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SEGUNDA ENTREGA.
LA VIDA EN EL INTERNADO Y LAS VOCES DE LOS ALUMNOS ACUSADORES.
A espaldas del Nazareno
Cómo eran las noches en el Instituto Agropecuario Jesús
Nazareno y la historia oculta de la donación holandesa.
Las respuestas del padre González y las acusaciones
en detalle. El rol de la Iglesia en el escándalo.
| LA
PRENSA/Víctor Arosemena |
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| Cristo. El interior de la capilla que cada
año congrega a miles de panameños.531495 |
Guido Bilbao
gbilbao@prensa.com
Era de madrugada. Algunos de los más de 60 alumnos que
pasan la noche en el pabellón dormitorio del segundo piso del Instituto
Agropecuario Jesús Nazareno en Atalaya se despertaron exaltados. Un compañero
no paraba de llorar. De inmediato organizaron una pequeña reunión.
En la intimidad del internado, el cerco de silencio comenzó a resquebrajarse.
Como esas capas de hielo que tardan años en ceder, pero que, al desprenderse
del glaciar, generan un estruendo feroz.
¿Qué pasó esa noche en el internado? Ninguno
de los alumnos consultados por La Prensa aceptó narrar lo sucedido.
"Pero después de eso, dijimos basta", explica uno de ellos, partícipe
de la reunión.
A un puñado de escalones de donde dormía el sacerdote
Roberto González, los alumnos decidieron pasar a la acción. No buscaban
castigar a nadie. No buscaban denuncias públicas: solo que los masajes
terminasen.
El principio del fin
A los pocos días le pidieron una reunión a la profesora
Fidelina González Visuetti. Sólo le dijeron que el padre González
los llamaba por las noches y los llevaba arriba. Y no querían subir más.
En los pasillos del instituto se respiraba un clima pesado. Los
rumores intrigantes, aunque parezca extraño, todavía no tenían
relación con los supuestos acosos. Otros problemas ocupaban a las autoridades.
Hacía unos meses, en septiembre de 2001, una intoxicación masiva
detonó todos los conflictos internos del centro: 160 alumnos sufrieron
severos dolores de estómago tras consumir la comida preparada en el instituto.
El Ministerio de Salud clausuró temporalmente la cocina del Jesús
Nazareno. El escándalo gastronómico llegó a los diarios y,
a partir de ese hecho, el colegio jamás dejó de ser materia de artículos
periodísticos.
El cura Roberto González, con grandes contactos en Holanda
–de donde proviene la orden de los Cruzados de San Juan que administra
el instituto– salió a pedir ayuda. Consiguió llamar la atención
de un hombre conocido en todo el mundo: Bert Twaalfhoven, un holandés considerado
un gurú mundial de los emprendedores, millonario y gran colaborador del
liceo. Twaalfhoven fue muy generoso: donó 125 mil dólares para construir
una cocina de primer nivel, que hoy es el orgullo del instituto.
Todo se complicó cuando Twaalfhoven le pidió al
padre González las facturas que comprobaran de qué manera se había
gastado su dinero. El padre presionó a los administradores. Las cuentas
no cuadraban. El empresario holandés envió a una secretaria para
averiguar qué había pasado y con el tiempo hasta llegó a
contratar a la empresa Greco International, con sede en Calle 50, para que hiciera
una auditoría.
"Él jamás ha querido revelar el contenido
de ese estudio, pero sí ha dicho que su dinero fue manejado en forma desastrosa",
explica Yolanda Costa, intérprete del empresario holandés cuando
este visitó Atalaya.
LOS CAMINOS
DE LA ACUSACIÓN |
. 11 DE MAYO DEL
2002: Oscar Brown, obispo de Veraguas, recibió
una carta
de la madre de un alumno que hablaba de abusos en
Atalaya.
. 21 DE MAYO DEL 2002: Comienza
la investigación judicial luego de un llamado anónimo. |
Hoy, las personas que administraron la donación están fuera del
instituto mientras el padre González es enjuiciado por acoso sexual.
"Para muchas personas al padre lo denunciaron por querer
aclarar las cuentas. Pero a mí, eso me tiene sin cuidado", explica
Alex González, el abogado que defiende al religioso acusado. "Lo que
yo quiero es demostrar que todo es falso. Si no creyera en la inocencia de este
hombre no lo defendería. Pero la verdad es que no hay elementos para la
condena", asegura el abogado.
