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VALORES.
Entre disputas y decisiones
Celinda Pérez
De León
Los acalorados enfrentamientos verbales y físicos, entre
otros, escenificados en las diversas situaciones del quehacer diario, deben ser
asimilados de manera objetiva por aquellos que de una u otra forma deben contar
con elementos sustentadores al momento de tomar una decisión.
No es cuestión de medir quién tiene mayor fuerza
en la expresión oral o quién ofende más; esto refleja únicamente
una ausencia de valores y principios que conducen a resultados no esperados y
que afectan al que siempre es el más afectado: el pueblo. No escapa a la
vista y oídos de todos que temas importantísimos que coadyuvan al
desarrollo de un país, como la educación, la salud, la cultura y
el deporte, sean un verdadero desastre. Todo esto aunado a la falta de credibilidad,
honorabilidad y decencia que distingue a nuestros órganos de gobierno.
Es decepcionante y humillante el actuar de las autoridades de turno. Me pregunto,
¿hacia dónde queremos llegar?
Una mesa del diálogo polémica y conflictiva, que
no avanza en sus conversaciones y en la que se requiere de urgentes resultados;
una mesa de negociaciones del TLC que no concluye; una crisis social que más
bien incrementa sus índices de criminalidad y prostitución; una
institución rectora del deporte y sus comités agregados que no funcionan;
una política económica lejos de disminuir los altos índices
de pobreza que afectan la calidad de vida; una banca estatal insoportable; una
educación mediocre que sobrevive a costa del juega vivo.
No quiero ni siquiera imaginarme que la masa pensante aún
no guarde un ápice de vergüenza que arrastre y arranque de raíz
esas libélulas corroídas que tanto daño le están haciendo
al sistema. Ya es hora de frenar todas esas actitudes inmaduras que nos llenan
de rencores, decepciones y nos llevan al punto de no creer en nada ni en nadie.
Debemos considerar, en medio de tantas disputas, que la mejor decisión
será aquella que persiga como resultado final el bien común. Contribuyamos
a construir un país más decente y que los principios moralistas
sean la base para forjar un mejor mañana. Sin ellos, cualquier esfuerzo
es infructífero.
La autora es ingeniera industrial
Además
en opinión
• Cambio
de horario para ministerios: Rodrigo Mejía Andrión
• Cuando la
memoria falla: Ximena Rojas
• Diálogo,
CSS frente a FEDAP: Carmen Luz Urriola-Villalaz
• Los dilemas
de Alberto: Jaime A. Porcell Alemán
• Entre disputas
y decisiones: Celinda Pérez De León
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