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Lecciones de una crisis
Jose Blandón Figueroa
La coyuntura crítica que atraviesa todavía el país a raíz de la imposición de una nueva Ley Orgánica del Seguro Social debe traer como consecuencia positiva que los distintos actores políticos aprendamos algunas lecciones. Si todo lo que ha sucedido hasta ahora, no sirve para evitar que se repitan los mismos errores, entonces no podemos más que esperar que los próximos meses sean igualmente azarosos y perjudiciales para la salud de nuestra economía.
La primera lección que debe asimilar el Gobierno es que ha fracasado su estilo de "debatir" los temas más importantes de su agenda económica. Me refiero a esa metodología de conservar la propuesta en secreto hasta el último momento, recurrir a un discurso presidencial lleno de descripciones vagas e incompletas de la propuesta, llevar adelante un debate acelerado en la Asamblea y aprobar la propuesta haciendo uso de la aplanadora oficial sin siquiera hacer el intento de construir consensos con los partidos políticos de oposición y el resto de la sociedad. Si en otro tema importante de la agenda nacional, como lo es el debate sobre la ampliación del Canal, el Gobierno pretende utilizar la misma metodología, lamentablemente estaría condenando al fracaso dicha iniciativa, pues recibiría un rechazo rotundo en un eventual referéndum.
En otras palabras, cuando llegue el momento de debatir la ampliación, el Gobierno debe dar a conocer su propuesta de antemano y poner todas las cartas sobre la mesa. Eso significa permitir acceso libre y sin cortapisas a toda la documentación que permita realizar un análisis responsable de las distintas alternativas y de las ventajas y desventajas de la propuesta escogida. Eso significa que la Asamblea Nacional se permita el tiempo necesario para escuchar todas las posiciones, para evaluar con detenimiento todos los aspectos de la propuesta y de sus implicaciones para el país y para tomar una decisión con el mayor respaldo posible.
Una segunda lección que debemos aprender todos los políticos por igual es que el arte de gobernar en el mundo de hoy es el arte de construir consensos día tras día, tema por tema. En una democracia participativa, el votante no le da un cheque en blanco a quien resulta electo con el voto mayoritario. No es cierto que porque el 47% de los votantes le dieron su apoyo al presidente Torrijos en las elecciones pasadas, ello quiera decir que él está legitimado para hacer lo que le venga en gana durante los cinco años de su gobierno. El Presidente, el actual y los que vengan después de él, debe entender que los ciudadanos exigen participar en la toma de las decisiones que les afectan y exigen igualmente que el rendimiento de cuentas de los funcionarios electos sea continuo y no cada cinco años, de elección en elección.
Otra enseñanza importante que sería de gran utilidad al señor Presidente es aprender que en la humildad de escuchar los argumentos del contrario reside una de las grandes virtudes de los estadistas. En estos nueve meses de Gobierno, el Presidente y su entorno han despreciado casi todas las propuestas que hemos hecho diputados y partidos de oposición, sin tomar en cuenta sus méritos o defectos, sino por razón de quién hace la propuesta. En el caso de la crisis actual del Seguro Social, ante la intransigencia de quienes exigían la derogación de la Ley 17 y la intransigencia de quienes planteaban que había que pasar la página (clavo pasado), diputados panameñistas y del MOLIRENA presentamos una propuesta intermedia, la suspensión temporal de los efectos de la Ley 17 por el tiempo que durase un diálogo entre las partes interesadas. Esa propuesta fue presentada el 6 de junio ante el pleno de la Asamblea. Tomó cerca de veinte días de huelgas, protestas callejeras, arrestos masivos y de cuantiosas pérdidas económicas, para que el Presidente accediera a darse cuenta que ésa era una alternativa que permitía al país salir del impasse causado por su imposición y su intransigencia. Pero aún entonces, opta por presentar "su" propia propuesta y por ignorar la posibilidad de tender un puente con la dirigencia de los partidos políticos de oposición, trabajando en una propuesta que sea de todos y no de un partido en particular.
He allí una importante lección: no importa qué tanto poder concentres, en una democracia la gobernabilidad depende de la capacidad que tengas de construir alianzas que otorguen aceptación ciudadana y por ende, legitimidad a las propuestas que el Gobierno se proponga llevar adelante. Por ello, señor Presidente, el método es tan importante como el fondo. Cuando el método es equivocado, el resultado se corrompe y resulta también negativo. En una democracia, el fin no justifica los medios, más bien los medios condicionan el fin que se alcanza. Ténganlo muy en cuenta para la próxima vez.
El autor es diputado panameñista
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