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Panamá, viernes 26 de agosto de 2005
 

JUSTICIA.

El arrebato de un magistrado

I.Roberto Eisenmann, Jr.

Conocí a Winston Spadafora durante un paréntesis en su vida, que sin duda fue su mejor época... cuando luchaba con valentía, persistencia e inteligencia por lograr justicia por el horroroso asesinato de su hermano Hugo. Durante esa época histórica, fuimos compañeros de lucha. Sentí por Winnie y su familia profundo respeto, solidaridad y admiración. No era un hombre que se destacara por sus éxitos, pero era un hombre de valor.

Su lucha lo convirtió -con toda justicia- en figura nacional. Luego, quiso aprovechar este hecho para dedicarse a la política y se inscribió en el arnulfismo por razones obvias, ya que su pasada simpatía PRD fue quebrada por Noriega cuando mandó a decapitar a Hugo. Desarrolló una relación sentimental con Mireya Moscoso que lo llevó a ser jefe de su campaña electoral y luego de la victoria llegó a ser ministro de Gobierno y Justicia.

Durante mi fugaz asesoría presidencial en ocasiones compartíamos con miembros del Gobierno debates sobre problemas serios de gobernabilidad, y siempre me sorprendía terminando el debate con declaraciones arrogantes que no venían al caso, más o menos en este tono "Yo soy peleador... ¡no le tengo miedo a nada ni a nadie!". Le fui perdiendo el respeto ya que me parecía que el poder lo estaba llevando hacia una pedantería estéril en que sus opiniones tenían poco valor en términos de la acción de Gobierno. En un momento, su relación con Mireya Moscoso lo acercó a la posibilidad de matrimonio y por razones obvias salió del Ministerio... pero luego (en lo que constituyó otro gran error) fue postulado a la Corte Suprema. Su proceso de ratificación fue cuestionado gracias a confesiones de delitos por parte de diputados y luego por su compañero de ratificación en la Corte.

El Winnie compañero de lucha que en alguna ocasión admiré hubiera renunciado por dignidad, pero no solo no renunció sino que -sin vergüenza alguna- logró nombrar a un socio de su bufete como suplente y se dedicó a producir sentencias que son vergonzosas en términos jurídicos, y aún más en términos de obvios conflictos de interés; en el proceso se ha convertido en el símbolo mayor del desprestigio de la Corte que ha sido catalogada -entre otras- como la "Corte de la Suprema Injusticia" y la "Corte de la Suprema Corrupción" que muestran un rechazo mayoritario de la ciudadanía.

Ahora, debido a que La Prensa, Panamá América y tres de sus periodistas dieron la información de su historia y sus actos, se arrebató.

Ya me lo imagino repitiendo su estribillo favorito "yo soy peleador, ¡no le tengo miedo a nada ni a nadie!"... recordemos el machísimo "¡ni un paso atrás!".

Al Winnie, viejo compañero de lucha, deseo decirle que él ahora es magistrado de la Corte Suprema de Justicia, y como tal debe ubicarse. No es ni un boxeador ni un jefe de pandilla callejera. Sabe -o debe saber- que está abusando de su poder para amenazar a la madre de todas las libertades: la libertad de expresión. Cuando escogió ser figura pública tenía que haber sabido que su vida sería objeto del constante escrutinio público; no hay derecho a quejas ni demandas. Además, ya tiene edad como para saber que todo poder -incluso el que ahora detenta- está destinado a ser vencido.

Debe también entender que "noticia" es todo aquello que alguien quiere mantener en secreto; lo demás es propaganda. Pensar que con arrebatos se va a intimidar a dos diarios aguerridos como La Prensa y Panamá América, es perder la quilla.

Los diarios aludidos y los periodistas Jean Marcel Chéry, Guido Bilbao y Gustavo Aparicio tienen un historial de lucha contra la corrupción y los privilegios de los poderosos, a prueba de toda amenaza. Para el periodismo serio la libertad no es un derecho; es una obligación.

El esfuerzo de funcionarios y los amigos de éstos por hacer "honorable" el delito, no será aceptado jamás por la ciudadanía. Aquellos funcionarios de transitoria celebridad (buena o mala) que con arrogancia mueven la cola cual pavo real son, a la luz de cualquier análisis, muy poca cosa. Se paran firmes enamorados de su pompa y belleza en su marcha hacia su propia destrucción.

Lo siento por Winnie, pero está haciendo del equívoco un hábito que será su perdición. Tal como escribió Milán Kundera, "nada agrada más que ver a los poderosos abusivos huyendo de los débiles".

El poderoso arrebato de Winnie Spadafora contra las "débiles" plumas de los periodistas será el principio del fin de su poder.

Le sugiero a Winnie que -por el respeto que merece su descendencia y el país- retome la dignidad de que hizo gala en su época de lucha por su hermano Hugo y por la Justicia... y renuncie.

El autor es presidente de la Fundación para la Libertad Ciudadana

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