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Panamá, domingo 29 de mayo de 2005
 
 
TEMA DE PORTADA
LA REVOLUCION DE SOLIDARIDAD
 
Tras veinticinco años de la fundación del sindicato polaco Solidaridad, son diferentes las opiniones sobre sus contribuciones y logros. 
 
ESTHER M. ARJONA 
earjona@prensa.com 
 
El 31 de agosto de 1980, una huelga de 18 días de los astilleros Lenin de Gdansk y otros puntos del país concluyó cuando el gobierno comunista de Polonia otorgó concesiones sin precedente a los obreros, entre ellas el primer sindicato libre del bloque soviético: Solidaridad.

Esta lucha, encabezada por el entonces electricista Lech Walesa, es considerada por muchos como uno de los hechos que marcó el comienzo de la desintegración del sistema comunista.

De entonces a la fecha, mucha agua ha corrido. Reina la democracia, con sus virtudes y defectos, y Polonia, al igual que otros países de Europa del este que formaron parte del bloque soviético, forma parte de la Unión Europea y de otra serie de organizaciones internacionales.

La celebración fue grande. La práctica totalidad de los antiguos países comunistas de Europa, desde Albania hasta Georgia pasando por Lituania y Montenegro, estuvieron representados al más alto nivel político en los actos de conmemoración.

En total acudieron 23 presidentes y primeros ministros, así como representantes de muchas instituciones internacionales como la Comisión Europea, el Parlamento Europeo o la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa.

Estuvieron presentes altos representantes de Francia y Estados Unidos y también de todas las grandes centrales sindicales del mundo que tanto ayudaron al sindicato polaco cuando se vio perseguido y castigado por la dictadura del general Wojciech Jaruzelski.

Walesa, ex líder de Solidaridad y posteriormente presidente polaco entre 1990-1995, evaluó que valió la pena pagar los precios necesarios, incluyendo los sufrimientos derivados de las reformas económicas realizadas desde la caída del comunismo. Además señaló que lo más importante es impedir que sea malograda la gran oportunidad que tienen las nuevas generaciones.

“En Gdansk le rompimos unos cuantos dientes al oso y esa fuerza que teníamos se la debimos, en gran medida, al papa Juan Pablo II”, dijo Walesa.

Según el fundador del sindicato Solidaridad, la lucha de los trabajadores polacos fue indispensable para el nacimiento de una nueva época, la época de la información y de la globalización.

Líderes mundiales

Las felicitaciones y agradecimientos. El presidente polaco, Aleksander Kwasniewski, ex comunista, rindió públicamente homenaje a Walesa por haber guiado a Polonia hacia el cambio democrático. “Aunque 25 años atrás no estaba de su parte, hoy no tengo dudas de que su visión de Polonia nos ha llevado en la dirección justa”, dijo Kwasniewski.

El presidente polaco recordó además que hace 25 años, 10 millones de personas, afiliadas a Solidaridad, reconstruyeron el escenario del mundo y realizaron una revolución sin violencia.

“Sin el agosto de 1980, que hoy conmemoramos, no hubiese sido posible la Revolución Naranja de Ucrania”, dijo Kwasniewski.

Por su parte, el presidente ucraniano, Víctor Yúschenko, coincidió con su homólogo polaco y confirmó que sin la gesta de Solidaridad la democracia no hubiese triunfado en Ucrania.

En la carta dirigida a los participantes en la conferencia, el ex presidente estadounidense George Bush, que no pudo acudir a la cita de Gdansk, señaló que Polonia es un buen amigo de Estados Unidos.

“Desde el nacimiento de Solidaridad la sociedad polaca se convirtió en una sociedad muy dinámica que da un valioso ejemplo al mundo de cómo hay que transformar la realidad para el bien común”, dijo.

“Tengo la esperanza de que nuestros dos países seguirán propagando las ideas de la democracia y la libertad y reforzarán aún más sus relaciones mutuas”, concluyó el ex presidente norteamericano.

El ex presidente de la República Checa, Vaclav Havel, apoyó las ideas expresadas por Bush y señaló que un caso concreto en el que el mundo democrático debe apoyar las aspiraciones de un pueblo con derechos recortados y limitado, es el de Bielorrusia.

Por su parte, el presidente federal alemán, Horst Koehler, también presente, alabó el papel de Polonia en la superación del régimen comunista y en la reunificación de Alemania. “Los polacos no solo se liberaron a sí mismos. Pusieron en marcha un proceso de importancia histórica y mundial que sigue teniendo influencia hasta hoy”.

El papa Benedicto XVI, en una misiva enviada, recordó los “inimaginables cambios políticos” logrados por el sindicato polaco Solidaridad y afirmó que sus acciones indicaron a muchos países de Europa la vía para “reparar la injusticia histórica” del comunismo.

