Qué triste es que quien un día fue un símbolo de la lucha contra la dictadura, ahora reproduzca los métodos de los censores. Las acciones de quien fue Ministro de Estado de Mireya Moscoso y ahora dirige la Administración de Justicia desde un sillón de la Corte son una amenaza frontal a la labor de los periodistas que tienen como misión difundir información, denunciar los abusos y formular críticas a las autoridades.
Embebido de poder, lo usa y lo abusa, olvidando precisamente los postulados que lo llevaron a él mismo a la notoriedad cuando el enemigo era el poder militar. Hoy, el enemigo es la corrupción, y la seguiremos denunciando y combatiendo.
Seguiremos compartiendo con la ciudadanía el contenido y el alcance de lo que ocurre en la Corte Suprema y exigiendo cuentas a quienes han de responder por decisiones que deben ser tomadas en nombre de la Justicia. ¿Tendremos que volver a las cruzadas de otros tiempos para evitar que los gorilas del pensamiento se crean con el poder de acallar las voces periodísticas independientes? Al magistrado le tenemos malas noticias: ni La Prensa, ni los periodistas de este medio se van a atemorizar por tretas de quien todavía no entendió lo que significa democracia ni opinión pública. Mala suerte, magistrado. Pinchó en piedra. |