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Panamá, jueves 14 de julio de 2005
 

TRAYECTORIA.

Ariz ,el obispo

Daniel Nelson

Hace 51 años Carlos María Ariz Bolea llegó a Panamá con muchos sueños tomado de la mano de San Antonio María Claret y de la protección y guía maternal del Sagrado Corazón de María.

Su enamoramiento por Panamá fue un caso de amor a primera vista que fue madurando con las cruces de la vida misionera -sacerdotal; las cruces administrativas-universitaria rectoral y su terquedad obsesiva obispal en la tarea colosal de organizar la nueva Diócesis Misionera de Colón - Kuna Yala. Su inteligencia de la fe, su ansiedad cotidiana por los sin voz y su pasión por los afro-panameños, campesinos e indígenas fue una hermosa historia de amor eclesial para el crecimiento del Pueblo de Dios en Panamá. En efecto, Panamá es para el obispo Ariz lo que La Habana Cuba fue para Hemingway. Ariz, conoció mejor que muchos mandatarios de este país nuestra geografía, nuestra forma de ser: estado de ánimo, aspiraciones, necesidades y pensamientos, en fin el alma panameña y su confianza ilimitada en ese pueblo, en las masas. Su testimonio de vida ha dejado tantas huellas digitales a su paso por los lugares menos pensados de la S acostada del Istmo panameño. Hombre de buenos sentimientos que esparció por donde pasó la luz de la fe, la generosidad, la solidaridad, el ecumenismo, el diálogo con los ateos, el amor social y la amistad y la ternura entre el pueblo creyente y no creyente. De igual modo, combatió el servilismo en todas sus formas, variantes y modalidades.

Lo que escribo no lo hago por simple agradecimiento-despedida, sino con la convicción de quien compartió con Ariz caminar largos periodos, mares, lodo, caballos, cayucos, reuniones, talleres de formación como laico comprometido con mi Iglesia y becario de la USMA.

Amado por muchos por su imperativo moral de luchar a favor de los derechos de los pobres; odiado por otros por no guardar silencio ante lo que consideraba una injusticia, sin importar el lugar de donde venga; calumniado por su opción preferencial por los pobres y por su crítica al capitalismo como sistema excluyente, inmoral y antireino de Dios. Respetado por todos por su amor a Jesús, a María y a la Iglesia, pero también terriblemente deprimido y escondido de sí mismo por la ausencia de martirológio claretiano en la vida histórica de la Iglesia panameña.

Confieso que me sedujo su enfoque social, la finura de su hablar cervantino, las peripecias de sus compromisos como obispo, su dosis de saber literario en sus narraciones teológicas que lo hacía un brillante artesano de la vida humana y de la tensión interior donde dejaba a Dios ser Dios y al hombre entender su circunstancias.

La Diócesis de Colón - Kuna Yala le prepara el próximo 28 de julio un gran homenaje al obispo Ariz como expresión de gratitud por su entrega pastoral al servicio del Pueblo de Dios. Lo cierto es que monseñor nunca se irá porque sembró valores universales que no deben perderse en Panamá. Representa una visión muy panameña de la religiosidad; un símbolo de nuestra identidad cultural. La vigencia de su pensamiento y de su testimonio apostólico y evangélico son perdurables. El legado de Ariz es y será motivo de constante consulta; lugar obligado para que nuestra juventud frecuente su pensamiento. Es una prioridad para la Iglesia católica colonense .

Ariz, el obispo: un hombre que vació su existencia como evangelio vivo en la paciente impaciencia de anunciar el Reino de Dios en las "duras y las maduras", que nunca tuvo miedo a los retos y desafíos de las nuevas realidades políticas, sociales y eclesiales y que logró testimoniar como pocos la lúcida locura del oficio más incomprendido del mundo: ser obispo.

El autor es profesor

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