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Panamá, domingo 31 de julio de 2005
 

POBREZA. EL BARRIO NACIÓ EN 1971 Y DESDE ENTONCES ES SÍMBOLO DE MISERIA.

A Curundú se lo quiere llevar el viento

El corregimiento es el más pobre del distrito de Panamá. Allí viven alrededor de 22 mil personas.

LA PRENSA/ Demóstenes Angel
VIVIENDA. Balcones reparados, tendederos copados, basura, aguas negras y desperdicio se confunden con los colores de las paredes de las barracas.542575
Sady Tapia
stapia@prensa.com

El panorama no es agradable. Pobreza, delincuencia y un olor que detiene la respiración son parte de la rutina de quienes viven en el corregimiento de Curundú, que desde su fundación, en 1971, parecía estar sentenciado a la miseria.

Curundú fue, por mucho tiempo, sólo terrenos baldíos que, poco a poco, fueron ocupados por precaristas que construyeron sus casas con madera, cartón y zinc.

Hoy, 34 años después, los viejos caserones parecen moverse al paso del viento, la población y el desempleo, mientras la delincuencia siembra el miedo y la falta de viviendas adecuadas ponen en peligro a los habitantes del barrio.

Grandes estructuras que en su momento albergaron compañías como la Coca Cola y la Datsun, hoy son el techo de indigentes.

La basura y las aguas negras circulan debajo de las barracas que forman el paisaje común del área, mientras las alimañas hacen lo suyo y los niños comparten con ellas el patio negro de la contaminación.

Las quejas

DESIDIA. La mayoría de los caserones fue construida hace más de 20 años y sus residentes temen que el viento las derribe.
El rostro de Adriana González, de 58 años, bien puede contar su historia. Con la mirada cansada y más arrugas de las que debería, Adriana trabajaba de joven como doméstica en casas de familia, pero con el pasar del tiempo ya nadie la quería contratar. La necesidad la obligó, entonces, a construirse una pequeña fonda de zinc afuera de las barracas donde vive. Ha sido este negocio el que la ha ayudado a sobrevivir durante los últimos 15 años.

"A veces las ventas me dan para mis necesidades, a veces no", cuenta.

Lo que más le preocupa a Adriana, que lleva 40 años de vivir en el sector, son las balaceras que se forman. "Yo estoy aquí y de repente tengo que buscar donde esconderme", dice.

Carlos Hurtado, por su parte, no ve el día que pueda comprar su casa y salir del área, pero sus ilusiones se desvanecen cuando se estrellan con la realidad. Con 24 años, asegura que por falta de referencias no puede aspirar ni a alquilar un apartamento.

TÉCNICO. Todos acuden donde Alberto ‘Chatin’ Gayle, el tapicero, para cualquier tipo de arreglo.
Buhonero a ratos y otras veces barbero, Carlos trabaja temporalmente en una empresa de nombre Global Marine.

"Yo puedo pagar fácil una casa porque en un día me estoy haciendo entre 50 y 60 dólares", asegura.

Alberto Gayle, de 64 años, vive en las barracas conocidas como "El triángulo de las Bermudas", y aunque podría pensarse que el nombre responde a la forma, la verdad es que el mote le viene por las pocas probabilidades que hay de salir del lugar.

Desde que los estadounidenses se fueron de Panamá, Gayle se siente como "pez sin agua". De ellos dependía y ahora se dedica a reparar un abanico de cuando en vez.

Las Respuestas

VISTAZO. Es como un poema: en los cuartos de Curundú, el sol es aristocrático.
Casa, trabajo, mayor seguridad y mejores condiciones de vida. Eso es lo que piden los habitantes de Curundú.

Pero las respuestas son muy pocas. Senen Mosquera, representante del corregimiento, dice que los recursos de la Junta Comunal son escasos: 22 mil dólares mensuales.

"Con mucho esfuerzo tratamos de resolver algunas cosas, pero no estamos recibiendo todo el apoyo", manifiesta.

No obstante, la ministra de Vivienda, Balbina Herrera, ha dicho que la institución no puede entrar a Curundú centro hasta que no se dé un compromiso de parte de la comunidad de respeto y seguridad.

No obstante, las autoridades del Ministerio de Vivienda (MIVI) ya han logrado arreglos con otros sectores del corregimiento para solucionarles el problema de la titulación de sus tierras, como Brooklincito, Viejo Veranillo y Cabo Verde.

Los planes de la Policía Nacional (PN), por su parte, parecen no ser contundentes. Su subdirector, Juan Cerezo, señala que trabajan en conjunto con la Junta Comunal para capacitar y orientar a los jóvenes que desean superarse.

El asunto resulta hasta paradójico cuando se piensa que la sede de la Policía está a pocos pasos de este barrio pobre y violento. Y que, pocos metros más allá, entre el verde de las áreas revertidas, se alza imponente la vivienda del presidente, Martín Torrijos.

(Vea A6)


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