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Panamá, domingo 31 de julio de 2005
 

GOBIERNO.

Nuevo pacto social es urgente

Virgilio Perignan

La muerte de Omar Torrijos conmovió al mundo humanista, hace 24 años, cuando, restaurada la dignidad nacional, Panamá ganaba un espacio honroso en la geografía política mundial.

Al entrar en la historia reivindicado el Canal, él renunció a la jefatura del Estado replegándose a los cuarteles e hizo público el proyecto de país democrático para encarar las tareas sociales urgentes. Sin embargo, la fatalidad truncó el sueño democrático y se cumplió la amenaza del presidente Reagan, opositor acérrimo a la panameñización del Canal. El corazón indómito del patriota se detuvo para siempre en un "accidente aéreo", aún no aclarado, en el cielo de aquella mañana de 1981. Extraños nubarrones auguraban tormenta.

El proyecto país democrático apuntaba en 1978, a modernizar el Estado con una democracia de amplia participación y, justa distribución social de las riquezas; el desarrollo sostenido y el uso más colectivo posible de las áreas revertidas, reformar la Constitución y llamar a elecciones generales en 1984.

Paradójicamente en 1979, una marcha enorme de educadores decapitó en las calles la reforma educativa propuesta por Torrijos y se fracturó el vínculo del reciente PRD con las capas medias y el movimiento popular. Los desatinos del gobierno de turno y la ingenuidad gremial, no dejó advertir la confabulación civil y militar que buscaba impedir el retorno de Torrijos al primer plano del poder por la vía electoral. El truco del eslogan democracia vs militarismo, hace patente hoy, el daño grave a la educación y a la juventud, a los valores humanos y patrióticos de los pobres del campo y la ciudad, y del empeño perverso de sus detractores por restar legitimidad al paradigma torrijista.

Desaparecido el líder, el movimiento sufrió herida mortal. El PRD, apartado del proyecto nacional y arrastrado a agendas de terceros, inició el proceso de pérdida de credibilidad, perdiendo buena parte de su base social y autonomía. La corrupción y el creciente autoritarismo militar terminaron por socavar a la institución castrense que debía ser garante de la continuidad del proceso torrijista, y condujo a la aciaga invasión de 1989. El aliento nacionalista que restañó las heridas de la patria mancillada, fue traicionado por el autoritarismo civil que se apropió de las recetas neoliberales conservadoras y, por el regreso a la barbarie del clientelismo político con la secuela del narcotráfico.

En el siglo del Canal panameño, el mandato histórico de Omar Torrijos espera, está vigente la propuesta democrática de participación social incluyente consignada en el programa del PRD, la cual condujo a su hijo a la presidencia 23 años después.

La actualidad del legado torrijista radica en la urgencia de ofertar un nuevo pacto nacional orientado a los nuevos retos que enfrentamos como país y principalmente en su método de conducción; "el que más consulta menos se equivoca", como mecanismo para garantizar la inclusión de los actores sociales, particularmente los más pobres que cifraron sus esperanzas en nuestra oferta electoral. Martín Torrijos ha iniciado este esfuerzo, a través de diversas formas y métodos de participación social como los Consejos Consultivos Comunitarios, que permiten la relación directa entre el gobernante y la sociedad civil organizada.

Este nuevo pacto social, con la opción preferencial por los pobres, es el único garante del país integrado, y con paz social, no dividido y sangrante como otras experiencias hermanas. Por eso el gobierno del partido más grande de la historia política panameña, debe llamar a la unidad con autocrítica, retomar la campaña por la decencia contra la corrupción y cumplir el mandato histórico de Omar, esencia de la patria nueva. ¡Ese es el mejor homenaje!

El autor es miembro del PRD

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