A la mejor usanza de la dictadura, el magistrado Spadafora —y su beligerante hija—, ha echado mano al viejo recurso de embestir y desprestigiar al mensajero. Pero el mensaje permanece intacto: la información que ha publicado este diario se basa en hechos irrefutables. No contento con secuestrar el salario de un periodista, ha demandado a El Panamá América y ahora aspira a que se eche del país a otro periodista de La Prensa, nada menos que al ganador este año del Gran Premio Nacional de Periodismo.
A pesar de los ataques, no ha podido rebatir ni una sola de las informaciones que publicamos ni el contexto de sus fallos ni la amistad con la parte favorecida. Respire profundo, magistrado Spadafora, y recomiende a su hija cierta dosis de tranquilidad. Perder la compostura cuando examinamos sus decisiones es el peor de los caminos; y tenga paciencia, porque seguiremos investigando.
Entienda que si eligió el camino de lo público, debe ser ejemplo de probidad. No hay amago que frene nuestra lucha contra la impunidad, ni que aminore nuestra preocupación por el tráfico de influencias y, menos aún, que nos impida seguir hurgando detrás del progreso económico mal habido. |