| ELECCIONES.
¡Hasta cuándo lo mismo!
Oswaldo Álvarez Paz
Las elecciones del pasado domingo, caracterizadas por la ausencia de electores, ha sido la mayor manifestación de rechazo a un régimen, y a su expresión electoral más sumisa, el Consejo Nacional Electoral, que se recuerde en la historia de Venezuela. A pesar del grosero abuso de poder y ventajismo oficial, de las descaradas violaciones constitucionales y legales y de las amenazas atentatorias contra la dignidad y los derechos ciudadanos, el ausentismo superó el 85%. Las capitales de los estados y municipios del país parecían ciudades fantasmas y los centros de votación grotescas caricaturas de lo que en su tiempo fue la democracia más sólida y ejemplar de Latinoamérica. "Más botas que votos", decía la mancheta editorial de uno de los diarios más prestigiosos de la nación, síntesis del preocupante proceso de militarización del país.
Como auténticos demócratas, no estamos felices por haber tenido razón al prever estos resultados. No somos abstencionistas profesionales, pero esta fue, además, la respuesta popular a los fraudes del revocatorio el 15 de agosto y del 31 de octubre del año pasado, y a la conducta de un árbitro que, de maniobra en maniobra y negocio en negocio, implantó un sistema electrónico altamente sofisticado que permite adulterar la intención del voto sin dejar rastros ni huellas.
Se trata de un esquema millonario en dólares que sirve hasta para la exportación y puede hacer las delicias de no pocos truculentos regímenes del continente. Venezuela es el único país "democrático" con votaciones sin escrutinios. Muere uno de los instrumentos fundamentales de la democracia. Pero, lo imposible de alterar fue el número de votantes en las mesas electorales, a la vista de todo el mundo y de unos medios de comunicación atentos. Lo intentaron con prórrogas al margen de la ley, abultando el resultado en cerca de medio millón de electores, movilizados nerviosa y tramposamente.
De esta manera, si bien es cierto que no se altera la ecuación de poder, que Chávez y su régimen continúan, desaparece el mito de su poder de convocatoria y de su popularidad, la credibilidad de encuestadoras que hasta ayer le daban carácter mitológico a esos factores y también el peso, el gastado prestigio, de partidos tradicionales viejos y nuevos que desde la oposición se prestaron a participar. Increíble.
Todos juntos, incluido el chavismo neto, solo lograron llevar a los centros de votación, en el mejor de los casos, algo más del 10% de electores. Venezuela no acepta un destino impuesto. Rechaza una revolución a la cubana. No es ni será comunista, ni "socialista del siglo XXI". El castro-chavismo podrá seguir adelante, pero tendrá que intentarlo a sangre y fuego. Imposible hacerlo en democracia y libertad. Vienen tiempos duros y difíciles y, sin caer nuevamente en trampas electorales, hay que prepararse para combatir en todos los terrenos. Dentro y fuera del país se escucharon, atentamente, los gritos del silencio electoral.
El autor es periodista
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