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Venezuela, análisis del reto actual
Oswaldo Álvarez Paz
Caracas fue sede del "Diálogo Ministerial sobre la Carta Social de las Américas", convocado por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y al cual asistieron el secretario general de la Organización de Estados Americanos y los embajadores permanentes o alternos que la integran. El evento pudo haber sido útil y necesario, si no hubiera estado matizado por la hipocresía de algunos gobiernos del área y, en particular, del régimen venezolano. El mismo día de la instalación leímos declaraciones del embajador Valero, representante por Venezuela, afirmando que ésta es la respuesta al modelo económico neoliberal impuesto por Estados Unidos, responsable del empobrecimiento continental. Concluyó negando el carácter representativo que debe tener toda democracia para convertirse en "participativa" y, entre muchas otras frases huecas, sentenció que "no puede haber democracia si no hay justicia social".
Pues bien, a este país le llegó el momento de analizarse.
También al resto de Latinoamérica. Más allá de las declaraciones que se hacen periódicamente en la OEA, club de los gobiernos del área, no de las oposiciones que estos puedan tener, nuestras naciones son un monumento a la desidia, a la inmoralidad, a la corrupción, a la demagogia, a la incompetencia, al crimen, al disimulo, a la mentira y al desapego al orden jurídico y social indispensables para garantizar una vida medianamente civilizada, con la excepción de Chile y, en menor grado, otras aisladas realidades. La responsabilidad es de quienes ejercen-- y han ejercido-- funciones rectoras en el Estado y la sociedad. Un profundo problema cultural afecta a casi todos nuestros países por igual. Retrocedemos cuando el mundo avanza a velocidades vertiginosas.
Venezuela es el mejor ejemplo de esta cruel realidad. Triste, empobrecida, confrontada consigo misma, inculta y pordiosera como entidad sociológica, tiene que soportar un Estado, que debería ser su representación jurídica y política, pero que emborrachado de recursos energéticos es incapaz de resolver problema alguno, antes bien, se ha convertido en el mayor y más serio de los problemas que el ciudadano común debe resolver. Un Estado manejado por gente que delinque impunemente, que tolera el crimen organizado en sus manifestaciones más nefastas y que, además, utiliza la riqueza nacional para comprar apoyos políticos o condicionar los rechazos en el club de la Organización de Estados Americanos.
Venezuela jamás había estado gobernada peor. Los índices de ineficiencia y corrupción no tienen precedentes. Resisten cualquier comparación con otras realidades del continente y del mundo.
No exagero. Lo que pasa es que para muchos la imagen de la Venezuela ejemplarmente democrática, laboriosa y creyente aún impide aceptar una realidad que está a la vista. Esta convocatoria del régimen castro-chavista a un "diálogo social", es otra bofetada a la dignidad nacional. Ya es hora de entender la verdadera naturaleza de un problema que hacerato dejó de ser simplemente electoral.
Firmas Press
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