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Panamá, sábado 27 de agosto de 2005
 

ANIVERSARIO.

Un año de grandes realizaciones (¡y vienen más!)

Carlos Guevara Mann

En un año de gobierno, metimos tres reformas y sacamos a La Cuervo. Las reformas son necesarias para allanar el camino hacia nuestra magna obra, La Expansión (así, con mayúscula).

No porque sea útil o conveniente al país (eso todavía no se ha demostrado), sino porque constituye un botín al que ningún partido que se respete puede renunciar. Haga usted mismo los cálculos: Si La Expansión cuesta 10 mil millones de balboas y logramos apropiarnos del 10%, hay mil millones para repartir entre La Camarilla. Digamos que de La Camarilla forman parte unas 100 personas. En promedio, hay en La Expansión 10 millones de balboas para cada uno. Al final, claro está, a algunos les corresponderá más que a otros, como en el CEMIS, pero el punto es que la piñata está demasiado llena de golosinas como para dejar de romperla.

La reforma constitucional fue bistec de dos vueltas. El pueblo, que se mantiene en la oscuridad gracias a la supresión de la libertad y al pésimo sistema educativo (logros de Carmelo, el que está en el cielo) no establece fácilmente el vínculo entre la constitución militarista y las desventuradas condiciones de vida del panameño común y corriente. Pero nosotros, que somos tremendos vivos, entendemos muy bien la relación. La constitución militarista es el andamio que nos ha permitido seguir mangoneando la política (y apropiándonos del botín) desde 1972, sin mayor complicación. De ella emanan una Asamblea que todo lo ratifica y una Corte que siempre falla a nuestro favor, estemos en el gobierno o en la oposición.

La reforma tributaria nos dio un poquito más de trabajo, hasta que se nos ocurrió la genial metáfora de Robin Hood. Cuando el gerente de McDonald’s salió a decir que él quería quitarles a los ricos para darles a los pobres, el pueblo (que vive en la miseria gracias a las políticas de exclusión que durante casi cuatro décadas nos hemos encargado de aplicar) quedó un poco confundido. Ese fue el cloroformo que nos permitió meter la "deforma", como dice Pedrito. Lo mejor es que la inflación resultante se la podemos achacar, no a esa "deforma", sino al supuesto agiotaje de los empresarios. ¡Qué belleza!

La reforma del Seguro se nos complicó un tanto, pues el pueblo se paró en dos patas y, en un momento de histeria, el gerente de McDonald’s hasta temió que lo quisieran tumbar, como a Mesa y a Gutiérrez. Afortunadamente, unos clérigos más interesados en el poder (o en el ordinariato) que en el pastoreo de almas, nos aventaron un salvavidas y pudimos armar la pantomima del Diálogo. Cuando venza el plazo del Diálogo, el hartazgo y el desgaste se habrán apoderado de la población. Entonces, si nos da la gana, podremos meter 45 años de cotización y 540 cuotas, y nadie dirá nada.

Pero la jugada maestra fue la sacada de La Cuervo. Eso demuestra nuestro calibre. No somos chambones como los arnulfistas, que por meses se aguantaron sus críticas y señalamientos. Y a nosotros nos convenía que se los aguantaran. Por eso felicitábamos a La Cuervo, la aplaudíamos y la elogiábamos cuando criticaba al gobierno de La Doña.

Pero ahora que subimos al poder, las cosas son distintas. Ahora mandamos nosotros, queremos La Expansión y no vamos a permitir que nada obstaculice nuestro camino hacia el premio mayor. Ni siquiera La Cuervo: ¿qué se ha creído ella? ¿Acaso no sabe de lo que somos capaces? ¿Olvida que nosotros somos de los que arrestamos, encarcelamos, torturamos, exiliamos y decapitamos? No nos tiembla la mano para la perfidia o la maldad.

Además, somos expertos en el maquillaje: podemos hacer creer, por ejemplo, que somos partidarios de la libertad de expresión, cuando al mismo tiempo mandamos a cerrar programas de opinión y creamos el clima propicio para que se embargue el salario a reporteros demasiado escudriñadores y se expulse a periodistas extranjeros.

Éste ha sido un año de grandes realizaciones, no cabe duda. Y en los 46 meses que nos quedan, vendrán más. Porque la militarización apenas empieza. Cuando salgamos del poder, tendremos generales y coroneles, almirantes y vicealmirantes (contraalmirantes ya hay) y contingentes armados en el Medio Oriente (como en tiempos de Carmelo, el que está en el cielo) tras la pista de Osama bin Laden. Y varios muertos más. Así que ahora es que esto se pone bueno.

El autor es catedrático y consultor


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