| PERÚ.
No hay estrategia para repatriar a Fujimori
Juan Mariátegui
Cada vez el pueblo se convence más que Alejandro Toledo no era la persona adecuada para conducir la transición democrática desde la caída de Alberto Fujimori. Y ello en razón de que el caudillo no pudo transformarse en estadista.
Contradicciones de una "macroeconomía" para que festejen unos pocos y problemas socioeconómicos que se han agravado para la mayoría de la población. Corolario: protesta y desencanto que se manifiestan en casi todo el país, en un periodo preelectoral todavía confuso.
En el caso Fujimori casi todas las leyes de la lógica son transgredidas tanto en Japón como en el Perú. En el país nipón, protección manda, poco importa que su nacionalidad dominante sea la peruana, habiendo sido incluso recibido 12 veces como jefe de Estado por el emperador del Japón.
En el país del sol naciente, el ius sanguinis tiene un valor concluyente que supera el ius soli (el hecho del nacimiento en un territorio) y por lo tanto en todos los países del continente americano el ius soli es determinante para el Derecho Internacional.
En el Perú, no es posible ya de aceptar la "lentitud del tiempo" que hay en el Poder Judicial para el caso Fujimori como igualmente que prosigan numerosos procesos contra la mafia fujimontesinista, sin sentencia. Se avanza, pero medidas dilatorias o complacientes (liberación de los Wolfenson) se siguen aplicando.
El Poder Legislativo investiga, fiscaliza, pero no va a mayores en el caso Fujimori y para la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso el prófugo ex presidente no está entre sus prioridades salvo cuando de declaraciones a la prensa se trata, en los 4 sucesivos presidentes que ha tenido esta comisión.
Donde se comprueba que efectivamente no hay una estrategia ni voluntad política para repatriar a Fujimori es en el Poder Ejecutivo, inclusive con el presidente Toledo. El Ministerio de Justicia hizo su parte, con lentitud burocrática y sin vigor.
Tampoco el Ministerio de Relaciones Exteriores aportó su cuota y que era necesaria. No hubo una estrategia, solamente declaraciones a la prensa de cada uno de los 3 cancilleres (García Sayán, Wagner y Rodríguez). Sin estrategia, se entiende por ello, la carencia de una política de hacer conocer bien el caso Fujimori ante la opinión pública japonesa. Se deja de lado, que hay personas y organizaciones niponas que pudieron participar para justificar la posición del gobierno y del pueblo peruano.
Un octogenario, en periodo de jubilación fue llamado por el gobierno de Paniagua y dura con Toledo, para representar al Perú ante el gobierno japonés (embajador Luis Macchiavelo, casado con dama cuyo padre fundó la Universidad Waseda, en Tokio) y su gestión diplomática está lejos de contribuir a repatriar a Fujimori.
Recuerdo que Alejandro Toledo fue profesor visitante en la Universidad Waseda, por un semestre, en 1994, justo antes de regresar al Perú para candidatear a las elecciones presidenciales de 1995. Era la época, en que durante su campaña, Toledo quería ser el constructor del segundo piso del programa económico neoliberal de Alberto Fujimori. ¿Bien raro, no?
En Torre Tagle no hay prisa como tampoco se aprecia en el actual canciller Rodríguez, tan especial, que cada uno de sus errores los hace pasar por logros o éxitos, con una prensa complaciente hacia su persona aunque se critique varios temas de la política exterior peruana.
En consecuencia, hay argumentos jurídicos pero no hay voluntad política en los poderes Judicial, Ejecutivo y Legislativo para repatriar a Fujimori y juzgarlo en el Perú. Mientras tanto, el prófugo sigue jugando al interminable círculo de "trampitas" de que regresa para candidatear para las elecciones del 2006, a pesar de que sus derechos políticos están conculcados por 10 años …
El autor es analista internacional
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