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Del cuero salen las correas
Juan Ramón Porras
En 1980 el Gobierno se dio a la tarea de aumentar las cuotas del Seguro Social para tapar los primeros huecos financieros provocados por los gobiernos que desde ese entonces comenzaron a utilizar a la CSS como su caja menuda.
Ello levantó el disgusto general de la población en especial por el escándalo causado por el programa colectivo de vivienda mediante el cual el Seguro le adelantó sumas millonarias a promotores para que construyeran casas de tipo popular y se esfumaron con el "santo y la limosna" causándole pérdidas cuantiosas a la institución.
Un grupo de asegurados formamos dentro de la Asociación Nacional de Asegurados el movimiento defensa para imprimirle dinámica a la función fiscalizadora de los asegurados. (ver: La Prensa, enero de 1981)
Nuestra oposición al aumento de la cuota se basaba en que el Seguro Social podía ser reestructurado para evitar el que los asegurados tuviesen que pagar los platos rotos, a saber:
1. Nada de papelitos (pagarés y bonos) del Estado para pagar sus cuotas.
2. Invertir el efectivo en activos de mayor rendimiento que en el BNP (los intereses bancarios estaban en esa época rondando por el 20% y la CSS recibía 2-3% del Estado y BNP)
3. Disminuir costos administrativos y operativos.
Para respaldar el punto tres de nuestra propuesta hicimos un estudio de costos y pudimos descubrir que un paciente por día en el hospital del Seguro costaba aproximadamente 300 dólares -cuando la clínica privada más lujosa en esa época salía apenas en una tercera parte- ¡Increíble!
O sea que si el Seguro le reconociese a un asegurado 100 dólares por día para hospitalización, no solamente salía el paciente brincando en un pie de felicidad por lograr una atención médica oportuna de primera categoría, sino que el Seguro se ahorraría 200 dólares ¡por día por ese mismo paciente!
¿Cuál fue la reacción de la Dirección del Seguro y del Gobierno de ese entonces?: en vez de darnos las gracias por invertir nuestro tiempo y el de reconocidos profesionales que aportaron su conocimiento ad honórem, fue acusarnos de capitalistas reaccionarios que solo buscábamos enriquecer a la empresa privada.
Qué pena, bueno gracias a esa actitud hoy tenemos un Seguro en quiebra por la falta de acción oportuna y conducente a corregir el modus operandi. Trate usted hoy de operarse en el Seguro y, si no entra descuartizado y desangrándose por emergencia, lo ponen en una lista de espera y ...siéntese a esperar varios años para ser atendido, si es que no se ha muerto antes.
Durante la campaña política tuve la oportunidad de presentarle al candidato Torrijos una alternativa para subsanar, al menos parcialmente, los saqueos reincidentes de los diferentes Gobiernos a los activos de los asegurados: vender el 49% de la acciones que el Estado mantiene en la empresa Cable & Wireless Panamá e invertir ese capital en la CSS como compensación por los atropellos cometidos contra ésta.
Además esta medida estimularía la competencia, que a su vez disminuiría los precios y mejoraría la calidad y variedad del servicio en materia de telecomunicaciones. Y tutti contenti.
Lamentablemente a estas alturas, aún de implementarse la anterior recomendación, no nos salvaríamos de algún tipo de cambio paramétrico aunque en menor grado que el propuesto por la Ley 17 (aumento de la edad de jubilación y/o de cuota y/o menos prestaciones )
La razón es muy sencilla: la estructura de la población humana ha cambiado radicalmente desde que se formularon los primeros cálculos actuariales. En términos laicos, antes habían montones de jóvenes trabajando y los viejitos solo llegaban, promedio hasta los 65 años. Hoy esa estructura se ha invertido y cada día la gente se reproduce menos, lo que se traduce en menos jóvenes trabajando y hay un mayor número de viejitos que perduran más gracias a la ciencia y a los mejorados hábitos alimentarios y de ejercicio.
Solución Salomónica:
A.) O los asegurados pagamos más cuotas, nos jubilamos más tarde o recibimos menos prestaciones;
B.) O se elimina el sistema de Seguridad Social tal cual lo conocemos y el Estado asume el financiamiento de la salud en forma gratuita de la población hasta un nivel determinado de ingreso familiar, y de ese nivel en adelante las familias de mayores ingresos asumen el costo de su propia salud.
Por otro lado la jubilación no es más que un sistema de ahorro que muy bien puede practicarse con buenos hábitos que se adquieren mediante la educación y no tendría que ser de tipo forzoso como lo es el de la CSS. Ya muchas personas están afiliándose a sistemas de pensiones privados por si les falla el Seguro o no alcanzan a sobrevivir con las escuálidas pensiones que éste provee. No podemos sacar de dónde no hemos metido. En otras palabras, no pretendamos recibir jubilaciones hasta los 100 años y obtener un servicio de salud de primera sin invertir en ello. Se cumple aquí el reconocido adagio que dice: "Del Cuero salen las Correas"
El autor es empresario
Además en opinión
• El arrebato de un magistrado: I.Roberto Eisenmann, Jr. • Temas punzantes para personas indolentes: Roberto Ruíz Díaz • Bienvenidos a la ciudad del pecado: David Carrasco • Del cuero salen las correas: Juan Ramón Porras • De nuevo con lo de la identidad: David C. Róbinson O.
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