En 1898 se descubrió oro en Klondike. Más de 10 mil personas fueron en pos de sus ambiciones doradas. Como en un éxodo moderno marcharon rumbo a Alaska con la ilusión de encontrar fortuna por esas tierras.
Muchos hombres y mujeres regresaron a sus hogares con las manos vacías y con mayores necesidades. Uno de ellos, un vagabundo, tuvo que comerse sus zapatos para vencer al hambre, se enfrentó a un asesino que lo confundió con un pollo, tuvo que sobrellevar las inclemencias del medio ambiente y eliminó a un oso, pero al final Charlot encontró el amor de su vida en una chica de alterne.
Ese fue el punto de partida del melodrama La quimera del oro, cinta que se estrenó hace 80 años, el domingo 16 de agosto de 1925, en Estados Unidos, y que le brindó a Charlie Chaplin una verdadera independencia creativa y financiera.
La quimera del oro era considerada por el crítico y escritor Guillermo Cabrera Infante como "la obra maestra del Chaplin mudo y una de sus películas más complejas; solo la aventaja Tiempos modernos".
Este filme fue dirigido, protagonizado, escrito, producido y montado por Chaplin, que volvió a demostrar su enorme capacidad de hombre orquesta.
El gran personaje de esta película es sin duda Charlot, ese triste vagabundo que era objeto de burla y abandono por parte de los poderosos, pero que en esa ocasión fue feliz al término de la historia.
Esta película, con reminiscencias a las novelas de Dickens y Balzac, también se basó en otro hecho: entre 1846 y 1847 la expedición Donner quería llegar a California y terminaron por equivocación en Sierra Nevada. Murieron 42 de los 89 hombres que la conformaban y varios de los sobrevivientes tuvieron que practicar el canibalismo.
La quimera del oro fue uno de los títulos más lucrativos y alabados salidos de la productora United Artist, que Chaplin fundó junto a los actores Douglas Fairbanks y Mary Pickford y el director David Wark Griffith.
La quimera de oro fue todo un fenómeno de masas. Costó 650 mil dólares, una cantidad bastante considerable para el año de 1925, pero solo en Estados Unidos recaudó la increíble suma de dos millones dólares, más otros cinco millones y medio que obtuvo en el resto del mundo. Negocio redondo para Chaplin.
La película tuvo sus escollos. Tardó 14 meses en ser terminada, entre inicios de 1924 y mayo de 1925. Chaplin fue casi todos los días al estudio por más de un año y estaba convencido de que este sería el filme que lo llevaría a la ruina, pues buena parte de los gastos de la producción corrieron por su cuenta.
Por una parte, las tomas filmadas en escenarios reales en las montañas californianas de Truckee, a donde Chaplin fue con todo su equipo interpretativo y técnico, tuvieron que volverse a hacer en estudios. Es decir, se tuvieron que construir todos los escenarios. De las tomas verdaderas solo se usaron las de personas buscando oro en la nieve y unas cuantas escenas panorámicas de montaña.
A esto hay que sumarle que la protagonista de La quimera de oro era Lita Grey, pero la actriz, luego de días de filmación, anunció que estaba embarazada y tuvieron que encontrarle reemplazo en Georgia Hale. Ah, la ausencia fue comprendida por completo, pues el padre de la criatura era el propio Chaplin.
La quimera de oro ganó en 1927 un premio en el Kinema Jumpo de Japón. En 1925 todavía no existía el Oscar, aunque la estatuilla dorada siempre fue esquiva con Chaplin y su obra cinematográfica.
Para 1958 se realizó un festival histórico en Bruselas y 117 historiadores de 27 países votaron por las mejores películas filmadas hasta ese momento y La quimera del oro empató en el segundo lugar con El ladrón de bicicletas (1948, de Vittorio de Sica).
En 1992, el Consejo de Preservación de Cintas del Congreso de Estados Unidos incluyó La quimera de oro como pieza esencial del siglo XX.
Hay por lo menos tres versiones de La quimera de oro. La de 1925, una realizada en 1942, en la que se le agregó sincronización musical y se cortaron minutos, y una que Chaplin editó para una proyección especial en junio de 1945 en el Chinise Grauman's Theatre, en la que su voz reemplazaba los intertítulos obligados en las películas mudas.
La quimera del oro será recordada por esa escena en que el vagabundo se come su zapato impulsado por el hambre, y por la secuencia cuando unos panecillos, unos tenedores y las manos del vagabundo hacen un baile que recuerda poéticamente un espectáculo de ballet.