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Panamá, domingo 24 de julio de 2005
 

INFANCIA Y POBREZA.

Reflexiones para una perspectiva hereje

Emilio García Méndez

Ni haberle tirado piedras en vida a la madre Teresa de Calcuta, ni haber cazado a tiros un oso panda en una reserva ecológica, parece que pudieran superar hoy en incorrección política el cuestionar la perspectiva dominante actual sobre infancia y pobreza. Pues bien, precisamente eso es lo que hace mi amigo Jorge Giannareas en un reciente y magnífico artículo llamado "El niño del Día del Niño" (El Panamá América, 19 de julio de 2005). Palabras más, palabras menos, dice el artículo que políticos de mentalidad atrasada (así como organismos e instituciones de diversa laya, agrego yo), cuando de temas de infancia se trata, solo prestan atención a aquellos problemas vinculados a la pobreza. Difícil, cuando no imposible, resulta la interpelación en torno a los derechos de los niños tal como, por otra parte, los mismos (los derechos) aparecen consagrados en las leyes nacionales, los tratados internacionales y en la propia Constitución Nacional. Ni hablar de aquellos temas de alta visibilidad y controvertidos políticamente que involucran abiertamente aspectos álgidos de derechos humanos.

Es que la perspectiva dominante parece resultar casi siempre funcional a una concepción de la política como espectáculo y al trueque de votos, simpatías o recaudación de fondos, donde, dicho sea de paso, los políticos lejos están de poseer algún tipo de monopolio.

Por lo demás, ninguna sorpresa que a esta concepción corresponda una estética y una iconografía de la infancia que, en otra parte se me ocurrió llamar, a falta de mejor nombre, la estética de la porno miseria.

Una concepción como esta, hunde sus raíces precisamente en el descubrimiento moderno (siglo XVII) de la infancia como una categoría social diferenciada respecto de los adultos. Ninguna sorpresa tampoco, que en los orígenes de esta concepción se encuentre un pacto implícito donde los adultos reconocen a la infancia solo por sus carencias.

Te reconozco por lo que no tienes, por lo que no sabes, por lo que no eres capaz: la infancia como incapaz en el burdo derecho de menores o como "período de insuficiencia mental", en la desmesurada y "pedagógica" versión del José Arcadio Buendía de Cien años de soledad.

¿Cómo cuestionar y trascender esta visión, sin morir en el intento, cuando la pobreza material pasea su rostro obsceno en las estadísticas más elementales?

Sin embargo, visto desde una perspectiva hoy "hereje", ¿cómo no hacerlo cuando a estas visiones dominantes corresponden las múltiples formas del clientelismo, la beneficencia y la caridad, cuya verdadera preocupación consiste en la mera reproducción controlada del problema?

Combatir en forma decidida las focalizaciones clientelistas abiertas o encubiertas y colocar con fuerza el debate sobre políticas sociales, tales como el ingreso universal ciudadano para todos los niños y al mismo tiempo concebir a los niños desde lo que pueden y desde lo que saben constituye un riesgo que es necesario enfrentar, y esto no solo desde la política.

El riesgo no esta exento de paradojas. Solo las buenas personas, nos recuerda Hannah Arendt, sufren de mala conciencia.

El autor es abogado y profesor en la Universidad de Buenos Aires

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