¿Existen normas gramaticales especiales para escribir los mensajes que son transmitidos a través del ciberespacio?, me pregunta un lector. La respuesta es: no. La internet es solo una plataforma que almacena millones y millones de textos de todo tipo en todas las lenguas. Los principios básicos del lenguaje no varían en esa plataforma.
Nos choca en un principio lo que ocurre en el ciberespacio, pues estamos acostumbrados a identificar la palabra con el papel, y nos cuesta pensar, sobre todo a los usuarios de la era pre-informática, que la palabra se haya liberado del papel. El libro hoy está en internet sin papel y rebosante.
En la plataforma ciberespacial domina ampliamente el inglés. Es una demostración de la fuerza que ha adquirido ese idioma en el mundo en que vivimos. El español, que también es una lengua internacional que goza de buena salud, es minoritario en la red. Aunque llaman la atención mensajes sin una estructura gramatical adecuada, se impondrán aquellos que, como en el papel, sean escritos con rigor.
La apertura de nuevos sitios web y la transmisión de textos bien escritos y estructurados son un homenaje permanente a nuestra lengua materna.
Se busca tecladista¿Qué se puede hacer para inhibir el alud de errores ortográficos que se cometen en los textos que aparecen en las pantallas de los televisores, sobre todo para acompañar las informaciones que son contadas por los presentadores?
No tengo una respuesta exacta. Los ejecutivos a cargo de la contratación de personal deben ser invitados a un retiro espiritual con énfasis en sentido común, que es un sentido raro. Es más fácil hallar un alfiler en la selva darienita que sentido común en determinadas dependencias y empresas.
Alguien gravemente preocupado por esos textos, cuya ortografía no me atrevo a repetir en este espacio, recomienda que se elabore un perfil de quienes manejan esos teclados, y que incluso pueda ser un corrector de estilo, oficio que cuenta con aval académico universitario.
Alego que ya existe un perfil que puede intuirse de los textos que aparecen, sobre todo en la parte inferior de la pantalla de televisión:
-Habilidad en escribir en contravía a las normas de la gramática española;
-Omitir cualquier tilde o colocarla sobre la vocal que no lleva;
-Trocar s por c; g por j, y v por b;
-Estropear con la fuerza de un ladrillo la sintaxis española;
-No distinguir entre la escritura y significado de lechuga, pechuga y lechuza; Ponuga y Potuga; rayo y rallo; huracán y pelafustán.
Quienes pueden contratar televisión por cable pueden incrementar su cultura idiomática y de pensamiento con compañías que no dejan al azar ese elemento, como el canal Discovery.
Quienes seleccionan a los tecladistas de las emisoras locales de televisión cuidan muy bien esas inversiones millonarias y, de paso, contribuyen con el futuro de la educación nacional. ¡Que el dios de los anunciantes los acompañe!
Lo dijo
Polvo eres y polvo te convertirás. En un ataúd el asunto es más lento. En un fogón incinerador la eternidad se transforma en una jornada de trabajo o algo más. Me asombra que el ataúd esté vivito y en espera de quien no estará vivo. En ambiente tan funerario, una autoridad resbala y se tropieza con esos depósitos, y afirma una y otra vez que son ‘ataúles’. Esa ‘d’ de ‘ataúd’ no está muerta, autoridad. Es ‘ataúdes’. No es raro que se trueque esa ‘d’ por ‘l’, sobre todo porque está al final de la palabra y no es tan frecuente en nuestro idioma. Nuestras palabras terminan en otras consonantes y especialmente con vocales, pero no tantas en ‘d’.
Hablando de la vida y la muerte, qué difícil que muchos figurones no abandonen la expresión ‘en base a’, que es un anglicismo que afecta la sintaxis española. Puede reemplazarse por ‘con base en’, ‘fundamentado en’ o ‘basado en’.