La ciudad del pecado (Sin City) es una película ultra violenta. Es tan brutal como Asesinos por naturaleza (1994, de Oliver Stone) y tan gráfica como La matanza en Texas (1974, de Tobe Hooper), pero su calidad artística la convierte en una película muy superior a estas dos producciones.
Esta película sorprende, atrae e intimida por las mismas razones que puede provocar el rechazo. Pero lo que no admite discusión, es el uso magistral de los planos que utiliza y su puesta en escena tan oscura como delicada. Rodríguez se apunta un acierto estimulante y novedoso con La ciudad del pecado.
Sin City es de seguro el mejor traspaso del cómic a la pantalla grande que se ha hecho en años en la llamada Meca del Cine. Aunque hay adaptaciones memorables como la de Spiderman, X-Men y Batman Begins, La ciudad del pecado las supera en resultados estéticos.
Aunque se lamenta que su contenido desgarrador y sin concesiones la aleje del público más conservador. Es decir, cierto sector de la audiencia verá lo evidente: los actos salvajes de seres desechos moralmente, pero corren el riesgo de dejar de la lado ese halo de denuncia social y ética que manifiesta sin tapujos ni dobleces Sin City.
La ciudad del pecado cuenta con uno de los más completos y sobresalientes elencos que se recuerden en Hollywood. En pequeños o grandes papeles, sin que nadie luche por lucirse por encima del otro, verá en la pantalla a Bruce Willis, Benicio Del Toro, Elijah Wood, Michael Madsen, Mickey Rourke, Clive Owen, Jessica Alba, Josh Harnett, Carla Gugino, Brittany Murphy y Rosario Dawson, entre otros.
Su dirección es un trabajo a cuatro manos entre Robert Rodríguez y Frank Miller, el creador de la historieta para adultos Sin City. Como realizador invitado está Quentin Tarantino.
La presencia como directores de Miller y Tarantino ha servido para que el Sindicato de Directores de Estados Unidos (DAG por sus siglas en inglés) expulsara de su seno a Rodríguez. Para esta agrupación no existe la figura en la que se enmarcó al responsable de Pulp Fiction y opinaron que tomar como base los cuadros del cómic para hacer las tomas no es razón suficiente para considerar a Miller como un director.
Esta decisión le impide a Robert Rodríguez aspirar a un premio de este sindicato y lo pone en desventaja cuando en el futuro quiera aspirar a un Oscar en la categoría de realizador. También tuvo un efecto en su futuro laboral, pues un proyecto que tenía con la Paramount Pictures tuvo que ser disuelto, pues este estudio solo contrata a miembros de la DGA.
Un tipo de familia
Quizá habrá alguien que en este momento diga algo así como: “claro, no puede ser de otra manera, Sin City tiene que ser extremista y dura porque es una labor de Robert Rodríguez”. Será entonces cuando se le deba recordar que este realizador es uno de los artistas con mayor contraste en el cine contemporáneo.
Sí, fue el responsable de propuestas rudas como El Mariachi (1993), que cuenta la leyenda que la rodó con solo siete mil dólares y que después hizo filmes como Desperado y Érase una vez en México. Hasta allí todo bien.
Pero cabría recordar que Robert Rodríguez es al mismo tiempo el innovador director de cintas de acción infantil como la trilogía de Spy Kids y más recientemente The Adventures of Sharkboy and Lavagirl 3-D (2005), inspirada esta última en los dibujos de Racer Maximiliano, su hijo de ocho años. Ah, en esta película actúan sus tres retoños como actores.
Rodríguez, de 37 años, es un hombre eminentemente hogareño. Le gustarán las explosiones y los tiroteos en sus producciones, pero es la clase de persona que instala su estudio cerca de su casa, en un antiguo aeropuerto de Austin (EU), donde rueda varias escenas de sus películas.
Esto le permite compartir más calidad de vida junto a su esposa y productora ejecutiva, Elizabeth Avellan, y hasta revisar las tareas de sus hijos Racer, Rebel y Rocket. Elizabeth está embarazada y el clan sueña con que sea una niña.
Violencia fantástica
La ciudad del pecado (Sin City) se estrenó en la pasada edición del Festival de Cine de Cannes. Como era de esperar, despertó entre los críticos tanto aplausos como gritos de protesta. Una reacción válida, pues una obra de arte no puede pasar inadvertida.
Sin City es un largometraje donde abundan los golpes, los desmembramientos y una que otra cabeza fuera de su cuerpo, pero especialmente muestra a hombres y mujeres que transitan por esa delgada línea que une y separa lo bueno de lo malo.
A simple vista solo hay gente matándose entre sí, pero si está atento, verá que en el fondo Sin City tiene una profunda dimensión psicológica en su trama sobre tres hombres solitarios y atormentados, que arriesgan sus cuerpos, pero también sus corazones, para salvar a las mujeres que aman en una ciudad contaminada por la amoralidad.
