Para cometer un atentado solo hace falta un elemento: locura. Todo lo demás es relativamente fácil.
El pánico y la muerte volvieron a ser noticia ayer y lo seguirán siendo. Londres fue el centro del terror, y el mundo el espejo del miedo. Aunque esté lejos de Panamá es importante entender la gravedad de los hechos que, más que el efecto de una guerra contra Occidente, son el síntoma de una situación internacional enfermiza. No se trata ahora de lanzar una Cruzada o de iniciar otra guerra contra algún país de Oriente.
Los terroristas no tienen patria. Frente a la locura, cordura. Frente al terror, la unidad de un mundo que no se puede permitir el lujo de autodestruirse. |