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Panamá, domingo 24 de julio de 2005
 

SOCIOECONOMÍA.Investigaciones de niveles de satisfacción ofrecen nuevas respuestas.

El dinero no compra la felicidad

Solo la competencia continua con otras personas parece darnos un grado mayor de satisfacción.

Matthew Lynn

Deje a un lado el portátil. Olvídese de las cuentas. Empiece a planear unas largas vacaciones de verano. Ese dinero de más que intenta ganar no le va a traer la felicidad.

El problema es que no hay mucho más que lo vaya a hacer.

En los últimos años, los economistas– quizá en un intento por despegarse del calificativo de "sombría" que suele acompañar a su ciencia– han estado estudiando los niveles de satisfacción.

La conclusión: el dinero no puede comprar la felicidad, pero tampoco le alegra a uno demasiado.

En un estudio reciente, Andrew Clark, profesor de PSE Ecole Normale Superieure de París, mantenía que la infelicidad es una condición mucho más extendida de lo que se pensaba previamente. No es solamente la consecución de bienes materiales lo que nos hace infelices. Parece que casi todo nos deprime.

Los expertos han prestado más atención a la felicidad por una razón importante. Se han dado cuenta de que el mundo sigue enriqueciéndose. Sin embargo, no parece que sea mucho más feliz.

Para una ciencia dedicada a aumentar la riqueza, esto debe ser una decepción. Es como si la profesión médica de repente descubriese que preferimos no gozar de salud.

Impuestos Más Altos

Las cifras son indiscutibles. La producción en los países más industrializados sigue creciendo, a diferencia del nivel de satisfacción humana. Hay economistas que sugieren que la sociedad necesita impuestos más altos. El objetivo no sería la redistribución de riqueza o el alivio de la pobreza, sino ayudarnos a frenar el tren para intentar ganar más dinero.

Pero puede que esto, según Clark, no funcione tampoco. La teoría muestra que en cuanto conseguimos algo, dejamos de valorarlo.

La lógica es la siguiente. El dinero no compra la felicidad porque a medida que el mundo se enriquece, uno no es el único cuya situación mejora. Todos los vecinos también están mejor. Así que, aunque puede que seamos el doble de ricos que nuestros padres, nuestra posición relativa no ha cambiado.

Resultado: No estamos más contentos.

Riqueza Relativa

"Puesto que nuestra búsqueda permanente de unos ingresos más altos y más posesiones está abocada al fracaso debemos ser menos materialistas o hacer otra cosa", dice Clark en su ensayo Happiness, Habits and High Rank: Comparisons in Economic and Social Life.

"Algunos han sugerido actividades sociales, religión o más tiempo con la familia. Pero, ¿podemos estar seguros de que esto no conlleva los mismos problemas que el dinero? ¿Nos adaptamos a la vida familiar? ¿Hay comparaciones sociales en la religión?

Sin duda Clark quiere llegar a un punto. "Lo que quería afirmar aquí es que el argumento de "el dinero no importa, por lo que deberíamos hacer otra cosa" solo funciona si esta otra cosa no presenta los mismos problemas que el dinero y las posesiones", expresó Clark.

Un Buen Matrimonio

Clark ha estudiado las cosas más importantes que supuestamente nos deben hacer felices. Su conclusión no es alentadora.

Uno podría imaginar, por ejemplo, que un buen matrimonio nos haría más felices. Sin embargo, no hay pruebas estadísticas de ello, dice Clark. El efecto "luna de miel" dura poco. La gente se recupera pronto de un divorcio.

¿Y un trabajo que nos gusta? Me temo que no. En zonas de alto desempleo, la gente sobrevive. Mientras que todos estemos sin trabajo, no deberíamos estar menos contentos. De la misma forma, en zonas donde todos tenemos un buen trabajo, eso no nos hace más felices, tampoco.

Bueno, quizá la religión entonces seguro que nos alivia un poco. Lo verdad es que no. Aunque existen algunas pruebas de que ciertas personas muy religiosas son más felices, tienen que ser miembros del grupo religioso dominante en su zona. De nuevo, son las comparaciones sociales con el resto lo que cuenta, y no la actividad en sí misma.

Cuestión de Estatus

"En lugar de decir que hay muchas otras cosas importantes, la dificultad reside ahora en clasificarlas según cómo nos adaptamos a ellas, y cuánto importa el estatus", dijo Clark.

Eso es cierto. Aunque nada en sí mismo nos hace felices, al menos podemos empezar a dibujar los que nos deja más o menos satisfechos.

Sin embargo, con lo que los economistas que estudian la felicidad parecen estar tropezándose es con una verdad más sencilla. El dinero no nos hace tan felices porque cuando todos lo tienen, ya no vale tanto.

Por la misma razón, esto ocurre con todo. Resulta que la gente es ferozmente competitiva. Ahí fuera hay realmente una jungla.

Lo que nos hace felices es tener más éxito que el compañero de la mesa de al lado, conseguir una mujer más guapa o un marido más rico que otros, o tener un coche más grande que los vecinos de enfrente.

Solo estamos contentos cuando conseguimos algo que es mejor de lo que tiene el resto.

Y ciertamente, mientras la economía continúe llegando a estas conclusiones, puede quedarse con el apelativo de la "ciencia sombría".

El autor es columnista de Bloomberg News.


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