| HOMENAJE. CUANDO EL AMOR IMPLICA GARRA Y SACRIFICIOS.
‘Papá, papá, dame agua’
Juan Contreras tiene un hijo de siete años al que le diagnosticaron sordera profunda a los 18 meses.
Boris Gómez
panorama@prensa.com
| ESPECIAL PARA LA PRENSA/Boris Gómez |
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| HORA DEL CUENTO. Juan aparta unos minutos del día para contar historias a sus hijos Nicole (izq), Juancho y Milagros (der).523054 |
Las palabras que más disfruta escuchar Juan Contreras son las de su hijo pidiéndole un poco de agua.
Contreras es un veterano futbolista, al que nunca se le conoció por tener demasiado talento, pero sí por entregar todo lo que tenía en la cancha.
Esa misma garra en el juego la ha tenido que aplicar en una cancha larga y distinta: la de ser padre de un niño con discapacidad.
Su hijo mayor, al que de cariño llama Juancho (ambos tienen el mismo nombre), es un pequeño de siete años al que la meningitis le dejó secuelas de sordera profunda.
A los 18 meses le dignosticaron la condición y de inmediato empezó a buscar tratamiento. Buscó asesoría, bajó y subió escaleras en las oficinas de la Caja de Seguro Social (CSS), en las del Instituto Panameño de Habilitación Especial (IPHE) o donde fuera necesario.
Le informaron que su hijo necesitaba un implante que desempeñaría la función de llevar las ondas sonoras al cerebro.
DECISIÓN DIFÍCIL
Pensó vender su finca, pero el costo de la operación y del equipo era de 16 mil dólares. Largas fueron las horas que invirtió Juan y su esposa Fany en solicitar a la CSS la aprobación de los fondos para la cirugía.
"Mi madre llegó a pensar en vender su pequeña finca y yo no soportaba pensar que mi hijo se quedaría sin una solución", confesó.
Luego vino en 1999 el cambio de gobierno y como no era arnulfista sintió la clásica presión. Le llegó a pedir a sus superiores que le permitieran seguir trabajando hasta que el niño estuviera operado. "Después bótenme si así lo quieren", les dijo.
Un día le llegó la carta de despido y tuvo que ir a la capital a pedir una reconsideración, la cual se le concedió por gestiones de la Red de Padres de Niños Discapacitados de Chiriquí (REPAPEDICHI). Ahora es dirigente de esta organización.
Hace cuatro años, el pequeño Juancho fue operado. El implante tiene una conexión con un pequeño equipo computarizado que es como una caja de resonancia, al que deben dar mantenimiento cada dos años.
Mientras estos años pasaban, a la familia Contreras le llegaban nuevas alegrías. Milagros, ahora de cinco años, nació; seguido llegó Nicole, hoy de tres. "Con ellas también hay que estar a tiempo completo", afirma Juan.
A esta familia se le ha hecho una rutina practicar la terapia y se esfuerzan para que el niño viva en un mundo sonoro.
"Si nos pide agua, no le contestamos hasta que lo haga diciendo: ‘Por favor dame agua’, para que entienda que es necesario construir frases, ya que él no es mudo y puede llegar a hablar fluidamente", explica.
En lo económico seguimos haciendo esfuerzos para mantener el costo de los equipos, explicó.
Cada tres meses se cambian los cables del aparato que cuestan 45 dólares y el equipo electrónico se debe asegurar cada dos años por 600 dólares, pues si se daña costaría 5 mil. Además, deben llevar al niño dos veces al año a Chitré.
El ya veterano defensa central asegura que todos esos esfuerzos bien valen por oír que su hijo construye frases, lee en voz alta y aumenta cada día su vocabulario.
"Hay una gran cantidad de niños que necesita el implante, sus padres no tienen recursos ni seguro social y todos se lo merecen", dijo en tono de denuncia Contreras.
Al hablar de los hobbies de su hijo dice que no puede jugar al fútbol por el implante, pero sí practica el béisbol, porque utiliza un casco protector. Hasta usa los aparatos electrónicos para oír las instrucciones del entrenador.
AGENDA PESADA
Contreras señala que los padres de niños especiales tienen una agenda un poco más cargada que la de los demás. En Chiriquí sólo hay dos niños con implantes para la audición, por lo que en las escuelas los otros estudiantes no entienden algunas cosas.
Hay niños que piensan que Juancho lleva un radio portátil o un walkman y hasta se lo pedían prestado y "por eso tuvimos que ir al inicio del año escolar a la Escuela República de Francia a dar una explicación", tanto a los alumnos como a los maestros.
Le he hablado a cada niño, dice Contreras, quien hasta ahora no ha percibido algún tipo de exclusión con su hijo, más bien siente que lo tratan como a uno más.
Aunque el niño a veces se cansaba en los partidos, no quería que lo sacaran del juego. La suerte del pequeño Juancho es que por guía tiene un hombre que es mejor padre que futbolista, que está dispuesto a entregarle su corazón.
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