El silencio
Cuando la profesora González Visuetti le contó
al padre Johan Shmichuisen, director del colegio, lo que le habían dicho
los alumnos, la actitud natural del cura fue la de barrer hacia adentro: envió
al padre González a Colombia para que tomara un curso de pastoral mientras
él aclaraba los rumores.
El 11 de mayo de 2002, Oscar Brown, obispo de Veraguas, recibió
una carta que denunciaba los hechos. Martha Lagrotta, madre de un alumno del instituto,
le escribió para transmitirle lo que le había contado su hijo: que
un padre llevaba alumnos a su cuarto por las noches para que le hiciesen masajes.
Lagrotta, incluso, puso a su hijo ante monseñor para este escuchara con
sus propios oídos lo que el joven había visto. Todo esto sucedía
antes, incluso, de que el tema llegara a la justicia, cosa que sucedió
dos semanas después.
En medio de las discusiones en la cúpula del Agropecuario
por el destino de la donación, una llamada anónima al Juzgado de
Niñez y Adolescencia de Santiago puso la maquinaria judicial a trabajar:
denunció que en el instituto había un padre que abusaba sexualmente
de los alumnos.
Una jueza comenzó sus pesquisas en mayo de 2002. El 3
de junio le tomó declaración a cinco alumnos del Instituto Nazareno.
Todos coincidieron.
El primero dijo, bajo juramento, que el padre González
lo llamaba a él y a sus compañeros para que le fueran a hacer masajes
por las noches. Que cuando iba él, el religioso le tocaba los pechos y
a veces los genitales. El mismo día, otro alumno declaró que el
cura González lo acosaba. "Me pedía masajes en la espalda y
las piernas. Una noche me dijo que los masajes me los iba a dar él a mí
y entonces me masajeó la espalda y también las piernas. Luego me
pidió que me quitara los pantalones y que yo le diera masajes a él.
Que también se quedó en calzoncillos".
"Estos jóvenes han quedado estigmatizados. Tuvieron
problemas familiares, sociales, su vida sufrió las consecuencias de lo
que les pasó", denuncia Carlos Fuentes, abogado defensor de dos de
los tres acusadores, que pide 65 mil dólares más costas legales
como reparación por lo sucedido.
Aunque la causa penal aún espera sentencia, en el Juzgado
de Menores decidieron inhabilitar al padre González de por vida para trabajar
con menores. "Yo jamás negué que les pedía que me hicieran
masajes por un problema que tengo en la espalda. Pero soy inocente de lo que se
me acusa y siempre dí la cara", explica el propio padre González
por teléfono. "Yo confío en la justicia divina y Dios va a
hacer justicia. Lo que quiero decirle es que me enorgullece ver cómo la
gente de Atalaya defiende a su pastor", explica el hombre, quien luego del
escándalo fue trasladado a trabajar en El Valle de Cañazas, una
lejana comunidad que vive en la extrema pobreza.
Atalaya cuenta las horas esperando el veredicto que le devuelva
la calma perdida. Pase lo que pase, eso será difícil. Son muchas
las cicatrices que se abrieron a raíz del escándalo en el instituto,
que se levanta silencioso, a espaldas del Nazareno.
LA VOZ DEL ACUSADO
Para muchas personas fue la intención del padre por aclarar
las cuentas alrededor de una donación lo que motivó a sus detractores
a denunciarlo. Pero a mí eso me tiene sin cuidado. Lo que yo quiero es
demostrar que las acusaciones son falsas. Si no creyera en la inocencia de este
hombre no lo defendería. Pero yo debo decir la verdad y la verdad es que
en la causa no hay elementos para la condena.
Alex González
Abogado defensor
Yo jamás negué que les pedía a los alumnos
que me hicieran masajes por un problema que tengo en la espalda. Pero soy inocente
de lo que se me acusa y siempre respondí ante los requerimientos judiciales.
No tengo nada que esconder. Yo confío en la justicia divina y Dios va a
hacer justicia. Lo que me gustaría decir es que estoy orgulloso de ver
cómo la gente de Atalaya defiende a su pastor.
Roberto González
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