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panorama@prensa.com El periodista anónimo, como cualquier ciudadano, tiene aspiraciones de viajar. Así que salió a la calle, decidido a conseguir su pasaporte. Pensó que el trámite no sería complicado y decidió tomar una hora de su trabajo para realizar las gestiones en la oficinas de la Dirección Nacional de Pasaportes, ubicadas en la Avenida Perú. Lo que nunca imaginó es que la hora no le alcanzaría ni para superar el reto de las diversas filas frente a múltiples ventanillas. El consuelo que le dieron: "antes era peor". Llegó a la institución a las 8:30 de la mañana, calculando que en poco tiempo podría obtener el documento y seguir en la búsqueda de noticias para el periódico . Al entrar, lo primero que vio fue un cubículo que decía "información". Por ser su primera vez y no conocer el proceso, formó una fila en la que ya había 12 personas, entre ellas Carmen Sófer, que intentaba obtener información sobre cómo sacar un pasaporte para sus dos hijos. —¿Vinieron los niños?, le pregunto la funcionaria. —Sí, respondió Sófer. —¿Y el padre? —No, no vino. —Tiene que venir el padre. —Pero nosotros estamos divorciados. —Tiene que venir el papá, repitió la funcionaria. —Señora, por lo mismo nos divorciamos, para no tener ningún tipo de contacto. Sófer suspiró profundamente, se salió de la cola y tomó de las manos a sus niños: "¡Vámonos!", exclamó. No pudo hacer nada sin el padre de los niños. La razón es que, desde el pasado lunes, para la obtención de pasaportes de menores es indispensable la presencia física de ambos padres. Algo parecido le pasó a un hombre de rasgos asiáticos, pero con mejor resultado. Gracias al celular pudo localizar a tiempo a su esposa para que lo acompañara, culminar el trámite y obtener el documento. Al llegar su turno, el periodista anónimo preguntó sobre los requisitos para hacer la solicitud por primera vez. "Certificado de nacimiento, copia de la cédula y cuatro timbres de a dólar", respondió como una grabadora la funcionaria de turno. Primera lección, si se llega con las manos vacías el trámite se complica. Tuvo que ir al Tribunal Electoral para pedir su certificado de nacimiento, por el que debió pagar 2.50 dólares, y formar otra fila de 15 minutos [Estos trámites -y mucho papeleo- bien pudieron acelerarse mediante el sistema de verificación electrónica que tiene el Tribunal Electoral]. Pero la historia no termina ahí. Tuvo que ir al banco y formar otra cola para comprar los timbres. De regreso a la institución, hizo la rutina inicial: formar la cola para que la misma funcionaria verificara los documentos, diera un número —le tocó el 58— e indicará el próximo paso. "Suba las escalera al segundo piso... allí lo llaman". Ha transcurrido una hora desde que inició las gestiones. Ahora tiene que esperar para que otros funcionarios lo llamen, reciban sus documento y empiecen a teclear. La sala de espera tiene suficientes sillas y aire acondicionado. Acaban de llamar al número 36. La espera continúa. El tiempo corre y no se ha completado ni la mitad de los trámites. Después de 45 minutos, un altavoz anuncia el número 58. ¡Bingo! Apresurado, entrega sus documento y el funcionario le ordena que se siente nuevamente. ¡Uufff! "Nosotros lo llamamos", reitera el funcionario. 20 minutos después lo llaman de nuevo. — Anote aquí su dirección completa y número de teléfono. ¿Listo? Puede sentase. Hubo un tercer llamado. Esta vez para pasar a la caja y pagar 50 dólares, que es el costo por el documento. Luego de formar otra cola y esperar unos ocho minutos para tomarse la fotografía, hay que sentarse de nuevo. Todavía el periodista sin rostro no tiene el pasaporte. Entre tanta espera, colas,llamados y escaleras, han pasado dos horas. El reportero empieza a preocuparse. Los panameñistas conmemoran la muerte de su líder, en el Canal se calentaba la batalla por la administración, y en el Palacio de las Garzas el presidente sufría quebrantos de salud. Había mucho trabajo por delante. No fue hasta las 11:35 a.m, tres horas después, cuando otra funcionaria lo llama por su nombre: Anacleto Comosellame. Le dan una tarjeta azul y le advierten que revise muy bien sus datos. Luego dicta el número del pasaporte y le pide que anote el nombre y firme en un libro de constancia. Fin de la misión pasaporte. ¡Uf! Relacionado: Requisitos para solicitar el pasaporte ordinario Además en Panorama
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