Promesas populistas e inviables
Joaquim Ibarz
Andrés Manuel López Obrador, alcalde de la capital mexicana, no engaña a nadie. En el primer mitin de cara a las elecciones presidenciales del 2006 mostró sus cartas al formular 50 promesas. Pocos las tomaron en serio, por su banalidad o por resultar inviables.
En un acto que contravenía la ley electoral, la pasada semana López Obrador prescindió de su partido, el PRD, al presentarse solo con su equipo de incondicionales, en su mayoría ex dirigentes del PRI con turbio pasado. Habló ante 4,000 miembros de las llamadas Redes Ciudadanas. A la vieja usanza populista, formuló compromisos de todo tipo sin insinuar cómo podría financiar su realización.
Los comentaristas mexicanos califican el programa de López Obrador de ''muestra de incongruencia e irresponsabilidad financiera''.
Aun sin ser candidato oficial, lo prometió todo: regalar 70 dólares al mes a los mayores de 65 años, sean cuales sean sus ingresos; atención médica y fármacos gratuitos para todos; salario mínimo por encima de la inflación; revisar la edad de jubilación; educación pública gratuita en todos los niveles; acabar con la pobreza; crear 200 liceos y 30 universidades, sin mejorar las ya existentes; modernizar el sector energético sin privatizar la industria eléctrica ni el petróleo; construir un tren de alta velocidad hasta la frontera con Estados Unidos.
Aunque dijo muchas ambigüedades, López Obrador sólo fue claro al rechazar cualquier reforma estructural. ''¿Cómo se puede cumplir con esas promesas, con programas que no tienen los países más ricos, si no se aumenta la recaudación fiscal, sin reformar el sistema de pensiones para evitar que esa bomba social estalle, sin realizar reformas en el sector energético y sin impulsar la inversión privada?'', se pregunta Jorge Fernández en el diario Milenio. La opción del alcalde quizá sea, como ha hecho con las finanzas de la capital, multiplicar la deuda pública. Pero México tiene experiencias muy amargas de quienes han seguido ese camino.
Como un calco de las promesas que Vicente Fox hizo en el 2000, cuando el actual presidente era candidato del PAN, López Obrador prometió lo que todo el mundo quiere oír: dinero en abundancia, no subir impuestos, resolver los problemas indígenas, crear millones de empleos, buen sistema de salud, acuerdo de emigración con Estados Unidos, grandes obras públicas. Se comprometió a acabar con la corrupción, pero obvió que sus dos colaboradores más cercanos acabaron en la cárcel por malos manejos.
El profesor Roger Bartra divide las promesas de López Obrador en tres apartados: ''uno, son obligaciones que tiene que cumplir cualquier gobernante; dos, son ocurrencias inocuas e intrascendentes; lo que queda es pura demagogia y algunos puntos son estupideces directas''. Este programa declara Bartra a La Vanguardia ''no tiene perfil de izquierda ni de derecha, no tiene perfil.
En vez de planificar la ciudad o el país, propone parches que le permitan ganar popularidad. Quiere resucitar lo peor del viejo PRI''. López Obrador actúa por libre, al margen de su partido y de las leyes, que le prohíben hacer proselitismo mientras ocupe un cargo público. Anticipó que el viernes 29 renunciará a la alcaldía para dedicarse a su campaña.
De momento, cuando los otros partidos aún no tienen candidato, va primero en las encuestas, aunque en las últimas semanas bajó su popularidad por el aumento de la inseguridad. En septiembre quiere viajar a España para estudiar el funcionamiento del AVE. Promete construir el tren Águila, con una velocidad superior a los 300 kilómetros por hora, cuando el resto de la red mexicana apenas alcanza como media los 30 km/h.
El alcalde salió airoso recientemente de un intento de someterlo a la justicia por desobedecer una orden judicial de suspender obras en un terreno privado, lo que el funcionario vio como un complot del gobierno de Fox para dejarlo fuera de la carrera presidencial.
Ir a juicio le hubiera impedido ser candidato.
López Obrador deberá ahora ir a una competencia interna dentro de su Partido de la Revolución Democrática (PRD), pero allí prácticamente no tiene rival luego que el líder moral del partido, Cuauhtémoc Cárdenas, desistió de competir por la presidencia.
La popularidad del alcalde está principalmente en los sectores empobrecidos de la capital, gracias a programas de ayuda como pensiones para los ancianos y discapacitados, que sus detractores ven como medidas populistas para captar votos.
Pero pese a su popularidad, que aumentó tras el intento de enjuiciarlo, analistas creen que le será difícil llegar a la presidencia debido a la debilidad de su partido y al afianzamiento del PRI en las elecciones estatales del último año.
El conservador Fox derrotó en el 2000 en históricas elecciones al PRI, que gobernó el país por 71 años y fue acusado frecuentemente de corrupción y autoritarismo, pero no logró cumplir ambiciosas promesas de campaña como crear un millón de empleos por año o resolver el conflicto en Chiapas tras la rebelión del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN)
La Vanguardia / The New York Times Syndicate
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