¡Qué conveniente solución para justificarlo todo! Si robo y me descubren, la culpa es de los medios. Si no declaro mis bienes y se publica, la culpa es de los medios por contarlo. Si soy negligente y se denuncia, la culpa es de los medios que no son la instancia.
Si soy corrupto y abuso del poder y me sorprenden, la culpa es de los medios por divulgarlo. Y, por si faltaba algo, si la justicia condena a uno de los sacerdotes de micredo por acoso sexual, la culpa es de los medios que le han montado campaña. Ante el fallo condenatorio al sacerdote Roberto González no esperábamos esta reacción de la Iglesia católica. Sus homólogos de Estados Unidos trataron de ocultar el sol con un dedo y terminaron derretidos por la luz de los hechos.
La justicia civil ha hablado y es clara: el culpable es el sacerdote y las víctimas son tres adolescentes. No puede ahora victimizarse al sacerdote, que tiene derecho a agotar todos los recursos que le da la ley, pero que, por el momento, es culpable de delitos nada agradables para la sociedad. |