La Prensa
  Portada | Clasificados | Foros | Ediciones anteriores | Archivo | Contáctenos
  EL IMPRESO  
Hoy por hoy  
 
   
  Opinión  
  Perspectiva  
  Deportes  
  Mundo  
  Economía y Negocios  
  Vivir +  
  Reseña  
  Sociales  
  Horóscopo  
  Mosaico  
     
  SUPLEMENTOS  
  Ellas Virtual  
  Martes Financiero  
  Aprendo Web  
  Reseña Empresarial  
Pulso de la Nación
  SERVICIOS  
Titulares por
e-mail
Columnistas
Guía del sitio
Tarifas
¿Quiénes somos?
Contáctenos
  TIEMPO LIBRE  
Turismo
De interés
Cartelera de cines
De noche
PÁGINA DEL
LECTOR
 
  CANALES  
Salud
Psicología
Psicología sexual
Bebés
Hogar
Mascotas
Tecnología
Cine
Libros
Farándula
Discos
Panamá, domingo 4 de septiembre de 2005
 

HURACÁN.

Cuando la tragedia nos levanta un espejo

559090Betty Brannan Jaén

WEST ORANGE, NEW JERSEY - El pueblo estadounidense está en un estado de "shock" profundo, no solamente por la tragedia inimaginable del huracán Katrina sino también por la increíble incompetencia de la respuesta gubernamental al desastre. Para muchos, lo segundo es hasta más doloroso que lo primero.

En todo lo que he visto y escuchado en los últimos días, la reacción universal entre norteamericanos es que "esto no puede estar pasando en Estados Unidos de América". Uno queda anonadado ante las escenas en televisión de miles de personas atrapadas en lo que se suponía eran centros de refugio, sin agua, comida, servicios sanitarios, atención médica, ropa limpia, o la más elemental garantía de seguridad personal. En un duro reportaje de primera plana, el Washington Post describió el (supuesto) refugio del Superdome en Nueva Orleans como "cuatro niveles de infierno".

Pero las calles fuera del Superdome no son menos infierno. Allí reina el más diabólico caos, donde unos pobres seres que ya han hecho cosas indecibles para sobrevivir el huracán son víctimas ahora de crimen, sed, hambre y desesperación total. A pie y sin dinero, algunos sin zapatos siquiera, estas humildes personas están todavía tratando de escapar de Nueva Orleans, con hijos, ancianos y algunas patéticas pertenencias a cuestas.

Yo no entiendo cómo es posible que las autoridades hayan dado orden obligatorio de evacuar la ciudad de Nueva Orleans sin proporcionar transporte para los pobres, ancianos, enfermos y discapacitados. Me conmovió la historia en el Washington Post de una humilde señora cuyo esposo sufría de cáncer y requería tanque de oxígeno para respirar. Sin automóvil o quien les diera transporte, ellos no pudieron huir del huracán. Sobrevivieron la tormenta y las inundaciones pero el señor murió asfixiado cuando se le acabó el oxígeno del último tanquecito que les quedaba.

Ese es un solo caso angustioso entre miles. Madres que han visto a sus bebés morir por falta de leche e hijos que han visto a sus padres morir por falta de medicamentos ordinarios. Gente que muere esperando un rescate que nunca llega. Que mueren sentados en sus sillas de ruedas. Que caminan por días hasta llegar a un refugio donde se les niega entrada. Que están a punto de ahogarse en un agua pestilente, donde flotan cadáveres, ratas, culebras, y quien-sabe-cuántas cosas aterradoras. Como si no fuera suficiente que cada uno de los refugiados tiene su propia historia de angustia y desesperación, es de por si increíble que estemos usando la palabra "refugiados" para hablar de ciudadanos estadounidenses buscando albergue en su propio país. Según el Washington Post, hay medio millón de refugiados, lo que constituye el más grande desplazamiento de personas desde la Guerra Civil estadounidense, a mediados del Siglo 19.

Ante esto, la reacción universal es que la respuesta gubernamental ha sido totalmente inadecuada. Hasta los republicanos critican que el presidente George W. Bush tardó en reconocer la magnitud del desastre y que sus reformas a la Agencia para Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés) han destruido su efectividad.

Otras críticas, más agudas, tienen matiz político. Recordando los huracanes del año pasado en Florida, hay quienes comentan que la ayuda federal llega más rápido cuando es un estado gobernado por la familia Bush. Hay quienes acusan que la escasez de recursos para atender el desastre se debe a la guerra en Irak. Hay quienes acusan que Bush miente cuando dice que "nadie imaginó que los diques de contención fracasarían", porque los expertos han venido advirtiendo desde años atrás que era imperativo fortalecer el sistema de diques. Hay quienes encuentran que este desastre es el resultado natural de las políticas anti-ambientales de los co-partidarios de Bush. Y hay quienes acusan a Bush de racismo, porque las víctimas más afectadas son negras y pobres.

Yo le veo validez a todas esas críticas pero también creo que esta tragedia ha revelado algo que va más allá de la política. El desastre del 11 de septiembre fue un shock horrible y doloroso pero eso no golpeó la auto-estima de los norteamericanos como Katrina ha hecho. Es como si Katrina levantara un espejo en que Estados Unidos, el país más rico y poderoso en la historia del mundo, ha visto el reflejo "humillante" de "un país tercermundista". Katrina, como dijo el New York Times en primera plana ayer, ha hecho que los norteamericanos sientan una "vergüenza" colectiva por las realidades feas que la tragedia les ha echado en cara.

La autora es corresponsal de La Prensa


Además en opinión

Kunta Kinte Penedo: Daniel R. Pichel
El panameñismo: Ramón A. Tello De León
Cuando la tragedia nos levanta un espejo: Betty Brannan Jaén
Con activos, señor Presidente: Isaac Rodríguez
¡Buen salto, Ricardito!: Víctor D. Urrutia E.



 
 
 
 
  TURISMO
 
 
  RECETARIO
Recetario  
 
    BUSCADOR  
Google
Web
prensa.com
 
© 2005. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
Corporación La Prensa: (507)222-1222 | prensa.com: 323-7292 / 323-7338
Apartado 6-4586 El Dorado Ave. 12 de octubre, Hato Pintado Panamá, República de Panamá