican su éxito.
Lula podrá ser muy izquierdista en sus discursos y algo distraído en el "control" interno de su gente y su partido pero su mejor nota es en economía. Ha respaldado siempre a su ministro de Hacienda Antonio Palocci.
Este ha actuado con autoridad y autonomía conduciendo la economía brasileña por caminos bastante distintos a los delineados en los programas del Partido de los Trabajadores (PT). Y a Brasil, en ese plano, le ha ido bien.
El presidente argentino tampoco mastica piedras. Kirchner no soporta la más mínima sombra o discrepancia. Arremete, insulta y descalifica al que se atreva. Y así es con todos, ya sean de sus filas o de enfrente, aunque hay una excepción y es con el ministro de Economía Roberto Lavagna. Y eso que éste es el que realmente le hace sombra. Pero Kirchner se cuida y sabe que lo único cierto y bueno que tiene para exhibir es la reactivación económica.
En Cuba, en cambio, si Fidel lo dice, dos más dos son cinco y al que disiente se le encierra. La realidad es neutralizada por los subsidios: primero el soviético y ahora el venezolano. Hubo un pequeño interregno que fue devastador para los cubanos, pero la aparición del "heredero" Chávez fue salvadora; por lo menos para asegurarle un bel morire al líder.
En Venezuela todo es diferente y la revolución bolivariana "victoriosamente va". El precio del petróleo altera cualquier resultado y permite financiar, con plata de los venezolanos, lo que sea. El problema va a ser a la hora, que para todos llega, de desatar ese paquete.
En Uruguay, el novel integrante del "arco progresista" latinoamericano, también la realidad hizo una "llamadita". A sólo seis meses de haber asumido, el gobierno del presidente Tábare Vázquez tuvo su primera crisis.
La cuestión presupuestal -un tema de números- fue la causa. El mandatario, que hasta ahora había dado todo su respaldo al ministro de Economía Danilo Astori, pese a las críticas de integrantes de su propia coalición de gobierno - algo parecido a lo de Lula, Palocci y el PT- sorpresivamente lo desautorizó ante todos los demás ministros. Le objetó el proyecto presupuestal y le ordenó corregirlo. Astori presentó renuncia.
Fueron horas difíciles: el manejo de la economía era la mejor carta de presentación del gobierno de Vázquez. Para los de afuera -mercados financieros, inversores y FMI - y para los de adentro: por primera vez en muchas décadas la mayoría de los uruguayos está de acuerdo con la línea económica y es optimista respecto al futuro.
La política económica de este primer gobierno de izquierdas es muy similar a las de anteriores gobiernos, pero lo que pesa en el público es la esperanza por el cambio y el carisma de Vázquez. La popularidad de éste supera largamente a la que haya tenido cualquier otro presidente en su primer semestre de ejercicio.
También es un hecho que no ha habido otro ministro de Economía con la popularidad que exhibe Astori. La de éste, incluso, va creciendo, mientras la de Vázquez se ha frenado.
Para algunos analistas, que dan importancia a estas "cosas menores", esa "competencia" fue aprovechada por algunos expertos del gobierno que no quieren a Astori y alentaron a Vázquez a " bajarle el copete" al ministro.
El tema se superó en un día: Astori queda, el presupuesto se aceptó como él lo diseñó, pero no se puede decir que aquí no ha pasado nada. La relación entre el Presidente y el ministro, que había sido armónica y respetuosa, aunque no entrañable, ya no será la misma. Puede volver a ser lo que era, pero quedó la duda de si el Presidente, un reconocido médico oncólogo, no reincidirá en sus incursiones en temas económicos y de números, sobre todo, peligrosamente empujado por alguna gente de su gobierno tan apegada a sus ideas que se resiste a aceptar que dos más dos son cuatro.
El autor es director del diario Búsqueda de Uruguay
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