Mi oficio me ha dado la oportunidad de viajar con poco equipaje y en pocos días recorrer una ciudad lejana acompañada, en la mayoría de los casos, de un guía que me mostrará sus grandes bondades y cuya calidez me hará sentir como en casa.
Así es como de vuelta, tomo todas esas vivencias, nuevas experiencias, colores, olores y sabores, para plasmar en dos páginas aquellas impresiones que probablemente harán que despierte la curiosidad en ustedes, lectores, y se decidan a conocer uno de estos destinos.
Pero cada vez que me encuentro en una de estas giras recuerdo con un poco de nostalgia aquellos días en que me ganaba la vida como guía de turistas y era yo quien me esmeraba en mostrar a un grupo de extranjeros lo mejor de mi ciudad.
Si tenía suerte, recibía a grupos de menos de cinco personas. Eso me permitía ofrecerles un trato más personalizado, poder contestar a todas sus preguntas y, de ser necesario, llevar la gira de acuerdo con sus propios intereses.
Es un trabajo encantador, porque siempre hay una pregunta diferente, una inquietud nueva y mucho más por aprender.
Lo mejor de todo era ver el asombro en los ojos de aquellos que veían por primera vez el conjunto de ruinas de Panamá La Vieja. "No me imaginé que fueran tan grandes", llegó a decirme un norteamericano. Más increíble les parecía todo al saber que en ese exacto lugar se había fundado la primera ciudad a orillas del Pacífico en 1519 y que desde entonces, nos convertimos en ruta obligada de tráfico.
La historia se torna más interesante aun al detallar la cantidad de personas que durante ese tiempo vivía en la ciudad y de muchas otras que acompañando las riquezas provenientes de lugares lejanos, que fueron también colonizados, dedicaban meses a cruzar el istmo a través del Camino Real y el Camino de Cruces.
Los ojos de asombro se mantienen en los visitantes al contarles sobre el ataque de los piratas. ¿Cómo es que llegaron al Pacífico si ellos navegaban por el Caribe? ¿Y es que todo se perdió?
Las respuestas llegaban al continuar el tour en el área del Casco Viejo. La fachada de la iglesia de Nuestra Señora de la Merced y del Altar de Oro de la iglesia de San José son solo muestras de lo que los habitantes de la ciudad hicieron para seguir adelante.
Parte de la muralla que rodeaba la nueva ciudad, calles adoquinadas y los rieles del antiguo tranvía hablan de otros tiempos. El trabajo de herrería en los balcones y las ventanas y puertas redondeadas dan fe de la presencia francesa en tiempos de la Compañía Universal del Canal Francés.
La visita es todo un festín arquitectónico que ofrece detalles coloniales, como la Casa Góngora, Las Bóvedas y la Catedral Metropolitana. También se hace presente el neoclásico, como en el Palacio Municipal y la sede del Instituto Nacional de Cultura, que anteriormente ofreciera cabida a la Corte Suprema de Justicia y a la Asamblea Nacional de Diputados.
¡Qué hermosa vista la que observan los ojos de los turistas! No dejan de tomar fotos y filmar desde todos los ángulos.
Desde allí se observa claramente cómo ha ido creciendo Panamá hasta convertirse en lo que es hoy.
De barrios con hermosas residencias como La Exposición y Bella Vista, llegamos con la mirada hasta Punta Paitilla.
¿Son edificios de oficinas? No. A diferencia de otros países, la mayoría de los altos edificios que adorna la ciudad son residenciales.
Y, ¿no hay terremotos? ¿No hay huracanes? ¿No hay volcanes?
Panamá es una tierra bendecida, que a pesar de ser una estrecha franja entre dos mares, solo llega a sufrir daños colaterales de desastres naturales que asolan sin piedad otros territorios.
Mientras que en toda Centroamérica hay constantes movimientos de tierra, en Panamá son una rareza, lo que ha permitido que osados arquitectos busquen cada día llegar más alto.
