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Panamá, miércoles 17 de agosto de 2005
 

corrupción.

Lula: ¿saber o no saber?

Danilo Arbilla

Desde que Lula lloró, enterado de algunas " desprolijidades" de gente de su partido y de su gobierno, han pasado algo más de dos meses y muchas aguas - turbias y turbulentas- bajo los puentes.

El propio líder obrero llegado a presidente ha ido de un extremo a otro y de las lágrimas pasó al desafío: "entre los 180 millones de brasileños, no hay un hombre ni una mujer que tenga moral para darme lecciones de ética", afirmo a fines de julio.

Se le notaba una cierta soberbia, que es la que insufla el poder y que en el caso contaba con el respaldo, aún, de las encuestas. Hace unas horas Lula, más humilde, pidió disculpas, en su nombre y en el de su partido. Se había sumado un dato interesante: por primera vez una encuesta lo da como perdedor en las próximas elecciones.

Es que es muy difícil soportar a pie firme semejantes huracanes. A partir del momento en que el diputado Roberto Jefferson, aliado del gobierno, destapó el tarro, han empezado a aparecer tantas cosas que la de Pandora ha pasado a ser una inocente cajita musical.

El parte de guerra marca bajas importantes: comenzó con la del Jefe de la Casa Civil, José Dirceu, hombre fuerte del PT y amigo y mano derecha de Lula. Le han seguido, en orden cronológico, el Secretario General, el Tesorero y el Presidente del PT.

Caen y renuncian diputados y líderes políticos propios, aliados y hasta de enfrente. Todos recibieron su "parte". El encargado de "repartir" los fondos, que por distintas vías provenían del Estado, lo hacía a diestra y siniestra y en sus declaraciones no deja títere con cabeza. Por si fuera poco, hasta un hijo de Lula -Fábio Luís (Lulinha)- ha recibido una dudosa "inyección" de fondos para sus negocios, según reveló la revista Veja.

Pero Lula dice que es inocente y que no sabía nada. Es más, casi todos los denunciantes dicen que el Presidente estaba fuera y que no ha tenido nada que ver. Incluso la mayoría de los brasileños cree, por lo menos hasta hace unos días, en la inocencia de su mandatario.

Eso es bueno para la sobrevivencia de Lula. También le ayuda el convencimiento de amigos y enemigos de que su caída afectaría la estabilidad del país el que, salvo este escándalo, atraviesa un buen momento. Los brasileños son muy pragmáticos y si el tema no se complica a nivel popular y "gana la calle", Lula puede culminar su mandato.

Sea lo que sea, igual resulta difícil exculpar al Presidente. Aunque no lo supiera: es el que maneja el timón, es el gran gerente, el capitán del barco, el responsable final.

Lo de Lula me recuerda lo ocurrido en un partido de fútbol en que uno de los jugadores intentó agredir a otro que huyó despavorido. El árbitro los expulsó a los dos. - ¿ Y a mí por qué?, le preguntó el que había huido.

- Por no pelear, fue la respuesta del juez.

Puede hasta aceptarse, con cierto esfuerzo, la tesis de que Lula no sabía, pero parece inacetable que haya un Primer Mandatario de un país donde pasan cosas como las que han pasado en Brasil y que no está enterado. En este caso no saberlo es casi tan malo como haberlo sabido.

Se ha escrito mucho sobre el aislamiento que provoca el poder, pero ¿llega hasta tanto?.

Si en el caso de Lula efectivamente llega a tanto se corre el riesgo de que los brasileños fabriquen la bomba atómica y el se entere recién cuando explote.

El autor es director del diario Búsqueda de Uruguay


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