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Definir el terrorismo
534128 George P. Fletcher
Cada era tiene sus enemigos. A mediados del siglo XX, los fascistas eran los malos. Después de la Segunda Guerra Mundial, los comunistas se convirtieron en la némesis de la civilización. Ahora, los terroristas son los amos de la maldad. La palabra "terrorismo" aparece en códigos legales de todo el mundo. Los bombazos en diferentes puntos de Londres el 7 de julio han mostrado que los terroristas siguen siendo los amos del mal en nuestros días.
Pero no siempre es fácil determinar quienes son "ellos", los terroristas. El que las organizaciones sean o no consideradas terroristas es en gran medida una determinación motivada por la política. La ONU constantemente aprueba resoluciones en contra del terrorismo, pero no hay acuerdos sobre cómo definir el término.
Las definiciones oficiales del terrorismo son poco persuasivas. Por ejemplo, en la definición del congreso de EU, el terrorismo incluye la motivación de coaccionar o intimidar a una población o influenciar a un gobierno. Pero esa fórmula no cubre con claridad ni siquiera los ataques terroristas de septiembre de 2001. Si la motivación de los secuestradores de los aviones era simplemente matar infieles, sus acciones quedarían fuera de la definición del congreso.
Es un error tratar de definir el terrorismo de la misma forma en que definimos el robo o el asesinato. Hay demasiados puntos de controversia. Un mejor enfoque es identificar los temas que surgen al pensar sobre el terrorismo y aclarar por qué la gente experimenta miedo a partir de ciertos actos de violencia. Entonces podemos definir el terrorismo con referencia a todas esas variables sin hacer que alguna de ellas sea decisiva.
Los tres principales puntos de controversia son la identidad de las víctimas, los autores de los atentados y la relevancia de una causa justa.
¿Tienen que ser civiles las víctimas del terrorismo? Algunos lo creen así, pero Al Qaeda voló el USS Cole, y la mayoría de la gente consideró el asesinato de los marinos a bordo como un ataque terrorista. La misma lógica se aplica en las directrices para los tribunales militares del presidente George W. Bush, los cuales dan el mismo trato a quienes atacan a militares o a civiles.
Hay una pregunta similar sobre los autores. ¿Pueden ser los terroristas soldados o agentes de un Estado? Los Estados islámicos en el seno de la ONU están en favor de esta postura, y yo creo que tienen razón. La Corte Penal Internacional enjuicia a jefes de Estado por crímenes de guerra. Con la misma lógica, los funcionarios de un Estado deben cargar con la responsabilidad por actos de terrorismo llevados a cabo bajo su administración.
El aspecto más controvertido al definir el terrorismo está reflejado en el lema: "terrorista para unos, luchador por la libertad para otros". El problema es saber si una buena causa justifica medios espantosos. Los Estados islámicos creen que así es, lo que los enfrenta a la opinión occidental.
Quienes optan por el terrorismo siempre creen que su causa es justa. A veces lo es, y a veces no. A ningún estadounidense le gustaría tildar de acto de agresión terrorista en contra de bienes británicos al Motín del Té de Boston. Tampoco los franceses aceptarían que se describiera a los maquisards de la Resistencia como terroristas. Sin embargo, ambos cometieron actos de violencia en contra de bienes y personas, y por ello cumplen con las características convencionales del terrorismo.
Existen otros inquietantes casos extremos. ¿Qué decir del atentado en contra del Hotel Rey David en Jerusalén por parte de la banda de Stern a fin de liberar a Palestina de los británicos? ¿Acaso hay buen terrorismo y mal terrorismo? Para algunos, la causa política cuenta mucho, pero de hecho hay apenas unos cuantos casos históricos en los que la mayoría de la gente de hecho no está de acuerdo.
Detrás del fenómeno, queda la molesta pregunta: ¿por qué es diferente el terrorismo? ¿Por qué requiere una definición especial? ¿Por qué esta forma de violencia nos asusta más que otros actos delictivos?
Una de las razones es que el terrorismo es típicamente una actividad organizada. En julio de 2002, cuando un egipcio abrió fuego y mató a dos personas que esperaban en el mostrador de El Al en el aeropuerto internacional de Los Ángeles, el FBI determinó que el sospechoso no era terrorista porque actuó solo. Los terroristas están organizados, y el grupo puede continuar después de la captura de un individuo. Eso los hace más aterradores que los delincuentes ordinarios.
Otra razón que explica nuestro mayor miedo al terrorismo es que, mientras que los delincuentes ordinarios prefieren la discreción, los terroristas anhelan la publicidad. El terrorismo eficiente siempre acapara los titulares. Es inesperado, y tiene una gran capacidad para generar conmoción. Como el buen teatro, el terrorismo siempre representa algún drama moral, y para infundir terror en la mentalidad pública, los terroristas tienen que actuar en público, sin culpas y sin remordimientos.
Pero tratemos de definir los ataques del 11 de septiembre de 2001 como terrorismo utilizando la fórmula siguiente: un ataque público, violento y organizado, por entidades privadas contra otros civiles, sin remordimientos, sin importar la justicia de la causa. Sigue habiendo problemas, porque hay ejemplos que van en contra de cada una de esas seis dimensiones.
A veces las víctimas son militares y los autores son Estados; a veces la causa parece justa, y a veces una persona con suficientes armas pero sin organización puede desencadenar el terror. Una conspiración para enviar cartas con antrax puede provocar terror individual. Algunos terroristas sienten culpa y remordimiento por sus actos.
Esos ejemplos no deben sorprender. Muchas definiciones se enfrentan a este problema. El gran filósofo del siglo XX, Ludwig Wittgenstein, propuso un enfoque diferente para las definiciones problemáticas: explicar los conceptos mediante una analogía con "parecidos familiares". Los miembros de una familia pueden compartir muchas características físicas, como la estatura, el color de la piel o del cabello. Cada uno puede compartir con otros miembros algunos de los rasgos comunes, pero no todos. Puede no haber una característica común, pero a todos se les identifica fácilmente como miembros de la misma familia.
Lo mismo se puede decir del terrorismo. Al menos seis características son relevantes, pero hay excepciones para cada una. Las definiciones complejas con excepciones incluidas pueden hacer que los abogados se sientan incómodos, pero en el mundo real, tal vez son lo mejor que podemos idear.
Project Syndicate
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