Justo del otro lado, el panorama cambia notablemente. Se llega a los límites de la ciudad marcados por una brecha de agua, el Canal de Panamá. Desde Las Bóvedas se observa una hilera de barcos, un camino de piedras que une tres islas y que fue formado, al igual que el rompeolas de Colón, con el material extraído del corte Culebra.
La calzada de Amador ha jugado varios papeles en la historia desde su formación; entre ellos, fue un puesto de defensa militar durante la II Guerra Mundial. Actualmente es sitio de diversión y de turismo con tiendas, restaurantes, lugares de diversión nocturna y un muelle de cruceros.
Más allá está el Puente de las Américas, no tan antiguo como el Canal, pero tan representativo para nuestra ciudad como el Golden Gate para San Francisco.
Del Casco Viejo partimos hacia el área canalera, plena en vegetación y fauna. En el área hay varias zonas protegidas donde habita una inmensa cantidad de animales y la vegetación es un espectáculo para el amante de la naturaleza.
Cruzamos las líneas del ferrocarril y nos acercamos a una de las instalaciones del Canal de Panamá. Si tenemos suerte, justo en ese momento un barco estará en una de las cámaras de las esclusas. Los turistas se sienten privilegiados de ser testigos del funcionamiento de la llamada Octava Maravilla del Mundo. El agua entra, se alteran los niveles, la tripulación y los pasajeros de la embarcación saludan. Toda una experiencia.
La jornada está por terminar, no así las preguntas. ¿Compras? Hay lugares para todos los presupuestos. ¿Gastronomía? Solo especifique de qué país. ¿Diversión? Centros nocturnos, casinos y una cartelera de espectáculos cada vez más variada.
Esta es la ciudad donde vivo y donde vive la mayoría de ustedes, lectores. Solo nos faltan los ojos de asombro de aquellos que ven cosas nuevas y diferentes. Mire su ciudad con ojos de turista.
Panamá Viejo
¿Cuánto hace que no visita las ruinas? En los últimos años se han dado cambios importantes, trabajos de restauración y hallazgos arqueológicos. Deténgase y note la diferencia.
El Canal de Panamá
Cuenta en la actualidad con un museo en el área del Casco Viejo y un moderno Centro de Visitantes. El paseo será muy diferente al que usted dio cuando estaba en la escuela. Lleve su cámara digital y aproveche para almorzar.
Paraíso de compras
Todo depende de su presupuesto, pero aunque sea para hacer window shopping, la ciudad cuenta con una gran variedad de comercios que le hacen pensar que ya no hay que salir para encontrar tal o cual marca o producto.
Ecoturismo
No hay que salir de la ciudad para hacer actividades al aire libre como campismo, trekking, rappel, ciclismo de montaña, observación de aves o un simple día de campo. Mida sus aptitudes y capacidad física y disfrute.
Panamá
El descubrimiento del Mar del Sur por Vasco Núñez de Balboa en el año de 1513 sería crucial para la fundación de la ciudad de Panamá.
De esa establecida base partirían las expediciones que realizarían nuevos descubrimientos. De Panamá partió Francisco Pizarro, quien se convertiría en el conquistador del Perú.
A través de la ciudad de Panamá transitaría un gran porcentaje de las riquezas obtenidas del joven continente americano.
Esta fue la razón por la cual los piratas que azotaban el Caribe decidieron aventurarse en el que fuera uno de los más osados de sus proyectos: cruzar el Istmo de Panamá hasta llegar a la ciudad establecida a orillas del Pacífico para lograr de allí grandes riquezas.
El ataque del pirata Henry Morgan y sus hombres se llevó a cabo en 1671. Un incendio arrasaría con la ciudad.
Dos años más tarde sería elegido el nuevo lugar que albergaría a Panamá. Esta vez se tomaron algunas consideraciones de seguridad: la ciudad permanecería cerrada con una ancha muralla de piedra, un cerro la protegería de posibles ataques y el hecho de que barcos de gran calado no pudieran acercarse a sus costas haría más difícil llevarse una sorpresa por parte de visitantes indeseados.
De esta forma vuelve a crecer la ciudad de Panamá hasta convertirse en lo que es hoy en día.