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Panamá, miércoles 10 de agosto de 2005
 

guerra.

Nunca olvidarán Irak

Bob Herbert

WASHINGTON. El soldado de cuarta clase Hugo Luis González sabe que nunca será el mismo. Ahora, apenas si puede ver. La capacidad visual en el ojo derecho es nula, y apenas si ve con el izquierdo. El daño de la herida que sufrió en la cabeza juega con sus estados de ánimo, y hay problemas técnicos con la cinta de su memoria.

"Nos emboscaron", dijo con suavidad. "Tengo que decir que fui muy, pero muy afortunado esa noche. El ángel de la muerte puso su nube sobre mi cuerpo. Pero estoy vivo". González es uno de muchos miles de tropas estadounidenses que han padecido heridas discapacitantes en Irak. Sus experiencias terribles y desgarradoras no reciben mucha atención. Para la mayoría de los estadounidenses, estas tropas, muchas de ellas sin brazos o piernas, o paralizadas o quemadas terriblemente, están fuera de la vista y muy alejadas de la mente.

El domingo, en Reliable Sources de CNN, se dio una discusión sobre la fatiga iraquí, la idea de que los televidentes, lectores y editores se están cansando de historias sobre la guerra y la cantidad de muertes. Sin embargo, a pesar de la fatiga, la guerra sigue imponiéndose sobre nosotros con acontecimientos que sacuden, como la terrible cantidad de bajas mortales de los infantes de marina estadounidenses esta semana.

González resultó herido en un ataque que estalló en la oscuridad de la 1:00 de la mañana del primer día del verano de 2004. Iba de patrullaje en una "cubeta", una Humvee abierta en la parte trasera como un camión de servicios públicos y no estaba blindada. Todo el mundo comprendía que el vehículo era peligrosamente vulnerable a un artefacto explosivo improvisado (AEI), así es que se diseñó un sistema para rotar las tropas que iban en él. Es justo pensar en esto como una versión carretera de la ruleta rusa.

"Era toda una experiencia preparar ese vehículo para salir", explicó González, "porque se sabía que si sucedía algo, era definitivo que nos iba a tocar; definitivamente, nos iba a tocar. Poníamos tantos sacos de arena como era posible en el piso, con la esperanza de que pudieran salvarnos la vida".

Le pregunté si había hecho alguna otra cosa para prepararse. "Sí, claro -dijo- rezar. Y después, se respira profundo antes de pasar la reja para iniciar la misión. Se inhala en ese momento. Y cuando se regresa de la misión, se exhala".

Esa mañana, a González lo tuvieron que cargar al regresar de la misión. "La cubeta" se topó directamente con un AEI y se desató una feroz batalla con rifles con los insurgentes. Fragmentos de la explosión entraron a la cabeza de González.

"Recuerdo haber tratado de bajarme y llamar a un médico", dijo. "Perdí el conocimiento en el piso", añadió.

Se le practicó una cirugía de urgencia en Bagdad, y después, llevaron a González, quien tiene 32 años, por avión a Alemania y finalmente al Centro Médico del Ejército Walter Reed en esta ciudad. Temporalmente, se le removió una parte del cráneo a causa de la inflamación del cerebro. Desde entonces, ya se la volvieron a colocar, y todavía lo están tratando en el Walter Reed.

Entrevisté a González, en las oficinas silenciosas, con aire acondicionado, de la organización Veteranos Estadounidenses Discapacitados, que lo está ayudando a prepararse para la transición a la vida civil. Estaba sentado rígidamente en la orilla de un sofá, con la mano izquierda agarrando firmemente la rodilla de su esposa, Any, quien tiene 27 años. Se casaron en febrero pasado.

"Ahora, ella tiene que ser mis ojos", dijo.

Le pregunté a González si alguna vez se había deprimido durante su experiencia terrible. "Sí, me pasó, señor", declaró. "En realidad, ahora me estoy deprimiendo más que al principio", agregó.

Tras una pausa, expresó: "La frustración me entristece algunas veces".

Se ha deteriorado su capacidad de concentración, dijo.

Este es el tipo de sacrificios que algunos estadounidenses están haciendo debido a la guerra. Si ya estamos hartos de oír sobre las tropas que están muriendo, no queda mucha esperanza de que los heridos reciban mayor atención.

González dijo que su preocupación principal, la inquietud que lo mantiene despierto por las noches, es lo que le espera cuando finalmente salga del hospital y regrese recién casado y sin muchas de las herramientas que daba por descontando al mundo real.

The New York Times News Service

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