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Panamá, miércoles 17 de agosto de 2005
 

VALORES.

Entre disputas y decisiones

Celinda Pérez De León

Los acalorados enfrentamientos verbales y físicos, entre otros, escenificados en las diversas situaciones del quehacer diario, deben ser asimilados de manera objetiva por aquellos que de una u otra forma deben contar con elementos sustentadores al momento de tomar una decisión.

No es cuestión de medir quién tiene mayor fuerza en la expresión oral o quién ofende más; esto refleja únicamente una ausencia de valores y principios que conducen a resultados no esperados y que afectan al que siempre es el más afectado: el pueblo. No escapa a la vista y oídos de todos que temas importantísimos que coadyuvan al desarrollo de un país, como la educación, la salud, la cultura y el deporte, sean un verdadero desastre. Todo esto aunado a la falta de credibilidad, honorabilidad y decencia que distingue a nuestros órganos de gobierno. Es decepcionante y humillante el actuar de las autoridades de turno. Me pregunto, ¿hacia dónde queremos llegar?

Una mesa del diálogo polémica y conflictiva, que no avanza en sus conversaciones y en la que se requiere de urgentes resultados; una mesa de negociaciones del TLC que no concluye; una crisis social que más bien incrementa sus índices de criminalidad y prostitución; una institución rectora del deporte y sus comités agregados que no funcionan; una política económica lejos de disminuir los altos índices de pobreza que afectan la calidad de vida; una banca estatal insoportable; una educación mediocre que sobrevive a costa del juega vivo.

No quiero ni siquiera imaginarme que la masa pensante aún no guarde un ápice de vergüenza que arrastre y arranque de raíz esas libélulas corroídas que tanto daño le están haciendo al sistema. Ya es hora de frenar todas esas actitudes inmaduras que nos llenan de rencores, decepciones y nos llevan al punto de no creer en nada ni en nadie. Debemos considerar, en medio de tantas disputas, que la mejor decisión será aquella que persiga como resultado final el bien común. Contribuyamos a construir un país más decente y que los principios moralistas sean la base para forjar un mejor mañana. Sin ellos, cualquier esfuerzo es infructífero.

La autora es ingeniera industrial


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