La Prensa
  Portada | Clasificados | Foros | Ediciones anteriores | Archivo | Contáctenos
  EL IMPRESO  
Hoy por hoy  
 
   
  Opinión  
  Perspectiva  
  Deportes  
  Mundo  
  Economía y Negocios  
  Vivir +  
  Reseña  
  Sociales  
  Horóscopo  
     
  SUPLEMENTOS  
  Ellas Virtual  
  Martes Financiero  
  Aprendo Web  
  Reseña Empresarial  
Pulso de la Nación
  SERVICIOS  
Titulares por
e-mail
Columnistas
Guía del sitio
Tarifas
¿Quiénes somos?
Contáctenos
  TIEMPO LIBRE  
Turismo
De interés
Cine
De noche
PÁGINA DEL
LECTOR
 
Panamá, viernes 1 de julio de 2005
 

lecturas.

Acerca de la estética del idioma

Juan C. Ansín
drjcal@psi.net.pa

Acaba de finalizar el tercer congreso de la lengua española con la presencia de lo más granado de las letras castellanas. Esa lengua que hoy nos identifica y discrimina. Este es colombiano por la forma de arrastrar las eses y por la hipérbole respetuosa, ese es panameño por sus eses aspiradas y lo amortiguado de las consonantes fricativas, aquel es argentino por su énfasis italiano y su yeísmo típico y aquel otro es mexicano por su tonada silábica final y lo florido del mestizo repertorio. Esto ocurre con la lengua hablada. En la forma escrita el fenómeno se diluye un poco pero de todas maneras podemos descifrar, con algo de empeño y mucho de atención, la patria de origen o de influencia cultural por el modo en que nos expresamos.

Hay quien propone que se debiera escribir tal cual hablamos. Creo que es tarea imposible. Porque entonces debiéramos hacerlo sobre un pentagrama. Y por otra parte, la escritura tiene el enorme beneficio de su lentitud. Ello permite una reflexión menos impulsiva, una consideración más sosegada y profunda. Una de las recomendaciones primarias que se hace en los talleres de periodismo es la de evitar escribir bajo el influjo de las emociones. Un acierto benévolo, excepto cuando se trata de poesía y con todo, su relectura, sostenida desde la apacible penumbra del silencio, revela muchas de las faltas o de las asperezas estéticas que se cometen cuando todavía no se ha desbrozado el verso como el viñatero hace con el orujo del vino.

Es que la escritura no sólo implica comprensión o información. Fuera de este loable fin utilitario, tan necesario en los ensayos como en la gramática y el claustro, la palabra escrita evoca un arte, una forma de esculpir los pensamientos con la manualidad de aquella voz interior que se lee y al mismo tiempo nos lee desde esa inmediata eternidad que va de la pupila a la memoria, al rincón de los arpegios.

La estética de la literatura es, debiera ser, primariamente comprensiva. La palabra debe no sólo decir lo que queremos decir con la mayor precisión posible sino decirlo con el metro, tono y compás de la música vestida toda ella con la sencilla belleza del percal. Dice Octavio Paz aún vivo en sus magníficos escritos que en ocasiones pasaba semanas buscando la palabra perfecta, que encajara en la frase como si esta fuera la última ficha de un rompecabezas interminable. La idea solo se hace realidad cuando se viste de palabra, de otra forma continuará, desnuda y fría, siendo prisionera de un destino solitario y mudo.

Una editorial española publicó recientemente una antología -para mi gusto, demasiado breve de las mil mejores poesías españolas y adjuntaba un disco compacto donde algunos poetas declamaban o leían sus propios poemas. ¡Qué desilusión! Neruda desgranaba su poema 20 como un alumno lo hace frente a sus compañeros, titubeante y asustado, presto a concluir la empresa lo más rápido posible. Alberti terminaba por hundir, con sus palabras escandidas, a su marinero en tierra y Unamuno, con el característico tono alto de los montañeses, se abría paso entre la espesa neblina de una fría retórica.

Quizá hayamos olvidado que la literatura escrita ha derrotado -otra victoria pírrica más a la literatura oral, debido, tal vez, a la elocuencia de su silencio. He allí el centro de su estética. La literatura japonesa recibió una gran influencia a través de la filosofía budista. Borges afirmaba que el budismo no era una religión sino una filosofía con un modo artístico de vivirla. El hayku, un poema corto de tres versos, es en el fondo la percepción del silencio que se esconde detrás de las palabras y que al pronunciarlas lo devela claramente. Por lo menos es lo que yo he pretendido en este: "Luna de plata / alumbra en la noche/ boca de sombra". También puede abarcar, desde el mutismo del misterio de otra lengua, una historia condensada, como lo revela Wu Ying Zi en Historia del bosque de los letrados, poetas chinos del siglo XVIII "…Corra pues el vino turbio / y hasta el olvido te embriague / que nadie sabe el destino / de la mustia flor errante / abatida sobre el río / prisionera de su cauce".

No hay en la estética de la lengua, otro goce que no sea la belleza engarzada en palabras. Unos la refieren comparativamente como una alegoría de la música y es quizá lo que más se le aproxima. Modestamente yo la concibo además como una arquitectura, una construcción adecuada al paisaje circundante, al carácter de sus habitantes, al gusto y habilidad del arquitecto y a la impronta del azar, con su juego inefable de luces y sombras… y a la magia del color. También es parte de la escultura, donde la arcilla de las veintinueve letras y la mano que la moldea es la misma que la escribe. A tal punto se sucumbe ante ella que se termina siendo su esclavo. Borges lo confiesa así: "…Mi servidumbre es la palabra impura/ vástago de un concepto y un sonido; / ni símbolo, ni espejo, ni gemido / tuyo es el río que huye y que perdura." A pesar de todo lo dicho anteriormente, creo que el milagro de la literatura no está en la estética, está en ese mismo río que surca el espacio entre un bosque de la China y un barrio de Buenos Aires con la vana sutileza intrascendente de tres siglos de distancia.

El autor es médico

Además en opinión

Apuntes para un diálogo: Olmedo Beluche
El déficit ético y la ‘delitocracia’: I.Roberto Eisenmann, Jr.
El autismo martiniano y perrediano: Jorge Luis Macías Fonseca
Acerca de la estética del idioma: Juan C. Ansín
‘¡Ni un paso atrás!’: Kevin Harrington



 
 
 
 
  TURISMO
 
 
  RECETARIO
Recetario  
 
    BUSCADOR  
Google
Web
prensa.com
 
 
© 2005. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
Corporación La Prensa: (507)222-1222 | prensa.com: 323-7292 / 323-7338
Apartado 6-4586 El Dorado Ave. 12 de octubre, Hato Pintado Panamá, República de Panamá