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Panamá, viernes 2 de septiembre de 2005
 

GOBIERNO.

Martín: una silla para inspirarse

Edith Núñez

Si midiéramos los hechos con la misma vara y fuerza con que arengamos las palabras, el mundo de los estadistas estaría abrumado de voluminosas enciclopedias sin ninguna sustancia. Es decir, muchos laberintos que conducen a ninguna parte.

Para Martín Torrijos sería muy fácil ampararse en el recurso frágil del discurso y la controversia, distraer su compromiso con este pueblo y soslayar el derecho a esperar de los tres millones de panameños que conforman el escenario de sus gobernados.

Él llegó a una silla codiciada por muchos, se sentó y palpó en su sencillez de hombre de pueblo, que la silla no era para sentarse, sino para inspirarse. Que aceptar el mandato recibido era un acto de valentía que lo urgía a cumplir o desistir en el intento.

Su opción por un país nuevo, con un proyecto de nación consolidado, es un hecho tangible que se expresa en el cumplimiento de su gobierno de ese derecho constitucional que todos tenemos a techo digno, abrigo, alfabeto, paz, dignidad, seguridad y libertad.

Mientras una parte de su equipo trabaja arduamente erradicando el lastre dejado a lo largo de caminos de anti-históricas etapas de desgobierno, otro construye, paso a paso y con firmeza, el andamiaje de la patria permanente, la que rebasa el quinquenio del político de ocasión, la patria que perdura, la del estadista, ese que la historia juzga por sus hechos, más allá, mucho más allá de las palabras.

Un año es temprano y es tarde. Temprano para quien empieza a construir con la voluntad y el brío propio de los nuevos tiempos y retos. Es tarde, pero no utópico, para aquel que llega en la certidumbre que su país no es un castillo construido con naipes para el buen vivir, sino una verdad concreta, que exige respuestas y esperanzas.

El recuento tradicional ya lo están haciendo quienes han sido impactados por sus beneficios. Pero quienes ejercen su derecho a esperar, los protagonistas de la desesperanza, del analfabetismo, de la pobreza extrema, de pies desnudos, fríos, de intemperie, indigencia, también están en el recuento histórico de todo lo que nos falta por hacer. Para Martín, su primer año es de crecimiento, es el año que desmiente a la demagogia, es el primer año en la forja de una Patria Nueva que se ha instalado en los panameños para quedarse.

La autora es docente de periodismo


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