Las escenas de Sin City son reproducciones exactas de lo que usted puede observar en las viñetas originales de Frank Miller. Se rodó en un impecable blanco y negro con algún tono de color en cada plano, preferiblemente el rojo de un vestido sensual o el rojo que brota de la piel de una persona herida.
El ambiente decadente y sombrío de Sin City es el característico en los filmes y novelas noir de los años 30 y 40. En esta corriente los héroes son perdedores que por accidente o bien por venganza terminan representando a un sistema judicial en sí corrupto. Conviven en una sociedad agónica y escasa de pureza, donde la oscuridad está dentro y fuera de las almas de sus habitantes.
Robert Rodríguez lo explicó perfectamente en Cannes cuando le tocó defenderse de las acusaciones de fomentar la violencia con La ciudad del pecado. “La violencia de Sin City está en el cómic de Miller. Cuando se acaba la película, se acaba la violencia, que siempre es mucho mayor en la realidad que en cualquier obra de ficción”.
“¡Chuck Jones también fue criticado por violencia!”, respondió por su parte Miller, aludiendo al legendario animador que creó al Correcaminos y al Coyote, entre otros personajes. “Es una de esas palabras de moda”, dijo Miller, que aparece en Sin City encarnando a un sacerdote.
Proceso de transición
En otro aspecto, Robert Rodríguez es un admirador de todos los avances tecnológicos que le ofrece el mundo del cine. En Estados Unidos es pionero junto a directores como George Lucas y James Cameron de la tecnología digital, soporte en el que ahora rueda buena parte de sus trabajos.
De hecho, Spy Kids y The Adventures of Shark Boy and Lava Girl le permitieron seguir explorando un área del que está enamorado: el mundo del cine en tres dimensiones. Sí, esa técnica que le exige al espectador ponerse unas gafas bicolor (rojo y azul) para conseguir el efecto relieve.
Para adaptar el mundo de las historietas de Sin City, Miller y Rodríguez emplearon la tecnología de imitación digital.
“Cuando se trata de adaptar material, es muy, muy raro obtener algo con la calidad de The Silence of the Lambs (El silencio de los inocentes)”, comentó en una ocasión Miller. “Normalmente uno acaba con algo como Catwoman, que solo usa el título y descarta el material que le dio origen”.
Eso no le calza a Rodríguez, autor del libro Rebel Without a Crew (Rebelde sin tripulación), pues le gusta ser fiel a la historia que cuenta y le encanta manejar su propia cámara, editar él mismo y crear muchos de los efectos especiales.
Sin City fue filmada con una pantalla verde como único fondo. Lo único real fueron los objetos que tocaban los actores. Todo lo demás fue introducido posteriormente por un sistema digital usando más de 1,800 tomas de efectos especiales.
“No es posible recrear físicamente mucha de la iluminación de Frank, y por eso tuvimos que filmar con un fondo verde”, comentó Rodríguez en una entrevista a una agencia internacional de noticias. “Pero cuando se ve en la pantalla grande, no se siente como un efecto. Es una abstracción de la realidad. Todo se vuelve como una pintura, y se emplea luz de la misma forma que Frank usa tinta”.
En Sin City se trabajó con los dibujos de Miller tomados por una cámara y con ella recreaban la imagen real. Aunque el filme es en blanco y negro se rodó en color. Eso permitió conservar los colores brillantes en el conjunto general.
Tanto esfuerzo valió la pena, pues esa atmósfera de policías con corazones débiles, matones retorcidos y prostitutas perturbadoras que aparecen en La ciudad del pecado funcionó a la perfección en la taquilla norteamericana.
Se estrenó el pasado 1 de abril en 3,230 salas de Estados Unidos y recaudó más de 71 millones de dólares, más otros 30 en su viaje por el resto del planeta. Semejante desempeño ha conducido a que haya una segunda parte de Sin City para el 2006 y una tercera para el 2008. Los filmes noir siguen siendo rentables.
Convencer a Miller
Más de una vez quisieron llevar al cine Sin City y en igual cantidad de veces el dibujante Frank Miller dijo un rotundo no. Por eso, Robert Rodríguez debía diseñar un plan eficaz para salirse con la suya. Preparó lo que serían los primeros minutos de Sin City, sin tener aún los derechos legales para hacerlo, y se los mostró a Miller gracias a una computadora portátil. La cita fue en un bar y el asunto funcionó a las mil maravillas. “Le dije que no la insultaríamos al transformarla en película. Más bien usaríamos el cine para transmitir fielmente el mensaje del libro”, ha dicho Rodríguez, nacido en San Antonio.