| denuncia.
Me infarto si callo
Rita Irene Typaldos Vda. de Ozores
Al leer en La Prensa del 29 de julio del año en curso, un artículo de Mónica Palm titulado: "Jerry Wilson Navarro pide doble salario para asesores de la Asamblea", quedé estupefacta. Esta denuncia fue puesta por la Comisión de Estado por la Justicia, y añade que dicho señor solicita también que a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia les sea permitido permanecer en sus cargos, descarada petición que rebasa los límites de mi paciencia y ojalá despierte la pasiva tolerancia ciudadana.
Personalmente, me resulta difícil aceptar que en la actualidad esa inescrupulosa persona ocupe la presidencia en nuestra Asamblea de diputados, cuyo alto rango le otorga facultades para designar los métodos a seguir en la elección de magistrados en nuestra Corte Suprema de Justicia, permitiéndole avalar su derecho a reelegir por 10 años más. Sin duda, Jerry Wilson abriga la esperanza a ser recompensado y presidir en un futuro nuestra Corte Suprema, porque esos favores suelen ser retribuidos.
Esta misma persona fungía como notario público en los años 90, y su presencia fue requerida en la finca del entonces vice presidente de la República para legitimar una asamblea espuria celebrada el 21 de octubre de 1996 en Chepo. Se trataba nada menos de mi reemplazo como presidenta de una sociedad anónima legalmente constituida, y con el cambio total de su junta directiva usurparla para disponer a su antojo de los bienes de sus legítimos dueños. ¡Así de simple!
Tres días después de celebrada dicha asamblea bruja, o sea el 24 de octubre de 1996, el notario Jerry Wilson pasaba a inscribir en el Registro Público esta acta ficticia, pero ignoraba que mi esposo, el profesor Renato Ozores, pondría en conocimiento de nuestro primer mandatario la felonía perpetrada por su vice presidente y ordenaría retirarla de inmediato para que este vicio jurídico no trascendiera afectando nuestro paraíso fiscal.
Tras este incidente, recuerdo haber llamado al Jerry Wilson a la notaría para transmitirle un mensaje de su profesor de Derecho Mercantil en la Universidad de Panamá, quien debido a su sordera, no hablaba por teléfono. Le comuniqué de su parte, que había cometido un delito de cárcel cuya impunidad se daba aquí, por que nuestras leyes pasaban a segundo plano ante la injerencia del Ejecutivo y por ende debería considerarse hombre afortunado, al gozar de libertad. Me resultó insólito que aceptara mis diatribas con tanto desparpajo, como si se tratara de otra persona, e incluso acabó dándome la razón.
Como panameña, considero un deber moral exponer el grado de corrupción del Jerry Wilson, si bien quisiera pensar que nuestro Órgano Judicial ha tomado un giro positivo en beneficio de Panamá, con los acertados nombramientos de ambos procuradores y la reciente elección de la presidenta del Colegio de Abogados. ¡Quisiera Dios, así sea!
La autora es empresaria
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