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Panamá, domingo 17 de julio de 2005
 

ACONTECER.

Sociedad de Babel

Xavier Sáez-Llorens
xsaezll@cwpanama.net

Vivimos en una sociedad circense y en vías de subdesarrollo. La mediación de las órdenes religiosas en todo conflicto político, las invocaciones divinas en cualquier inauguración oficial, la mediocridad imperante en numerosas instituciones públicas, el pernicioso juega vivo en cada acto ciudadano, el periodismo vulgar, manipulado o carente de rigurosidad investigativa y los diálogos en medio de espectáculos bochornosos o arengas incendiarias son claros ejemplos de nuestras trogloditas intenciones de retornar a eras paleolíticas. ¡Qué tristeza! Panamá cuenta con gente de buenos modales, preparada, pensante, civilizada, pacifista, sensata, deseosa de progreso y honesta pero lamentablemente parece dominada por individuos con las posturas contrarias.

Apoyo la iniciativa del ex presidente Endara en criticar la creación de un vicariato castrense e intentar que nuestro país represente un Estado laico, abierto y tolerante a la diversidad de creencias existentes. Me pareció extrema, sin embargo, su amenaza de aguantar hambre, aunque probablemente unos días de ayuno hubiesen sido provechosos para su salud cardiovascular. No creo necesario tener que enviar correspondencia al pontífice para explicar esa legítima osadía, aunque ojalá la misiva sirva para que le halen los pabellones auriculares al arzobispado panameño por su nefasta equivocación y agresiva refutación. El momento es propicio para que los políticos modernos entiendan, de una vez por todas, la necesidad de una separación real entre Iglesia y Estado, un evento directamente proporcional al grado de desarrollo de un país.

La policía panameña es una dependencia oficial y afortunadamente ya no está acuartelada. La espiritualidad es algo personal y privado, por lo que tratar de imponer un determinado culto a cualquier colectividad es una actividad dictatorial y anticonstitucional. Peor aún es pretender que el gobierno financie al obispado y sus actividades correspondientes. Otro de los tantos privilegios del que goza la Iglesia católica en Panamá. Todas estas prerrogativas levantan espontáneas suspicacias sobre la decisión de clausurar la voz de críticos periodistas del Canal 5 o, quizás, dejar sin efecto las acusaciones de pederastia al sacerdote de un internado en Atalaya (¿favor por favor?).

Si la intención era aumentar la moral de los policías -aunque dudo que la moral cristiana sea superior a la no cristiana o que la moral religiosa sea superior a la laica, se podría utilizar el dinero estatal que financiaría tal actividad para elevar los paupérrimos salarios de estos cuidadores del orden público. Seguramente, ellos estarían más contentos con mejorar sus ingresos que con exponerse periódicamente a aburridos sermones religiosos. Otra sensata sugerencia sería contratar a psicoterapeutas experimentados para que traten de apaciguar la violencia policíaca usualmente empleada para disolver protestas callejeras, a menos que la intención sea repartir toletazos bajo el amparo celestial. Las concesiones gubernamentales otorgadas a la curia no deben causar extrañeza alguna. Las cúpulas eclesiales, tradicionalmente, se han aliado al poder político, incluso a tiranías fascistas, con tal de conservar influencia, protagonismo y fortuna en la sociedad. "Cosas veredes, amigo Sancho".

Creo firmemente en la libertad de expresión. En ese sentido, censuro profundamente lo actuado contra los periodistas Cuervo de Paredes y Vidal. Por más explicaciones y excusas públicas que se brinden, parece obvio que hubo agenda oculta en la decisión de cerrar los espacios de confrontación. Como era fácil anticipar, esta noticia la han aprovechado anarquistas sociales y políticos de oposición para festinar con el flagrante gazapo. Esta libertad, sin embargo, no debe tampoco llegar hasta extremos peligrosos sino practicarse con respeto y apegada a la objetividad, evitando la calumnia y la crítica malsana, desprovista de evidencia seria. Por tanto, también censuro las actuaciones de algunos periodistas que alegremente arremeten, sin escrúpulos morales, contra personalidades públicas, movidos por odios políticos o celos de poder. Por ejemplo, acusar a la Primera Dama de buscar protagonismo por sus atinadas actividades en pro de los niños discapacitados o al profesor Jované por utilizar instalaciones hospitalarias privadas para atender a un familiar cercano me parecen actos bochornosos carentes de toda ética humana elemental.

Finalmente, no puedo dejar de comentar sobre el tan sonado diálogo para salvar a la CSS. Vaticino, aunque preferiría equivocarme, que esta discusión multitudinaria no conducirá a nada provechoso, particularmente debido a que FRENADESSO forma parte del estéril afán de lograr consenso. Estos pugilistas sindicales no tienen la más mínima intención de llegar a acuerdo alguno. Su lucha es claramente política y después de minar el destino de la seguridad social, seguirán contaminando el tema de la ampliación del Canal y posteriormente a algún otro tópico de interés nacional hasta lograr sus anhelados objetivos: constituirse en una colectividad partidista al servicio de intereses desestabilizadores internacionales. Sólo basta analizar sus actitudes hostiles y chabacanas, llamativos cánticos de obsoletas revoluciones, pintorescas delegaciones y rosáceas vestimentas de combate. Ellos parecen más proclives a exaltar diferencias que a defender igualdades. Me entristece ver a un académico universitario prestarse como estandarte para hipertrofiar este anacrónico movimiento popular, a menos que él tenga intenciones electorales futuras y no tenga la valentía u honradez necesaria para expresarlas públicamente. Exhorto a los médicos y educadores pensantes a desmarcarse de este grupo si pretenden lograr conquistas y recuperar algo de la imagen ya perdida. Exhorto también a los periodistas a reducirles las entrevistas y oportunidades de micrófono, antes que se arrepienten posteriormente de crear líderes mesiánicos que afecten significativamente la convivencia pacífica de nuestra sociedad.

¿Cuándo creen ustedes que Panamá se subirá al tren de la civilización? Hagan sus apuestas. Yo todavía dudo que ocurra en este siglo.

El autor es médico pedíatra e infectólogo

Además en opinión

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Para preservar la gallinita de los huevos de oro: Betty Brannan Jaén
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Uso del idioma en el debate: Max Salabarria Patiño



 
 
 
 
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