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¿Negociado en el Tránsito?
Álvaro E. Batista
alvaro@batistalegal.com
La conciencia ciudadana ha dado un plazo fatal al odioso y repudiado sistema de buses "diablos rojos". Entre las posibles soluciones que el Gobierno ha presentado, dos de ellas tuvieron mayor rigor en determinado momento: los buses articulados y el tren ligero. La posición actual del Gobierno indica que prevalece una mayor inclinación por el sistema de los buses articulados
Entre los principales argumentos emitidos por el Gobierno para favorecer esta opción, se incluye el hecho de que el sistema de buses articulados ha dado buenos resultados en ciudades congestionadas como Bogotá. Igualmente, se plantea que la inversión inicial es menor para los buses articulados en contraposición con el tren ligero.
Un tren ligero es un paso significativo en cuanto al desarrollo tecnológico y la modernización del país. Un avance considerable tomando en cuenta que nuestro transporte se encuentra a la cola del atraso en el continente. Ciudades realmente sobrepobladas del mundo, han visto una solución real y eficaz en sistemas similares al tren ligero.
El capital inicial quizá sea mayor en el tren ligero, pero este coste es fácilmente mitigado por los gastos de mantenimiento inferiores en el tren ligero. La experiencia colombiana demuestra que los gastos de buses articulados son altísimos. Aunado a lo anterior, los elevados precios de los hidrocarburos y el efecto contaminante, hacen esta opción menos rentable. Mientras que el tren ligero es impulsado por electricidad, lo que repercute en un efecto contaminante mínimo, haciéndola una opción más interesante para el capital privado y por su consonancia con las normas internacionales que se adhieren al Protocolo de Kyoto sobre el desarrollo autosostenible y la transmisión de tecnología.
El tren ligero plantea una solución permanente, o por lo menos a los próximos 50 años. Los buses articulados únicamente resolverían el tráfico vehicular a cinco años, o diez como máximo. La ciudad capital sigue expandiéndose y la tendencia sugiere un aumento. En conclusión, los buses articulados serían una solución cosmética; sería cambiar buses por buses.
Llama la atención que el actual director del Tránsito, posiblemente el panameño con mayor experiencia y vínculos en el tema de transporte, se incline tan fervientemente por la opción de los buses articulados. ¿Cuál es el interés del señor Harris en imponer esta alternativa?
El grupo que representa los inversionistas colombianos, amos del transporte en la ciudad de Bogotá, tiene intereses importantes de por medio. Ellos estarían dispuestos a ceder todo tipo de concesiones. Situación con la cual el consorcio internacional que promueve el tren ligero no tendría mayor interés de participar. No olvidemos los escandalosos procesos de privatización, y las concesiones de los corredores y los puertos. En este tema, el gobierno PRD no tiene par.
Panamá tiene una oportunidad de oro para modernizar su sistema de trasporte público. Sería lamentable que la decisión fuese impuesta por el gobierno de turno, únicamente para proteger intereses personales, en detrimento de todo el país.
El desastroso transporte público que imperó en los últimos cuarenta años es una herencia del gobierno militar, el "general del pueblo" quiso proveer a "cada campesino con su machete". Resultando en una política de expropiación sistemática del trasporte público a empresas serias, para ser entregado a los grupitos que hoy lo administran de manera tan irresponsable, teniendo como única credencial la afinidad con el dictador. Por trivialidades del destino, será esa misma descendencia la que nos vuelva a legar por los próximos cincuenta años otro "maravilloso" sistema de transporte público.
El autor es abogado
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