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Panamá, domingo 4 de septiembre de 2005
 

INDUSTRIA.

Kunta Kinte Penedo

Daniel R. Pichel

El deporte se ha convertido en una industria que maneja demasiados millones de dólares. Lo que se paga hoy en día a alguien que tiene habilidad lanzando, apañando, bateando, encestando, pateando o corriendo tras un balón, ha convertido a estas manifestaciones de fuerza en formas mucho más rentables de vivir que pasarse una vida estudiando y trabajando honradamente para encontrar la cura de alguna enfermedad, luchar contra las injusticias sociales o tratar de desarrollar la cultura en cualquiera de sus manifestaciones.

Después de la carrera de político panameño, ser deportista es una de las maneras más efectivas de ganar abundante dinero sin tener mucho en la bóveda craneana. Esa danza millonaria alrededor del deporte y los deportistas, llega al punto de "tocar fondo", cuando pensamos cómo se idolatra y hasta se llega a considerar "modelos sociales" a individuos como Diego Maradona, Dennis Rodman o, en el peor de los casos, al "come orejas" Mike Tyson.

Los presupuestos que manejan regularmente equipos deportivos como el Real Madrid (del cual me confieso fanático), Barcelona F.C., Lakers de Los Ángeles, Yankees de New York, Juventus de Turín, Manchester United, A.C. Milan, Cowboys de Dallas o Bayern Munich son casi que ofensivos para la humanidad, si pensamos lo que pudiera hacerse con todo ese dinero si se destinara a combatir el hambre, salvar el medio ambiente o educar a niños marginados. De hecho, como me dijera una vez un amigo, el salario de algunos deportistas profesionales, es muy superior a lo que se dispone anualmente para comprar alimentos en África Central.

Del mismo modo, las empresas que producen accesorios y equipo deportivo, utilizan a estos individuos como herramienta de venta de sus productos, pagándoles cantidades exorbitantes de dinero. En una ocasión que viajé a San Francisco, California, había una manifestación (de unas 30 personas) frente a la "boutique" de la empresa Nike en Union Square. Cuando pregunté la razón de la protesta me explicaron que esa empresa le pagaba a Michael Jordan por ser su "imagen comercial" más de lo que ganaban en un año entre todos los empleados de la fábrica que confeccionaba las zapatillas en Vietnam. Casi me uno a la manifestación, pero finalmente me abstuve para evitar malas interpretaciones.

Toda esta "jaqueca filosófica" viene a la mente cuando escuchamos la tragicomedia que han tejido alrededor del traspaso del portero de la selección de Panamá, "San" Jaime Penedo, para que pueda jugar en el fútbol europeo. Independientemente de quién diga tener un contrato firmado (o no) por el jugador, la verdad es que Jaime solito ha logrado sus méritos deportivos. Después de su presentación en la Copa de Oro surgieron opciones para cumplir el sueño de cualquier futbolista profesional: jugar en Europa. Desde ese instante, todos han comenzado a ver al susodicho portero como la gallina de los huevos de oro y reclaman dinero a cambio de que el jugador pase a otro equipo. Entre su club y su agente, han echado todo a perder sin importarles que el jugador logre o no un contrato. Es triste ver cómo los directivos que "supuestamente" se interesan por sus jugadores, toman una actitud absolutamente egoísta mientras alegan (porque el pleito sigue) ser "los dueños" del jugador durante los próximos cinco años.

Si no les dan un pedazo del pastel a ellos, no permitirán que un panameño, que ha logrado su renombre por mérito propio, mejore su estatus profesional en una organización que le dará muchas más oportunidades, que si sigue jugando en un equipito panameño que de "Unido" sólo tiene el nombre.

Y a esto viene la analogía con el esclavo africano, personaje central de la novela Raíces de Alex Haley. Los deportistas profesionales vienen a ser los esclavos del siglo XXI. La diferencia: una fracción de lo que se paga es para ellos, a cambio de "vender su alma al diablo", pasando a ser propiedad de un equipo que tiene el derecho absoluto sobre él para ponerlo a jugar, sentarlo en la banca, venderlo, prestarlo, alquilarlo o intercambiarlo por otros jugadores, como si fueran parte de un "lote de esclavos" recién llegados a las indias para que algún "señor" los adquiriera como parte de los activos de su hacienda. Ah, y los "Mefistófeles" (alias agentes) que no son más que "manzanillos con contactos" que, a cambio de un contrato de exclusividad, convencen al deportista de que es lo más importante del mundo y que "necesita" cambiar de equipo para que, de paso, ellos se ganen unos cuantos milloncitos en la transacción.

Aunque tengamos que hacernos a la irremediable idea de que estas injusticias sociales seguirán -pues en el mundo se da prioridad al "show" deportivo, sobre la cultura, la ecología o la lucha contra el hambre- nadie nos quita el derecho a desear que "Kunta Kinte Penedo" logre "abolir su esclavitud" y liberarse de sus cadenas para obtener la merecida libertad que le permita llegar a donde sus méritos lo lleven, y no donde decidan su equipo, su representante y los oportunistas dirigentes deportivos a quienes parece interesarles sólo su bolsillo personal.

El autor es médico cardiólogo


Además en opinión

Kunta Kinte Penedo: Daniel R. Pichel
El panameñismo: Ramón A. Tello De León
Cuando la tragedia nos levanta un espejo: Betty Brannan Jaén
Con activos, señor Presidente: Isaac Rodríguez
¡Buen salto, Ricardito!: Víctor D. Urrutia E.



 
 
 
 
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