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Panamá, domingo 29 de mayo de 2005
 
 
COLUMNAS
DE QUIJOTES Y ESPERPENTOS
 
RAFAEL CANDANEDO 
mosaico@prensa.com 
 
Emoción en la Semana Cultural Agustiniana, en David. Estos adolescentes y sus profesores sí están en algo. Sobre la plataforma cervantina, se estremece este plantel chiricano, dependiente de la diócesis católica de aquella región occidental. ¡Que el Padre Quijote no nos desampare!

El país sobrevive gracias a los quijotes de siempre y a pesar de los hechiceros y encantadores de siempre, nos recuerda Dimas Lidio Pitty, en su reflexión. Quijote llegó hace 400 años a Panamá y no se tienen noticias de que se haya ido, nos convence. Ha ido creciendo, al contrario.

En 1605, copias de alguna de las primeras ediciones arribaron a Portobelo. El lote se transportaría a Cartagena de Indias, pero se calcula que gracias al contrabando pionero en la ruta de tránsito extravió un grupo de libros. ¿Habrá alguno por allí? Lugar de paso desde la época precolombina. ¡Juegavivo!

Los jóvenes agustinianos están atentos a cada palabra del maestro Pitty. Cuando propone el argumento del juegavivo pienso en el esperpento, ese género literario creado por Ramón del Valle-Inclán. La realidad se deforma y sobresalen los rasgos grotescos. Son los 400 años de El Quijote, pero no dejo de pensar en un libro 10 años menor, “El licenciado Vidriera”, de las Novelas Ejemplares. El licenciado Vidriera resucitó, pero imbécil. El de don Miguel era brillante, aunque infortunado, el pobre. Se cree de vidrio, piensa que se partirá en mil pedazos y necesita, por lo tanto, un cesto para no quebrarse. No es burro, va a la guerra y termina sus días en Flandes. El licenciado de la época de Cervantes sí puso su pica en Flandes. La pica, una lanza larga que usaban los soldados de la infantería española.

Esperpento, licenciado Vidriera y estupidez humana. Hace un tiempo un amigo me prestó sus copias de un libro titulado La estupidez humana. Se las devolví. No cometió ninguna estupidez. Clasifica en cuatro tipos a los seres humanos (si lo traduzco en el lenguaje sexista sería: los/las seres/seras humanos/as): el desgraciado, el bandido, el inteligente y el estúpido o imbécil. Ellos no se dan en estado puro. Ni en el licenciado Vidriera cervantina ni en sus descendientes. El desgraciado, según el autor, se causa un perjuicio a sí, y el estúpido es quien causa daño a los otros sin ventaja alguna para él. El estúpido, junto con el bandido, es un peligro social.

Mientras meditaba sobre estos asuntos, escucho que el conferencista (mejor que conferenciante) expresa a los jóvenes reunidos en el auditorio del colegio San Agustín que El Quijote es nuestro tatatatatarabuelo y que nosotros somos sus bisbisbisnietos. Coincido plenamente con Dimas Lidio: El Quijote no debe ser leído por obligación, sino por placer, y para percibir qué es lo que uno tiene dentro de sí y para conocernos. Es una obra seria y profunda: es una celebración de las costumbres y usos del pueblo castellano.

Son graves los asuntos que en ese texto se tratan, sin embargo, el ingenio y el humor lo rocían, había indicado antes a esos adolescentes y a sus profesores. Acogieron con tanto entusiasmo mi propuesta que uno de los grupos de trabajo improvisó un rap sobre el Caballero de la Triste Figura. Todos nos divertimos.

En El Quijote (I parte, 1605; II parte, 1615) se resume la elevación del ser humano hacia los altos destinos como especie. Es un escalón cimero de nuestra condición. O como manifestó Dimas Lidio: es la aproximación afectiva a un hálito de humanidad creciente, pese a los malos tiempos de injusticia, terrorismo y guerra. En esas páginas está la defensa de lo mejor del ser humano: el trabajo honesto, la justicia, la generosidad, la solidaridad. Los valores eternos, en una frase.

Nuestros anfitriones, la profesora Liliana Pinedo y el profesor y sacerdote José Majadas, director del plantel, subrayaron que la lectura de la obra y su asimilación significan un proyecto de vida para nosotros. Hacia momentos mejores. La aventura quijotesca nos está señalando que sin utopía no podemos vivir, sustenta Majadas. Todo bajo el lema agustiniano 2005: “Tender puentes, abrir caminos hacia El Quijote”. Doy fe que esos muchachos tienen claridad en la senda por una patria mejor.
 

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