| TRANSPORTE.
¡Cada media hora, señor!
Wilson E. Quintero
Wilson.quintero@undp.org.pa
No soporto no poder terminar esta pequeña crónica que empecé hace un par de semanas porque sé que todo seguirá igual. Además, hoy estoy vestido de blanco. Estas líneas las escribo porque uso diariamente los buses de la Cooperativa de Transporte de Servicios de Autobuses del Corregimiento de Ancón, A.L., SACA. Empiezo por contarles que los buses están tan destartalados que sólo ustedes y las autoridades se enterarán cuando salgamos, un día en las bellas páginas de sucesos de la prensa amarillista, tres o a cuatro personas mal heridas que iban rumbo a Corozal, Clayton, Gamboa o al Ministerio de Educación.
Los buses están literalmente oxidados, los señores conductores son tan amables como un puño en la cara; la calefacción sólo existe en uno o quizá en dos, que cobran 50 centavos a diferencia de 35 de los demás. Los horarios existen en el papel. Un día recién llegado al país. Le pregunté al encargado de la oficina. ¿Podría decirme los horarios por favor, de ida y retorno en la tarde? El tipo me miró y con seguridad me dijo cada media hora. Y tenía razón cada media hora salen. Pero la media hora de su reloj, que corre en el mismo sentido de la cantidad de pasajeros que se sube. Cada media hora, ¡claro! porque entre esperar en la fila, desayunar de pie y una vez que estás arriba sentarse media hora a esperar a que el señor conductor arranque, sí ha transcurrido media hora pero de algún remoto reloj que siempre marca media hora.
Una señora que está en la fila delante de mí comenta: "si hay gente por qué no hay buses" y otra que está detrás, vestida con un traje blanco igual que yo y con un moño rococó negro en su cabeza, le contesta "siempre es lo mismo, al menos a esta hora deberían tener un bus más". Son las 7:50 a.m. Llevo 40 minutos esperando a su lado y me hacen el rato feliz porque ambas, pese al mal servicio de la Cooperativa, me hablan y en buen panameño me dan algo que sólo se vive en esta angustiante espera: el sufrimiento de un pueblo que hace del sudor una bestial sonrisa, de esas que la pobreza sabe sacar; aunque lo atropellen y abusen de él. Creo que estas sonrisas de nosotros los usuarios revelan la ineficacia del Estado, la rabia que nos da tener que pagar impuestos y tener que soportar el autoritarismo de estas empresas y de sus abusos. Ya sabemos cómo se comportan los conductores de los diablos rojos y que tampoco nos acostumbraremos.
Los autobuses de SACA tienen fama de haber servido con honor cuando estaban los estadounidenses en el país, pero es agua que corre y ahora no son ni la sombra de lo que fueron. Creo que las autoridades deberían pasarse por allí, inspeccionar estos vehículos y si tienen todo en regla o si existe algún tipo de anomalía.
Sí… sé que ustedes estarán pensando que si se encuentran situaciones anormales y sacan de circulación a algunos buses, ¿quién prestará el servicio?, pues yo me hago la misma pregunta porque yo no tengo carro y sé que muchas personas: jardineros, amas de llaves, empleadas domésticas, empleados del Ministerio de Educación, universitarios, trabajadores de empresas que están residenciadas allí en el área, tampoco tienen porque no creo que alguien por mero placer se suba a pasear en estos autobuses temprano en la mañana.
Finalmente si deciden autoridades y particulares dar una vuelta en la terminal de SACA les sugiero no estar de blanco, vayan con el corazón abierto, con ánimos de trabajar, no se estremezcan por ver las aceras engrasadas, el asfalto negro del hollín y el aceite, no se sientan mal por los asientos de cemento pintados de un verde anti-stress de hospital y que usan como dormitorio algunas personas discapacitadas que da pena verles allí tirados mientras nosotros les acompañamos con nuestras miradas diciéndoles ojalá nos los saquen de aquí en la siguiente media hora.
El autor es periodista
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