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Panamá, jueves 14 de julio de 2005
 

IGUALDAD.

Mírame, óyeme… ¡inclúyeme!

Estela E. Schwartz

El domingo 3 de julio de este año, fui con un grupo de atletas de Olimpiadas Especiales a ver la fábula, La bella y la bestia. Momentos realmente mágicos, fueron lo que vivimos todos, gracias a la bondad de mis amigos patrocinadores. Una experiencia llena de luz, música y fantasía. Un auténtico regalo a la imaginación de estos atletas especiales panameños, que les provocó asombro, sonrisas, diversión y mucha curiosidad. Después se les invitó a un refrigerio y allí es donde realmente comienza esta historia donde le decimos a la sociedad … míralos, óyelos, respétalos, ámalos como son… y porque existen ¡inclúyelos!

Cuando el bus de Olimpiadas Especiales trató de estacionarse en los estacionamientos de Albrook, un seguridad no se lo permitió, pues argumentaba que estaba prohibido camiones, buses y equipos pesados en el área. El individuo uniformado, no portaba gafete de identificación y parecía no ver que atrás del bus de Olimpiadas había dos camiones enormes estacionados, antes que llegáramos nosotros. Después de intentar hacerle entrar en razón y no lograrlo, nos movimos bajo la lluvia a otro lado fuera del estacionamiento. ¿Por qué no se entrena a estos empleados a ser más condescendientes con el público? ¿Por qué la regla es selectiva y descriminadora? ¿Dónde está la inclusión especial para casos especiales en los lugares públicos? ¿Por qué en lugares como los cines se les dificulta a las personas con necesidades especiales estacionarse, subir por un ascensor, sentarse cómodamente o ir a un baño amplio? ¿Dónde está la inclusión en estos casos? Si hubiera un incendio en uno de estos lugares públicos, ¿el personal está preparado para ayudar en una evacuación? ¡Por supuesto que no! Si ni en los hospitales, escuelas, ni hoteles, se hacen prácticas rutinarias de desalojo para salvar vidas en un momento de pánico. ¿Que están haciendo las autoridades para corregir estos errores garrafales de falta de prevención y de inclusión social? ¿En qué estamos pensando cuando hablamos de inclusión? Bueno, con la inclusión, yo me imaginaba algo más que una campaña publicitaria y una que otra escuela con rampas y la venta de la pulsera azul. Me imaginé campañas masivas de tolerancia, humanismo y comprensión presentadas en los medios de difusión, me imaginé concursos de oratoria del tema a nivel nacional en las escuelas, imaginé también premiaciones a los alumnos que se destacaran por su solidaridad y apoyo hacia sus compañeros con necesidades especiales en las escuelas. Yo me imaginé todos los lugares públicos con estacionamientos amplios, rampas, baños cómodos, sillas accesibles y atención preferencial para las personas especiales. Pero, si en la ciudad, no es así, peor es en el interior.

El jueves 5 de mayo 2005 recibí un correo electrónico de Jhonny desde la provincia del Darién. En mí, puso todas sus ilusiones. Me solicitó que escribiera la historia de los discapacitados del interior, en especial su historia. Jhonny González Navas, tiene 34 años y trece de estar en silla de ruedas, es parapléjico y vive en un rancho muy humilde con piso de tierra, sin agua potable, sin luz, donde no hay carreteras y el centro de salud mas cercano le queda como a dos horas. Para visitar a un médico los vecinos lo tienen que ayudar en una hamaca amarrada sobre un madero horizontal que se colocan en los hombros, cargándole hasta donde vean un carro que lo termine de transportar a su destino. Y ahí en medio de la montaña y la pobreza extrema de sus habitantes, me cuenta Jhonny que también existen madres que no pueden llevar a sus pequeños al médico, porque están en la selva y no hay recursos. Jhonny me dice que ha sufrido tres paros cardiacos, le ha dado bronconeumonía, neumonía y tiene una traqueotomía. Este ser humano, lucha por vivir cada día, motivado por el espíritu ancestral y guerrero de sus antepasados y además el amor por su hijo de trece años, sus padres y hermanos. ¿Dónde quedó la inclusión en los valles, montañas, ríos, islas y pueblos indígenas de nuestros país? ¿Cómo se le puede decir que hay inclusión a esos hijos de la pobreza que no conocen más que la desesperanza y el olvido cuando están implorando piedad y nadie les contesta?

Inclusión es un reto para todos aquellos que trabajan para hacerlo realidad, pero, por encima de eso, es un compromiso de amor por ese ser de luz que nos enseña cuan valiosa es la vida, esforzándose por vivirla aun con retos físicos y sicológicos inimaginables. ¿De qué manera se atiende a un niño con síndrome de down, o una niña epiléptica, o un jovencito autista, mudo o ciego en las escuelas de nuestro país? Se necesita mucho corazón y presupuesto para alcanzar la meta de incluir a miles de personas especiales, yo lo se. Como se que cada vez que los veo, escucho muy quedamente una triste oración de esperanza que dice … ¡mírame, óyeme, soy un ser humano… inclúyeme!

La autora es comunicadora social

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