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Panamá, viernes 22 de julio de 2005
 

oportunidad.

Una inesperada explosión exportadora

I. Roberto Eisenmann, Jr.

Nosotros los panameños tenemos la queja perpetua como deporte nacional. Magnificamos cada defecto en la piel de nuestra nación al punto que a veces olvidamos por completo sus bellezas y virtudes... y el privilegio que es para todos nosotros haber nacido en esta bendita tierra.

Pues bien, hay razón para sorprendernos. Recientemente, muy recientemente, se ha iniciado una explosión de extranjeros de países ricos del norte, que se deslumbran con las bellezas y virtudes de nuestro país y su gente, al punto que quieren comprar vivienda en Panamá para pasar 3, 6 meses al año entre nosotros y/o pasar aquí su jubilación en forma permanente. ¿Que qué ven en nosotros y en nuestro país? Ven cercanía a su país natal; ven trópico pero con climas variados muy cerca uno del otro (playa, montaña) y una biodiversidad única; ven un país sin los desastres naturales de otros lares; ven moneda dura sin limitaciones para su ingreso o egreso; ven suficiente población bilingüe; ven un sólido centro bancario internacional; ven hábitos de vida y negocios parecidos a los de ellos; ven democracia electoral estable; ven la mejor de las comunicaciones. Ven una gente que los acoge y les tiene simpatía inmediata, ayudándolos en todo lo que le sea posible y ven poca Inflación, y costos que para ellos son un regalo y les permiten ‘estirar’ sus dólares y/o euros, adquiriendo una superior calidad de vida con el dinero de sus jubilaciones.

Veamos un ejemplo para ir midiendo el impacto de este asunto: Joe y Mary Mendelson (nombres ficticios, pero una pareja real) compran en Coronado lo que consideran un baratísimo apartamento por 300 mil dólares. Emplean abogado panameño y auditor panameño; pagan unos 2 mil 500 para que les organicen sus asuntos en Panamá. Abren cuentas bancarias en bancos panameños y depositan 750 mil (que el banco a su vez presta a empresas panameñas), compran y/o traen muebles y enseres y carro.

Emplean a una muchacha que cocina, y que les limpia el apartamento, y un chofer permanente. Salen a cenar 3 noches por semana a restaurantes en Coronado y la región. Compran súper, gasolina, artesanías, pan fresco durante todas las semanas. Inmediatamente se hacen miembros del Club de Coronado (cuya afiliación, cuota y servicios son un "regalo" comparado a lo que les cuesta en su país natal). Gastan diariamente jugando golf, tenis, visitando la playa, se atienden en el spa 3 veces por semana... y un largo etcétera.

Tienen ingresos (entre jubilación pública y privada, e intereses y dividendos de 25 mil mensuales). Se gastan en Panamá no menos de 15 mil mensuales viviendo como reyes, y ahorran el resto en bancos panameños. Además, se dedican a hablarle a sus amigos del norte sobre su maravilloso ‘descubrimiento’ y los traen a Panamá, produciendo un efecto geométrico de compradores. Cada 3 meses vienen a visitarlos hijos, hijas y nietos; como vemos, representan un gran turismo cautivo para Panamá.

A nuestro país le entran, entre una cosa y otra, 400 mil cuando llegaron, y otros 180 mil anuales, todos los años... con esta sola pareja. Todo este dinero equivale a una exportación de bienes y servicios para Panamá, ya que dinero que estaba en el norte llega, circula, se queda en nuestro país todos los meses, y se multiplica... por muchos, muchos años más.

Y... ¿cuántos Joe y Mary existen?... como 5 millones de "baby boomers" por año, solo de EU, más otro tanto de Canadá y Europa.

¡Es una inesperada explosión exportadora! Es una gran ola que puede ayudar a resolver en poco tiempo el gran problema de desempleo que tenemos, logrando la inclusión social que todos anhelamos.

Para aprovechar al máximo esta ola necesitamos que el equipo económico del gobierno dirigido por Catín Vásquez y Andy Ferrer despierte a este fenómeno ‘caído del cielo’, cambie su religión anti-incentivo, y rápidamente arme junto con el sector de promotores ya organizados y trabajando para promover el país una ley de incentivos para los promotores nacionales y extranjeros, y para los jubilados internacionales, que produzca una geométricamente mayor bonanza de construcciones para este nuevo e inesperado mercado de exportación, que además tendrá sus mayores polos de desarrollo en el interior del país produciendo un impacto social y de desarrollo geográficamente balanceado.

Hay que apurarse, porque aunque tenemos ventajas no somos el único país en busca de este ansiado mercado... cuyos años de bonanza tienen también su final previsto.

Señor Presidente: ¡ponga su equipo a funcionar con urgencia! Esta sola e inesperada industria de exportación puede darle a la economía un vuelco positivo inmediato que resuelva en gran parte el desempleo y su secuela de inaceptables problemas sociales.

No se puede equivocar. Para esto no hay oposición posible. Ponga a los de su gobierno en la onda del "sí se puede", a ver si es que de verdad pueden moverse rápido y con eficacia.

El autor es presidente de la Fundación para la Libertad Ciudadana

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Una inesperada explosión exportadora: I. Roberto Eisenmann, Jr.
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