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Panamá, sábado 27 de agosto de 2005
 

GESTIÓN.

El rumbo: eficiencia, prosperidad compartida y decencia

Teresita Yániz de Arias

El primer año de gobierno del presidente de la República, Martín Torrijos Espino, se ha caracterizado por su empeño de enrumbar al país hacia una mayor eficiencia, una prosperidad compartida por todos y un adecentamiento colectivo impostergable.

Poner a funcionar el Gobierno requirió de un esfuerzo titánico, puesto que no contentos con el legado de corrupción e incompetencia que caracterizó la gestión arnulfista, la transición sirvió para prácticamente desmantelar y desvalijar las principales instituciones.

La sanción de las reformas constitucionales, la derogación de las restricciones a la Ley de Transparencia y la aprobación de la reforma fiscal, y de otras acciones como el control y reducción del gasto público y la estabilización de la economía dentro de un clima de seguridad jurídica y financiera se produjo a un crecimiento del 7.7% en los primeros seis meses del año.

El pago de la morosidad que el Estado mantenía con la Caja de Seguro Social dio la tónica de la responsabilidad con que se atendería el problema de dicha institución, cuyo colapso representaría una catástrofe de dimensiones impredecibles si no se procedía a una reforma integral de la Ley Orgánica, aún a sabiendas del costo político que dicha decisión tendría.

Después de cinco años en que el país vivió conmocionado por escándalos, improvisaciones y sectarismo, el primer año de Gobierno muestra que el país tiene un rumbo definido y que la formulación de políticas claras servirá para construir un país próspero y decente, con la colaboración de todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

Las metas propuestas por el presidente Martín Torrijos deben irse evaluando desde ahora, pero sabiendo que este examen es parcial y que la calificación final tendrá que hacerse al término de un período, del que sólo ha transcurrido una quinta parte, pero donde ya se manifiesta la voluntad personal y política del mandatario por hacer las cosas bien, comenzando con la escogencia de un equipo ministerial en el que predomina la capacidad profesional, el compromiso con el país, la laboriosidad, el liderazgo y la integridad, cualidades necesarias para garantizar la eficiencia de las gestiones individuales en los respectivos ministerios.

Muestras de ello son el trabajo de Laurentino Cortizo del Ministerio de Desarrollo Agropecuario, que lideriza un sector que se encontraba en el abandono y que cuenta por primera vez con una estrategia de desarrollo elaborada para y con los productores; el tesón de Juan Bosco Bernal, ministro de Educación, para que nuestra anacrónica e ineficiente educación se modernice y sirva como herramienta clave a las nuevas generaciones; los infatigables empeños de Balbina Herrera, ministra de Vivienda, en las catástrofes y en su programa de viviendas populares; el talentoso manejo de las finanzas por parte de Ricaurte Vásquez, ministro de Economía; la habilidad de Alejandro Ferrer, ministro de Comercio en las negociaciones para el TLC; el éxito de Rubén Arosemena, administrador de la Autoridad Marítima en la expansión de los puertos; la actividad constante de Camilo Alleyne, ministro de Salud para extender las coberturas de salud a los rincones más remotos; y de Rubén Blades, ministro de Turismo, haciendo el inventario de recursos turísticos; así como la implementación de un ambicioso programa vial bajo la dirección de Carlos Vallarino, ministro de Obras Públicas; y los esfuerzos de Leonor Calderón, ministra de Desarrollo Social para aliviar los problemas sociales más duros.

Pero sobre todo un Presidente cuyo compromiso con la nación lo ha llevado a tomar decisiones difíciles con valentía, seriedad y mesura, y cuya conducta personal y pública ha sido de una transparencia y honestidad inspiradoras de confianza y de esperanza.

La autora es directora de la Secretaría Nacional del Plan Alimentario

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