El Papa recordó el respaldo de Karol Wojtyla a Solidaridad, apoyada por la Iglesia desde sus comienzos.

“Sé cuánto quería mi gran predecesor que este acto de justicia histórica se realizara y que Europa pudiera respirar con dos pulmones, el occidental y el oriental”.

“Sé -continúa- cómo él respaldaba Solidaridad con su autoridad, cuando era necesario también mediante una hábil labor diplomática”.

No todo fue halago

Pero no todos reconocieron que Solidaridad fue el comienzo de la caída del comunismo; no todos ven en el acuerdo que firmó el régimen con los obreros en huelga del astillero de Gdansk el inicio de una crisis que concluyó con la desaparición de la Unión Soviética.

Los organizadores del aniversario invitaron, entre otros, al ex presidente soviético Mijail Gorbachov, porque querían tener en sus festejos al dirigente de la Unión Soviética que comenzó la Perestroika y abrió paso a la democratización de Rusia.

Sin embargo, Gorbachov rechazó la invitación, y lo hizo porque, como declaró a un diario alemán, “sin querer menospreciar la importancia de Solidaridad para los polacos, no pienso que su papel fuese tan importante como afirman algunos. Creo que sin mi Perestroika todo hubiese seguido como antes”.

Los polacos admiten que Gorbachov y su Perestroika fueron muy importantes, pero opinan que la necesidad de cambiar la Unión Soviética se hizo incuestionable porque Solidaridad y su lucha demostraron que el modelo comunista se había agotado.

Y es probable que precisamente esa sea la causa de que en Gdansk se noten en particular varias importantes ausencias y, sobre todo, la de un alto representante oficial de Rusia. Solo estuvo presente Serguei Kovaliov, dirigente de la lucha por los derechos humanos

Tampoco participó en los actos de Gdansk un representante oficial de Bielorrusia, del régimen de Aleksander Lukashenko, aunque sí hubo representantes y muchos de la oposición democrática bielorrusa para la que Solidaridad es el ejemplo más elocuente de lo mucho que se puede conseguir con una protesta masiva de la sociedad.

25 años después

Adam Michnik, una de las principales figuras de la oposición democrática polaca, actual director del diario Gazeta Wyborcza, el más influyente de la ex Europa comunista, reconoce que la democracia conquistada por Solidaridad no es perfecta ni satisface a todos.

Sin embargo añade que, sin derramar una gota de sangre, Solidaridad logró lo que nunca antes nadie consiguió en Polonia: el éxito histórico de recuperar la independencia y la soberanía, de rehacer la democracia y la economía de mercado.

“Hoy estamos en la Alianza Atlántica y en la Unión Europea y se lo debemos a las huelgas masivas de agosto de 1980 y a la lucha consecuente que libró el sindicato contra la dictadura, hasta que venció”.

Otros ven que las grandes conquistas del sindicato, la democracia y la libertad, se ven empañadas por la corrupción, el desempleo y el egoísmo de los políticos.

Según encuestas realizadas con ocasión del aniversario, el 45% de los polacos siente nostalgia por los tiempos del régimen comunista.

Sin embargo, más de la mitad de los polacos respaldan los cambios que se produjeron en 1980, la instauración de la democracia y la conquista de la independencia y de la libertad.

Entre los logros aportados por el triunfo de Solidaridad en la lucha contra el sistema totalitario, los polacos señalan como el más importante la libertad de expresión.

“Tendremos que esperar aún otros 25 años para que la lucha y las conquistas de Solidaridad sean valoradas altamente por la gran mayoría de los polacos. Hoy eso no es posible, porque aún son muchos los compatriotas que sufren por culpa de las transformaciones indispensables”, dijo al respecto Walesa.

“Estoy convencido de que la grandeza de nuestra gesta será más fácil de distinguir a medida que nos alejemos del momento en que se produjo”, concluyó.
recuadro

Conferencias

La conferencia, que comenzó sus debates en Varsovia, consagró su primera jornada a la realización de un balance de los frutos dados por Solidaridad, entre ellos, el servir de ejemplo directo a ucranianos y georgianos en sus recientes revoluciones pacíficas.

La segunda jornada estuvo dedicada a los derechos humanos, a las amenazas que se ciernen sobre ellos en muchas partes y a la responsabilidad que tienen de defenderlos los países que gozan de la democracia.

Los participantes en la conferencia apoyaron la propuesta presentada por los eurodiputados polacos para que el día 31 de agosto sea proclamado en toda Europa como “Jornada de la Libertad y la Solidaridad”.
 

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