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Panamá, viernes 29 de julio de 2005
 

CORAJE.

Hermosísimo, 24 de julio

Daniel Nelson

Que un país tan pequeño como Panamá pudo codearse con el equipo de fútbol del imperio del planeta es una noticia vigorosa para las páginas deportivas de la historia del fútbol latinoamericano. Vi claro que el despertar del sentimiento ético-patriótico-deportivo fue lo que hizo posible la colosal hazaña futbolística de Panamá. Nuestra Selección Nacional de fútbol poseía una radical panameñía y cosmovisión nacionalista que sin complejos ante los que ostentan grandes poderes y recursos y con el corazón y la lógica de la humildad y sencillez fueron capaces de atraer la atención del mundo entero que también vio claro el salto cualitativo del fútbol panameño por la Copa de Oro. Llegar a una final contra el equipo de USA es tener acceso a los medios de comunicación que ellos controlan absolutamente y olímpicamente.

Ya estamos en la gloria de cara al sol cuando un grupo de jóvenes deportistas amantes de la panameñía, tercos y felices no permitieron "con ardientes fulgores de gloria" que nos invadieran de goles a lo largo de 120 minutos. El espectro luminoso de Armando Pele Dely Valdés, de Rommel Fernández y los caídos del 20 de diciembre os saludan con patriótico regocijo desde el cielo infinito; os abrazan por su extraordinario final en la Copa de Oro y por habernos unido bajo una sola bandera; por enseñarnos a saber amar a Panamá adolorida y desigual y por refundar una Patria con todos y para el bien de todos desde la diversidad cultural étnica; pues al decir de Martí: "El verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber". Vuestro amor infinito a la Patria, esa Patria agradecida de Ascanio y los mártires de enero del 64 tan vivos y presentes en estos momentos; esa generación que no temió, ni se abatió ni se debilitó jamás a USA, les permitió beber del pozo de su sabiduría nacionalista para defender el honor de la Patria, la Bandera de la Patria que todos los lunes se nos enseñó a amarla, respetarla y defenderla como símbolo sagrado de nuestra nación.

La Selección Nacional nos ha hecho arribar en estos momentos a un Panamá luminoso, ya que el fútbol panameño transita cualitativamente en la consolidación de su perfeccionamiento técnico en la línea de una mayor efectividad y originalidad. Hemos sorprendido a los fatalistas, dogmáticos y anti panameños con un pensamiento original de hacer fútbol en la que se mezcló inteligencia y fuerza, disciplina y constancia, dolor y alegría, dureza y rosas y actuar en forma consecuente; actuar como un Quijote en busca de los molinos, sin importar a quienes tenemos que enfrentar en el terreno de juego. Es que el Quijote, esa monumental obra cumbre de la literatura española que cumple 400 años de publicada se podría aplicar a nuestra Selección Nacional que ha sabido sobreponerse a todas las adversidades y dificultades y pensar siempre en Panamá La Grande. Nuestra Selección ganó porque jugó con ojos y alma de Quijote, el personaje creado por Miguel de Cervantes Saavedra, vive en cada batalla futbolística de nuestra Selección sobre todo cuando entendieron que "La diligencia es madre de la buena ventura, y la pereza, su contraria". Por ello, en los más variados escenarios nuestra Selección ha sabido revertir amargos reveses en esperanzadores triunfos.

Miles de hombres, mujeres y niños visiblemente emocionados con honor y decoro consolidaron su panameñía, alzando la Bandera Panameña con el espíritu y la negritud de Gaspar Octavio Hernández para recibir a sus héroes. Hoy miles de panameños y panameñas adoran su ejemplo; para ellos no había imposibles, nada ni nadie logró amilanarlos. Nuestra niñez y juventud quieren ser como los jugadores de nuestra Selección y evitar así el efecto destructivo del consumo, distribución y comercialización de drogas.

¿Por qué la Selección Nacional ganó tan alto grado de cariño, admiración y veneración patriótica de nuestro pueblo? ¿Por qué esa demostración masiva y espontánea del pueblo desde el Aeropuerto Tocumen hasta el Estadio Rommel Fernández para saludarlos y homenajearlos? Estas dos preguntas tienen una sola respuesta: la Selección Nacional y la Marea Roja fueron siempre factores inseparables de una misma causa: el amor a la causa del fútbol panameño; cada día más pleno, más patriótico, más profundo, más técnico, más integral. En la psique del hombre deportista panameño subyace la espinta guerrera de la negritud y lo indígena y por ende habita un hombre de resistencias físicas extraordinarias e impresionantes, que le ha preservado desde los tiempos coloniales. Que nada ni nadie detendrá a la Selección Nacional y a la Marea Roja, de sentimientos y de corazón. ¡Hermosísimo, 24 de julio!

El autor es educador

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