El presidente Torrijos admitió su frustración con la administración de justicia, pero ha dicho “que no puede hacer nada”. No entendemos entonces cómo se montó en la pasada campaña sobre la promesa de “cero corrupción” para llegar a la Presidencia. Hasta el más desentendido de los panameños sabe que no se puede combatir la corrupción con una administración de justicia en manos de los actuales magistrados, pues la Corte ha sido fiel garante de la impunidad.
Meses atrás, y luego de otro de los escándalos que nos prodiga la institución, la sociedad entera –incluyendo la Iglesia católica– exigió la renuncia de los magistrados. Torrijos corrió a darles oxígeno y nombró una fútil comisión de reforma judicial. Si los magistrados no han sabido renunciar frente a la permanente crítica ciudadana, que sean juzgados por la Asamblea. Sus fallos dan razones de sobra para su remoción.
Presidente, busque un acuerdo nacional para encontrar juristas probos e independientes, que den garantías a los panameños de que no es una jugada del PRD para reemplazar dañado por podrido. A la mayoría legislativa de su partido podría sumarse el resto de los partidos políticos, y de la ciudadanía que no tolera más sinvergüenzuras.
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